“LA HISTORIA SIEMPRE NOS RECUERDA: FRACTURAS DEMOGRÁFICAS”.

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La historia está cuajada de crisis; crisis periódicas de las que nos da buena cuenta la Historiografía1. Una de las más sonadas fue la “crisis” del siglo XIV, de la cual cabe preguntarse en qué medio actuó la peste de 1348. No olvidemos que las condiciones higiénicas generales en la Edad Media fueron las más bajas que Europa había alcanzado nunca. Con todo, en el siglo XIII no hubo demasiadas carestías y fueron muy pocas las epidemias, pero alcanzados los años 1313-1317 iban a infligir un duro golpe a aquella confianza generalizada: sobrevino una carestía general en toda Europa. Desde aquel momento se intensificó el ciclo recurrente entre carestía y epidemias que no fueron todas pestes, sino que, con su acumulación de efectos, tuvieron consecuencias muy graves para la población. Si la peste de 1348 afectó principalmente a los adultos, la epidemia de 1360 creó los mayores vacíos entre los más jóvenes (mortalidad de los infansts) y la de 1371 entre los adultos. En suma, desde el segundo decenio, por lo menos, aquel trabajo de reconstrucción del capital demográfico europeo, que entre mil obstáculos, venía realizándose desde hacía varios siglos, se interrumpió.
Por primera vez, desde el siglo IV, reapareció en Occidente la peste bubónica; los vacíos que creó fueron inmensos. Llegada del Medio Oriente, alcanzó en 1348 a una gran parte de Europa. A ello hay que sumar los años previos de carestías muy importantes: hecho grave, no sólo por razones antes indicadas de debilitación fisiológica, sino también por otro fenómeno. Si la peste en las ciudades originó un movimiento migratorio de las gentes acomodadas2 al campo, la carestía determinó un flujo del campo hacia las ciudades. En este movimiento de fuga y de aflujo, la población de la ciudad superó su nivel normal; y en ese ambiente urbano superpoblado (con el consiguiente empeoramiento de las condiciones higiénicas), llegó la peste. Los vacíos que creó por todas partes, sin excepción, fueron enormes. Nótese que muy a menudo, una epidemia no solo es precedida, sino también acompañada y seguida de una carestía, por la evidente razón de que, habiéndose refugiado lo campesinos en la ciudad, faltan en los campos los brazos necesarios para los trabajos de la cosecha siguiente.
Aquella desorganización económico-social acarreó enormes cambios. Por un lado, una parte de los campesinos, que habían abandonado el campo nunca volvieron a él. No solo porque bastantes murieron en las ciudades, sino porque los supervivientes tuvieron las posibilidad de ocupar puestos de los ciudadanos muertos. Por otro, porque entre los ciudadanos supervivientes se asistió, por el simple juego de las herencias, a fenómenos de concentración de fortunas.
Aunque, de momento, sólo lo hagamos de pasada, apuntemos los movimientos de gran intensidad espiritual que se produjeron: el sentimiento de la incertidumbre en la vida rompió vínculos familiares y, más generalmente, sociales. El momento se vivía con auténtico frenesí en el que no se podía construir nada estable; la necesidad de huir de los contactos personales, por el miedo al contagio. Cualquiera podía ser sospechoso, lo que ocasionó no pocos casos de recelos, persecuciones y movimientos desatados3.

Con lo brevemente expuesto queremos llamar la atención, por un lado, de la marcha de la Europa de la Baja Edad Media en su masa humana, en sus necesidades económicas, en sus creencias colectivas… Pero también invitar a reflexionar sobre nuestro presente, muy en paralelo con aquellos lejanos siglos. Invitar a reflexionar sobre posibles soluciones porque, como reza en el título de este relato: la Historia siempre nos recuerda…que no hay casi nada nuevo bajo el sol.

Benito Cantero Ruiz. Catedrático de Gª e Historia y Dr. en Antropología.

1 Ariès, Philippe, 1983, El hombre ante la muerte. Madrid, Taurus
2 Véase la Florencia del Decamerón de Bocaccio.
3 Huizinga, Johan, 2003, El otoño de la Edad Media: estudios sobre las formas de la vida y del espíritu durante los siglos XIV y XV en Francia y en los Países Bajos. Madrid, Alianza Editorial.

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