A la final cobras

Frase o expresión premonitoria, utilizada normalmente por un padre/madre dirigida a su hijo, anunciándole que de no cambiar su actitud va a recibir un castigo físico (de mayor o menor intensidad).

Los efectos de la frase dependen del progenitor que la profiere, ya que algunos cuando dicen, “a la final cobras” ya han decidido previamente que el hijo no tiene salvación posible, mientras otros aún dejan una oportunidad y utilizan la frase a modo avisador esperando que haga efecto sin que sea necesario el uso de la violencia.

Tradicionalmente el padre socuellamino ha sabido criar muy bien a sus hijos, proporcionando a sus pupilos una educación sólida aunque, reconozcámoslo algo tosca en las formas, y cuando más te remontas en la historia el castigo físico ha sido más intenso y decidido, llegando a ser algunos progenitores auténticos virtuosos entusiastas de este arte.

Algunos, los más, se ayudaban de accesorios que hacían más fácil y ligera su labor, como, por ejemplo: la cincha de la mula, el mozo del carro, la goma gastada del butano, o nuestro querido sarmiento verde cuya sencillez no era obstáculo para conseguir efectos fulminantes.

Normalmente las zonas anatómicas que recibían el golpe eran de músculo o molla, bien por ser más blanditas, bien por escocer más (las posaderas, el lomo) intentando evitar las zonas de hueso, sobre todo la cabeza porque podías dejar tonto al chiquillo.

En épocas anteriores, en la escuela los niños no solían coger trauma si el maestro les pegaba un capón. Esta cosa del “trauma” es bastante reciente y deja bastante perplejos a los abuelos que observan como el nieto le pega fuego a la gavillera sin que los padres sean capaces de dominar la situación (a pesar de que el nene tiene seis años).

Desde esta sección se propone una tabla que pueda servir de guía a la hora de cascarle al chiquillo de manera que el castigo sea proporcional a la barrabasada del nene/a. Entiéndase la tabla en el contexto humorístico de la sección, en ningún caso se promueve la violencia hacia los niños (no venga algún espabilao y me denuncie).

- Contestar mal: cachete en el cogote.                     

- Palabrota: cachete detrás de la oreja.                     

- Palabrota gorda: pequeña manotada en la boca.

- Desobediencia generalizada: zapatillazo en el culo.

- No se quiere echar la siesta: varios zapatillazos en el culo hasta provocar el llanto (todos sabemos que el llanto produce somnolencia).

- Romper farola del vecino: correazo en el culo.

- Romper farola del vecino con el que no nos hablamos: varios correazos con hebilla.

- Quitarle perras a la madre: soplamocos entre fuerte y flojo. (Si la cuantía de la sustracción excede de 300 euros avisar a la Guardia Civil). /

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