Ana Vega Burgos, premiada en el Certamen Nacional de Poesía Carmen Arias

El barítono socuellamino Pedro Jesús Cano Alcolea y el pianista José María García Bonillo amenizaron la velada que terminó con la degustación de vino socuellamino.

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De un anochecer poético y de una cata de vino nuevo pudieron disfrutar los asistentes a la entrega del premio XIV Certamen Nacional de Poesía “Carmen Arias”. En la tarde-noche de ayer jueves 10 de febrero en el Museo Torre del Vino se vivió una deliciosa velada literaria y musical.

Ana Vega Burgos, poetisa de Villafranca (Córdoba), hija del poeta y escritor, Cristóbal Vega, fue la autora premiada con los 1.500 euros con los que está dotado el certamen. Su obra, titulada "El siempre mar" (leer más abajo), tiene como modelo la poesía de la escritora argentina Alfonsina Storni, cuyo suicidio inspiró la canción "Alfonsina y el mar".

Vega Burgos agradeció especialmente este galardón por ser un premio muy perseguido, ya que era la cuarta ocasión en la que presentaba obra. “Me hacía especialmente ilusión ganar este certamen, pues en el mundillo de la poesía tiene un gran prestigio, era ya un reto personal para mí conseguir este premio”.

La alcaldesa entregó el galardón a Ana Vega Burgos

La alcaldesa, Elena García, entregó el galardón, en un acto que fue introducido por el concejal de Cultura, Pedro Arrabales, y se cerró con las palabras de la primera Edil.

Las obras llegadas a la Universidad Popular fueron un total de 223, procedentes de toda España con diversos estilos, temática y métrica. El jurado que emitió el fallo estuvo compuesto por los poetas y escritores Manuel Laespada, Manuel Cortijo, y Pedro Antonio González, además del concejal de Cultura, Pedro Arrabales.

Pedro Jesús Cano y José María García pusieron la música

La música que arropó el acto llegó de la mano del barítono socuellamino Pedro Jesús Cano Alcolea y el pianista José María García Bonillo. En un perfecto dueto interpretaron temas seleccionados para la ocasión con trasfondo literario, con textos de Lorca o Gala entre las piezas cantadas. Cantaron cinco canciones  - muy aplaudidas por el público asistente – con música de Antón García Abril o Maurice Ravel, dos de ellas cantadas en gallego y francés.

El acto, que este año cambió el Centro de Arte por el Museo, concluyó con la degustación de vino de las bodegas Delgado Collado, Bodegas Loreto, Explotaciones EHD, y Bodegas Los Ángeles.

Poema ganador del XIV Certamen Nacional de Poesía “Carmen Arias”:

Título: El siempre mar

I

Oh mar, enorme mar, corazón fiero

de ritmo desigual, corazón malo,

yo soy más blanda que ese pobre palo

que se pudre en tus ondas prisionero

Alfonsina Storni

Anocheció y me fui, te di la espalda

sin última mirada ni tristeza

sigues azul, lejano, casi mío,

eterno e insondable como tus caracolas.

No me volví a mirarte. Sin angustias,

sin la amarga obviedad de un adiós largo.

Después de comulgarme con su sal y tu hondura

no te pierdo, te llevo

cosido en cada esquina de la piel, en los labios

como un beso que invoca los primeros amores.

Te llevo, mar, te llevo

nadando por mis venas,

yo medusa vagando sin arrecifes sólidos

donde encallar, cansada, mis serpientes;

tú y tu aroma a piano golpeando por octópodos melómanos.

Llevo sal de tu entraña

en la oquedad desierta de mis huesos,

oh mar con vocación de apocalipsis.

No te volví a mirar. No me hace falta.

Arrastrando las ruedas de cada amanecer

por calles claras con rumor de nunca,

miro saltar tu espuma de cristales afuera,

mil ojos de ciudad que son tus ojos

y tus golpes de luz y tus sirenios.

