Santoral del 15 de mayo. Isidro, Aquileo, Caleb, Dimpna, Juana, Reticio, Ruperto, Severino, Simplicio, Torcuato y Witesindo.

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15 de mayo, mes de la Virgen María. San Isidro Labrador. Miércoles de la VII Semana de Pascua.

Felicidades a los que se llaman Isidro, Aquileo, Caleb, Dimpna, Juana, Reticio, Ruperto, Severino, Simplicio, Torcuato y Witesindo.

Salmo: Reyes de la tierra, cantad a Dios.

Lectura del santo evangelio según san Juan (17,11b-19):

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.»

Palabra del Señor

San Isidro Labrador, patrón de los agricultores y de Madrid. Destacó por su piedad y generosidad, hay montones de anécdotas. Pero hoy voy a destacar algunos milagros que la tradición nos ha contado.

San Isidro Labrador nació en el 1082, fue un hombre de intensa fe que trabajó en el campo. Casado con Santa María de la Cabeza tuvieron un hijo, Illán, también santo. No obstante, lo más peculiar de su vida son los numerosos milagros que se le atribuyen, nada más y nada menos que 438. Conozcamos los más significativos.

El pozo de San Isidro
Posiblemente el milagro más famoso de todos es el que salvó a su hijo Illán de una muerte segura. Al parecer, mientras San Isidro se encontraba trabajando en el campo su hijo cayó en el interior de un profundo pozo. Cuando llegó se encontró a su mujer, Santa María de la Cabeza desesperada y lamentándose por lo que había ocurrido. Ambos se pusieron a rezar junto al pozo y pronto el nivel del agua comenzó a subir hasta que el niño salió a la superficie.
Aparición de fuentes y manantiales
Otro de los fascinantes capítulos atribuidos a San Isidro que también tiene como protagonista al agua. Un día que el santo estaba cumpliendo con sus labores del campo recibió la visita de su señor, Iván de Vargas, quien le pidió un poco de agua para beber ya que era un día muy caluroso. El santo se dio cuenta entonces de que se le había terminado así que cogió su cayado y golpeó el suelo diciendo: “Cuando Dios quería, aquí agua había”. En aquel mismo instante comenzó a brotar agua del suelo. Este punto es desde antaño una fuente cuya agua muchos creen que tiene propiedades curativas y donde la Emperatriz doña Isabel mandó levantar la ermita, en 1528.
Ayuda divina en el campo
Otro milagro que ha llegado hasta nuestros días nos relata que San Isidro contaba con una ayuda muy especial en sus tareas del campo. Concretamente, la de dos ángeles que labraban con los bueyes mientras que él rezaba.
El saco de grano misterioso
San Isidro tuvo un gran amor por los animales y su relación con éstos también desembocó en otro capítulo milagroso. Un día que había nevado nuestro protagonista se dirigía al molino cargando sobre sus espaldas un pesado saco de grano. De camino sintió pena por un grupo de pájaros que, por culpa de la nieve, no eran capaces de encontrar su alimento en el suelo así que decidió compartir con ellos parte del cereal que cargaba. Cuando llegó a su destino descubrió con asombro que el saco estaba otra vez lleno.
Comida infinita para los pobres
Otro episodio milagroso es el de la llamada “olla de San Isidro”. El Santo organizaba de forma periódica (en algunos sitios he leído que todas las semanas, y en otros que de manera anual) comidas para los más necesitados. El caso es que en cierta ocasión, el santo no contaba con alimento suficiente para tantos asistentes. Para tratar de remediarlo, a la vez que rezaba comenzó a introducir el cazo en la olla y ésta parecía no tener fin. Siguió sirviendo más y más comida hasta que todos quedaron saciados.
El cuerpo incorrupto
Seguimos con los milagros atribuidos al patrón de Madrid, éstos ya acaecidos una vez muerto. El primero de ellos es que murió en 1172 y fue enterrado junto a la Iglesia de San Andrés. Sus restos fueron exhumados décadas más tarde y descubrieron con asombro que el cuerpo estaba incorrupto. Este milagro va estrechamente ligado al siguiente…
Consejo en la Batalla de las Navas de Tolosa
Cuando Alfonso VIII regresó victorioso de la batalla de las Navas de Tolosa cuenta como en el devenir de la guerra había resultado decisivo el consejo de un pastor que les había mostrado un camino secreto en Sierra Morena para sorprender a los musulmanes. Cuando el monarca contempló el cuerpo intacto de San Isidro reconoce entonces al pastor que sabiamente le había aconsejado en la batalla. ¡El Santo se le había aparecido una vez muerto para guiarle hasta la victoria!
Sanación de Felipe III
Para finalizar, quería hablaros del milagro que le valió la beatificación al Santo. Estando Felipe III gravemente enfermo, éste pidió que le llevaran el cuerpo de San Isidro para ver si de esta forma su salud mejoraba. Como os podéis imaginar, esta “visita” al monarca tuvo un inmediato efecto sanador y en agradecimiento, el Rey inició los trámites de una beatificación que tuvo lugar el 14 de abril de 1619.
Como veis la vida de San Isidro da para varios secretos, no es de extrañar teniendo en cuenta que vivió cerca de 90 años, una longevidad totalmente fuera de lo común en los Siglos XI y XII. ¡Feliz San Isidro a todos!

San Aquileo Taumaturgo obispo, que participó en el I Concilio de Nicea y, revestido de todas las virtudes, evangelizó con fervor apostólico a los pueblos paganos (s. IV).

San Caleb o Elebaán, rey de Etiopía, que sometió a los enemigos de Cristo en represalia por los mártires de Nagrán y, según se dice, en tiempo del emperador Justino envió a Jerusalén su corona real, viviendo luego como monje, en respuesta a un voto que había hecho, hasta que partió al encuentro del Señor (s. VI).

Santa Dympna mártir. Hija de un jefe pagano Irlandés, murió por defender su pureza de su propio padre.

Santa Juana de Lestonnac la cual, siendo niña, rechazó la invitación y los esfuerzos de su madre para apartarla de la Iglesia católica y, al quedar viuda y después de educar convenientemente a sus cinco hijos, fundó la Sociedad de las Hijas de Nuestra Señora, a imitación de la Compañía de Jesús, para la educación cristiana de las muchachas. (s. XVII).

San Reticio de Autún obispo, de quien san Agustín refiere la gran autoridad de que gozaba como obispo en la Iglesia, y [san Jerónimo] lo recuerda por sus insignes comentarios a la Sagrada Escritura (s. IV).

San Ruperto de Bingen duque, que, cuando era aún muy joven, peregrinó a Roma para visitar las tumbas de los apóstoles y, al regreso a sus tierras, erigió varias iglesias. Salió al encuentro del Señor recién cumplidos los diecinueve años (s. VIII).

San Severino de Septempeda obispo, que dio su nombre a la ciudad episcopal (s. VI).

San Simplicio de Cerdeña presbítero de Cerdeña (s.III/IV).

San Torcuato obispo

San Witesindo de Córdoba mártir, que por miedo a los musulmanes se apartó de la fe católica, pero al negarse después a tomar parte en el culto mahometano, lo mataron por odio a la fe cristiana. (s. IX).

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