Diego García Paredes: El mejor soldado español de todos los tiempos

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Diego García de Paredes y Torres nació en Trujillo el 30 de Marzo de 1468. Conocido como el Sansón de Extremadura o el Hércules de España, fue un militar español célebre por su fuerza física. Ya de adolescente había alcanzado la estatura de un gigante, medía más de 2 metros y pesaba 120 kilos. Además de su estatura, estaba dotado de una extraordinaria fuerza física y una gran agilidad. Hasta el mismísimo Cervantes lo cita: “Diego García de Paredes fue un valentísimo soldado y de tantas fuerzas naturales (…) que puesto con un montante (espada) en la entrada de un puente detuvo a todo un innumerable ejército que no pasase por ella”.  

 Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre su participación en la reconquista del reino de Granada, pero sí están seguros de que en 1496 y tras la muerte de su madre, partió hacia Italia para enrolarse allí como soldado de fortuna. Diego desembarcó en Nápoles, acompañado de su medio hermano por vía paterna, Álvaro de Paredes. Sin embargo, la guerra por el reino napolitano entre españoles y franceses había cesado recientemente, y ante la falta de jornal para subsistir, ambos hermanos viajaron a Roma para servir al Papa. 

https://eldistrito.es/el-gran-capitan-el-genio-espanol-que-cambio-el-arte-de-la-guerra/
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  El Papa Alejandro VI observaba a los españoles que estaban a su servicio practicar el juego de lanzar la barra, uno de los deportes de la época, cuando una comitiva papal de italianos recelosos provocó una disputa. Diego García, ayudado sólo de seis camaradas y armado solamente con la pesada barra de hierro, destrozó a todos sus rivales, que habían echado todos mano de las espadas, «matando cinco, hiriendo a diez, y dejando a los demás fuera de combate. Alejandro VI, contrató a García y a los suyos para su guardia personal. Esta etapa terminó en cuanto Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, reclamó su ayuda. Diego García de Paredes era un devoto seguidor del Gran Capitán. A su servicio participó en numerosas batallas, en las que destacó por su valor en la lucha cuerpo a cuerpo. 

  En el asedio de Cefalonia, ciudad que había sido arrebatada por los turcos a la República de Venecia. Setecientos jenízaros defendían aquella fortaleza situada sobre una roca de áspera y difícil subida. Españoles y venecianos sufrieron cerca de dos meses todo género de penalidades en aquel sitio sin poder rendirla. Los turcos tenían entre sus armas ofensivas una máquina provista de garfios que los españoles llamaban «lobos», con los cuales aferraban a los soldados por la armadura y levantándolos en alto los estrellaban dejándolos caer, o bien, los atraían hacia la muralla para matarlos o hacerlos prisioneros. 

  Diego García, fue atrapado por los garfios, y lo subieron encima de la muralla. Conservando espada y rodela, puso pie sobre las almenas, y una vez abierto el artefacto quedó en libertad de acción, con una violencia desenfrenada empezó a matar a los turcos que se acercaban para derribarle, y ni la partida encargada de dar muerte a los prisioneros ni los refuerzos que llegaron pudieron rendirle; refuerzos y más refuerzos vinieron contra él, estrellándose ante su fuerza. Resistió heroicamente en el interior de la fortaleza, solo le pudieron capturar después de tres días cuando la fatiga y el hambre acabó con sus fuerzas. Ante semejante muestra de coraje los turcos respetaron su vida y le tomaron prisionero esperando obtener por su rescate mejores condiciones en caso de rendir Cefalonia. Restablecidas sus fuerzas, Diego esperó hasta que se inició el asalto final por parte de sus compañeros, momento que aprovechó para escapar de su prisión, echó abajo las puertas del calabozo y acabó con los centinelas. Colaboró en el ataque de los españoles hasta que se tomó la fortaleza. Fue aquí, en las murallas de Cefalonia, donde comenzó realmente la leyenda de Diego García de Paredes, siendo conocido a partir de ese momento entre los soldados españoles como El Sansón de Extremadura, y por aliados y enemigos como El Hércules y Sansón de España. 