Maleta de delfines tras de mí

y un tiburón que observa con su aleta dorsal presta a mi acecho.

¿Para qué despedirnos?

Si te llevo

y me tienes

y siempre a la deriva soy naufragio.

II

Y sobre mi cabeza

arden, en el crepúsculo,

las erizadas puntas del mar

Alfonsina Storni

A mi ventana llegan las gaviotas

y en los cristales, sin llamar, se miran

dentro de mí está el mar, y ellas lo saben.

Pero no quiero abrirles

porque mi mar perdió la sal en el camino;

ya tan solo es distancia y una luz verde, fría,

que emerge desde el fondo

creando sombras oscuras como monstruos marinos.

Dentro de mí, el mar se convirtió en desierto,

arena hecha de huesos

molidos por la furia de los hombres.

Hoy navega la muerte sobre las olas huérfanas.

Viajan gaviotas hasta mi ventana

y sobre los cristales ilusorios

baten, rotas, sus alas.

III

Mírame aquí, pequeña, miserable.

Todo dolor me vence, todo sueño;

Mar, dame, dame el inefable empeño

de tomarme soberbia, inalcanzable.

Alfonsina Storni

He vuelto a ti la víspera de las noches sin alba

con las uñas más rotas y los dedos desnudos,

sin anillo ni ramas verdes en los cabellos.

He vuelto a tus gaviotas y al perfil de las grúas

recortando en tu cielo mi película muda,

alas grandes y un campo del que brotan las rejas.

Viajan el tiempo en un tren sin coche cama

y el vagón restaurante se quedó detenido

en un cambio de agujas sin salida.

Me detuve en andenes de vías muertas, y al fondo

brillabas siempre tú, azul de nomeolvides

con tus crenchas de espuma caprichosa.

He vuelto a ti esta noche y entre tus barcas náufragas

soltaré mis cabellos como Eliana,

y moriré de sombras, mar, bajo tus latidos.

Abrázame en tus aguas

Y deja que tus besos sean mi último pan. /

Ana Vega Burgos, poetisa premiada
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Ana Vega Burgos, premiada en el Certamen Nacional de Poesía Carmen Arias

El barítono socuellamino Pedro Jesús Cano Alcolea y el pianista José María García Bonillo amenizaron la velada que terminó con la degustación de vino socuellamino.

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De un anochecer poético y de una cata de vino nuevo pudieron disfrutar los asistentes a la entrega del premio XIV Certamen Nacional de Poesía “Carmen Arias”. En la tarde-noche de ayer jueves 10 de febrero en el Museo Torre del Vino se vivió una deliciosa velada literaria y musical.

Ana Vega Burgos, poetisa de Villafranca (Córdoba), hija del poeta y escritor, Cristóbal Vega, fue la autora premiada con los 1.500 euros con los que está dotado el certamen. Su obra, titulada "El siempre mar" (leer más abajo), tiene como modelo la poesía de la escritora argentina Alfonsina Storni, cuyo suicidio inspiró la canción "Alfonsina y el mar".

Vega Burgos agradeció especialmente este galardón por ser un premio muy perseguido, ya que era la cuarta ocasión en la que presentaba obra. “Me hacía especialmente ilusión ganar este certamen, pues en el mundillo de la poesía tiene un gran prestigio, era ya un reto personal para mí conseguir este premio”.

La alcaldesa entregó el galardón a Ana Vega Burgos

La alcaldesa, Elena García, entregó el galardón, en un acto que fue introducido por el concejal de Cultura, Pedro Arrabales, y se cerró con las palabras de la primera Edil.

Las obras llegadas a la Universidad Popular fueron un total de 223, procedentes de toda España con diversos estilos, temática y métrica. El jurado que emitió el fallo estuvo compuesto por los poetas y escritores Manuel Laespada, Manuel Cortijo, y Pedro Antonio González, además del concejal de Cultura, Pedro Arrabales.

Pedro Jesús Cano y José María García pusieron la música

La música que arropó el acto llegó de la mano del barítono socuellamino Pedro Jesús Cano Alcolea y el pianista José María García Bonillo. En un perfecto dueto interpretaron temas seleccionados para la ocasión con trasfondo literario, con textos de Lorca o Gala entre las piezas cantadas. Cantaron cinco canciones  - muy aplaudidas por el público asistente – con música de Antón García Abril o Maurice Ravel, dos de ellas cantadas en gallego y francés.

El acto, que este año cambió el Centro de Arte por el Museo, concluyó con la degustación de vino de las bodegas Delgado Collado, Bodegas Loreto, Explotaciones EHD, y Bodegas Los Ángeles.

Poema ganador del XIV Certamen Nacional de Poesía “Carmen Arias”:

Título: El siempre mar

I

Oh mar, enorme mar, corazón fiero

de ritmo desigual, corazón malo,

yo soy más blanda que ese pobre palo

que se pudre en tus ondas prisionero

Alfonsina Storni

Anocheció y me fui, te di la espalda

sin última mirada ni tristeza

sigues azul, lejano, casi mío,

eterno e insondable como tus caracolas.

No me volví a mirarte. Sin angustias,

sin la amarga obviedad de un adiós largo.

Después de comulgarme con su sal y tu hondura

no te pierdo, te llevo

cosido en cada esquina de la piel, en los labios

como un beso que invoca los primeros amores.

Te llevo, mar, te llevo

nadando por mis venas,

yo medusa vagando sin arrecifes sólidos

donde encallar, cansada, mis serpientes;

tú y tu aroma a piano golpeando por octópodos melómanos.

Llevo sal de tu entraña

en la oquedad desierta de mis huesos,

oh mar con vocación de apocalipsis.

No te volví a mirar. No me hace falta.

Arrastrando las ruedas de cada amanecer

por calles claras con rumor de nunca,

miro saltar tu espuma de cristales afuera,

mil ojos de ciudad que son tus ojos

y tus golpes de luz y tus sirenios.

Maleta de delfines tras de mí

y un tiburón que observa con su aleta dorsal presta a mi acecho.

¿Para qué despedirnos?

Si te llevo

y me tienes

y siempre a la deriva soy naufragio.

II

Y sobre mi cabeza

arden, en el crepúsculo,

las erizadas puntas del mar

Alfonsina Storni

A mi ventana llegan las gaviotas

y en los cristales, sin llamar, se miran

dentro de mí está el mar, y ellas lo saben.

Pero no quiero abrirles

porque mi mar perdió la sal en el camino;

ya tan solo es distancia y una luz verde, fría,

que emerge desde el fondo

creando sombras oscuras como monstruos marinos.

Dentro de mí, el mar se convirtió en desierto,

arena hecha de huesos

molidos por la furia de los hombres.

Hoy navega la muerte sobre las olas huérfanas.

Viajan gaviotas hasta mi ventana

y sobre los cristales ilusorios

baten, rotas, sus alas.

III

Mírame aquí, pequeña, miserable.

Todo dolor me vence, todo sueño;

Mar, dame, dame el inefable empeño

de tomarme soberbia, inalcanzable.

Alfonsina Storni

He vuelto a ti la víspera de las noches sin alba

con las uñas más rotas y los dedos desnudos,

sin anillo ni ramas verdes en los cabellos.

He vuelto a tus gaviotas y al perfil de las grúas

recortando en tu cielo mi película muda,

alas grandes y un campo del que brotan las rejas.

Viajan el tiempo en un tren sin coche cama

y el vagón restaurante se quedó detenido

en un cambio de agujas sin salida.

Me detuve en andenes de vías muertas, y al fondo

brillabas siempre tú, azul de nomeolvides

con tus crenchas de espuma caprichosa.

He vuelto a ti esta noche y entre tus barcas náufragas

soltaré mis cabellos como Eliana,

y moriré de sombras, mar, bajo tus latidos.

Abrázame en tus aguas

Y deja que tus besos sean mi último pan. /

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