 El Sansón español se cubrió de gloria en los campos de Italia. Cegado por un arrebato de locura, se dirigió con un montante a la entrada del puente del río Garellano, desafiando a un destacamento del ejército francés. Blandiendo con rapidez y furia el descomunal acero, se abalanzó en solitario sobre sus enemigos y comenzó una espantosa matanza entre los franceses, que solamente podían acometerle mano a mano por la estrechez del paso, ahora repleto de cadáveres. Acudieron algunos refuerzos españoles a sostenerle en aquel empeño irracional y se entabló una sangrienta escaramuza. Ante la aplastante inferioridad numérica y el fuego de la artillería enemiga, los españoles se vieron obligados a retirarse, siendo el último Paredes. Quinientos enemigos, cayeron a manos de su montante o huyendo de él, saltando del puente al río. 

 Finalizada la guerra en Italia hacia 1504, Nápoles pasó a la Corona de España. Entonces, el Gran Capitán comenzó su gobierno del reino napolitano como virrey con muy amplios poderes. En agradecimiento a sus servicios, Fernández de Córdoba nombró a Diego García de Paredes, marqués de Colonnetta. Pero cuando las cosas se pusieron feas y Fernando González de Córdoba cayó en desgracia, la defensa que hizo el antiguo soldado de su amado jefe le costaría la pérdida del marquesado. El soldado extremeño se dedicó al corso o a la piratería en el Mediterráneo, dependiendo de las ofertas que recibiera, haría su agosto contra sus presas favoritas, los barcos berberiscos y franceses.

   En 1508 recuperó el favor real. Paredes tomó parte en la Cruzada de Cisneros en tierras africanas, participando en 1509 en el asedio de Orán. De regreso a Italia, la fama de Paredes no podía pasar desapercibida e ingresó en las fuerzas Imperiales de Maximiliano I como Maestre de Campo de la infantería española. En 1510 marchó de nuevo a África con el ejército español y participó bajo las órdenes de Pedro Navarro en los asedios de Bugía y Trípoli, además de lograr el vasallaje a la Corona de Argel y Túnez. Regresó a Italia, incorporándose nuevamente al ejército del Emperador, y defendió heroicamente Verona, desahuciada por las fuerzas Imperiales.

   El Sansón de España era ya una leyenda viva en toda Europa y fue nombrado Coronel de la Liga Santa al servicio del Papa Julio II. Fue capturado en una multitudinaria emboscada en la que recibió tres heridas de arcabuz, pero al ser conducido por un puente, García se arrojó al agua con los cuatro caballeros que eran necesarios para asirle, ahogándose ellos y escapando él a nado, y pudo recorrer a pie las seis millas que le separaban del campamento aliado. 

   En el invierno de 1520 peregrinó a Santiago de Compostela en la escolta del Emperador Carlos V, permaneció en Trujillo durante la Guerra de las Comunidades y a mediados de 1521 se incorporó al ejército de España en la Guerra de Navarra. De 1526 hasta 1529, viajó por toda Europa en el séquito Imperial de Carlos V, gran admirador del legendario guerrero, quien le nombró Caballero de la Espuela Dorada.

   Diego García de Paredes murió en 1533 (tras regresar con Carlos V de derrotar a los turcos en el Danubio) a causa de las heridas recibidas en un accidente sufrido cuando, subido a un caballo, participaba en un inocente juego infantil. Jugaba con los niños a tirar una lanza contra una diana improvisada. Tropezó contra un cordel anudado entre dos alcornoques, que le segó la garganta. Lo que no habían conseguido las crueles guerras ni la violencia de los adultos, lo consiguió un elemental juego infantil: la muerte de un gigante. 

   La memoria de sus proezas ha perdurado a lo largo de los siglos. Por eso, muchos siguen considerando hoy a Diego García de Paredes como el mejor soldado español de todos los tiempos.

JA de la Torre.

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