“Antes de ir a votar” de David Gento

Acaba de empezar la campaña electoral. Los partidos llaman para el 23-J y nos dicen lo que se juega España (poco nos hablan de las personas que vivimos en ella); nos piden nuestro voto, pero ofrecen pocas propuestas razonadas; apelan a nuestras emociones, pero no fomentan nuestro razonamiento.

Por ello, es fundamental que nuestro voto sea un acto de reflexión, de ideología comprometida y de inteligencia social. Por tanto, antes de hacerlo realidad hemos de tomar serias medidas: se las propongo de muchas maneras, atribulado/a votante. Espero que le sean de utilidad. Ahí van:

Antes de ir a votar, piense qué es España como sociedad y como le gustaría a usted vivir en ella y si esa vida desea compartirla con el resto de la sociedad o sólo la quiere para usted y para unas pocas personas más.

Antes de hacer efectiva la fiesta de la democracia, dedique unos minutos a esas personas que tienen que esconder su condición sexual o identitaria para no sufrir el desprecio, la humillación, o, sencillamente, la agresión total. En todas las familias, ahora o más adelante, puede haber alguna persona que participe de esa condición de “diferente” y sufra la represión social que promueven algunos partidos. ¿A usted le gustará ser partícipe de la marginación de esas personas? ¿Le gustaría ver en su propia familia a alguna de esas personas sufriendo? Le recuerdo que la diferencia está en todas partes.

Antes de cumplir con su derecho político, recapacite sobre esas personas mayores que hay en todas las familias y que dependen de su pensión y de los cuidados públicos (asistenciales, médicos o sociales), en mayor o menor medida. ¿Desea lo mejor para ellas? Usted también llegará a esa etapa de la vida, … O quizá ya esté en ella. ¿Quiere que esos más de 10 millones de personas tengan una vida digna?

Antes de depositar su voto, piense en el medioambiente y lo que nos espera si no somos capaces de hacer con urgencia y acierto políticas para intentar parar el cambio climático. Usted, aunque lo niegue o no le preocupe, también lo va a sufrir. Piense por un momento si aquellos políticos negacionistas no será que tienen grandes intereses actuales que pueden verse perjudicados por el nacimiento de una sociedad más verde.

Antes de entregar su papeleta a la urna, póngase en la piel de esas personas que sufren una vida insufrible por alguna enfermedad u otra circunstancia de sus vidas, y que han sido desahuciadas por la ciencia y la medicina. ¿A usted le perjudica que ellas, en total libertad y tomando las medidas que prescribe la ley de Eutanasia, decidan si quieren, o no, seguir vivas? ¿Se atrevería con su voto a partidos que no aceptan este derecho sobre la propia vida, a condenarlas a seguir viviendo en continuada agonía vital o física?

Antes de ejercer su derecho, recapacite sobre la importancia de tener un sistema de salud público universal y con todas las garantías, ¿o prefiere que se desmantele poco a poco hasta que solo atienda a quienes no puedan pagarse una sanidad privada? ¿Acaso no es un orgullo muy español poder presumir de que la persona más pobre es tratada del mismo modo y con las mismas condiciones en nuestros hospitales que la más rica, si acude a ellos?

Antes de ir al colegio electoral, reflexione sobre lo importante que es tener un sistema educativo que nos acoja a todos sin excepción, nos eduque como ciudadanos e intente igualar nuestras posibilidades personales, sociales y laborales, hacia el futuro.

Antes de elegir en quiénes confiará, piense en si le gustaría que usted, los suyos y también los demás, estén protegidos por leyes que hagan la vida laboral más justa, más humana y con mejores expectativas para vivir decentemente.

Antes de buscar quién representará mejor sus intereses, mire quiénes luchan de verdad para que las personas podamos tener una vivienda digna y en condiciones justas, para vivir nuestra vida en ella. Escuchará proclamas sobre cómo algunos le protegerán contra supuestos okupas, pero tenga cuidado: el peligro real de perder su vivienda viene por la subida de las hipotecas y precios de las materias básicas para vivir, si no tiene para afrontarlos. ¡Identifique bien a quienes luchan contra ese peligro tan real!

Antes de tomar esa gran decisión, finalmente, empatice con esos emigrantes que a veces nos molestan con su sola presencia, pero que en épocas de recolección nos resultan imprescindibles. ¿De verdad usted duerme tranquilo/a mientras ellos duermen en las ruinas de edificios a las afueras de nuestros pueblos y ciudades, en condiciones inhumanas? ¿Cree que vienen a quitarnos lo que es nuestro y a llenarnos de inseguridad, como dicen algunos que se presentan, según aseguran, para hacer una España mejor? ¿No piensa que solo buscan una vida mejor y lo hacen trabajando (o intentándolo) y que merecen otro trato más parecido al que nos gustaría que se nos diese si tuviésemos la desgracia (sí, desgracia), de tener que salir a buscar el pan a otro lugar lejano?

Pues sí, antes de ir a votar debe pensar en tantas cosas que con su voto se pueden conseguir para tener una sociedad mejor; o, por el contrario, que su voto puede ayudar a impedir alcanzar; que debe tomar precauciones, no vaya a votar a quienes le transmiten falsa simpatía, pero luego gobiernan perjudicando sus anhelos y sus derechos o los de los suyos.

Cuide de votar a quienes dicen querer mucho a España, pero se olvidan de muchas de las personas que viven en ella. España solo es un territorio. Será un lugar para amarlo si en él todas las personas que viven pueden desarrollar una vida con libertad, con dignidad y con justicia y si ese territorio está cuidado y conserva sus condiciones para ser habitado y disfrutado y no para sufrir en él. Destruyendo el territorio, explotando salvajemente sus recursos y negando además que se hace; la verdad, no se está amando mucho a España.

Piense si tiene sentido confiar en aquellos que le prometen bajar sus impuestos, unas decenas de euros quizá, aunque usted no paga mucho porque apenas tiene dinero para llegar a final de cada mes. Puede que, en realidad, esté ayudando con su voto para que realmente los impuestos bajen de forma muy atractiva a quienes más dinero deberían pagar (por lo bien que les va). Recuerde que, si queremos tener buenos servicios públicos, hemos de sufragar sus costes y eso se hace con impuestos; no hay otra vía posible. Y cada cual debe aportar según sus ingresos.

Si usted es de ese 20 por ciento que todavía declara su indecisión, antes de meter la papeleta en el sobre, le recomiendo que piense en esas personas más desprotegidas, en el salario mínimo, en cómo le gustaría que fuesen las pensiones de este país, en si hemos de tener ciudades aptas para poder vivir bien todos, en… Escuche con atención las diferentes propuestas e introduzca la papeleta de quien más se acerque a lo que usted desea, aunque no esté totalmente satisfecho/a: ¡esa es una buena elección! Porque, de todos modos, alguien va a gobernar este país: ¡mejor que sea cercano a usted!

¡Ah!, y si usted es de aquellas personas que piensan “que todos los políticos, y sus respectivos partidos, son iguales” pero vota siempre a los mismos; no lo vuelva a hacer, porque entonces se estará contradiciendo. Para su caso existe una opción muy clara: el voto en blanco. Así usted cumple escrupulosamente con su deber democrático, pero no se decanta por opción alguna ya que ninguna le merece su aprobación. Si no lo hace así, es que usted elige, (pero no quiere asumirlo) porque, quizá, se avergüence de a quién da su voto.

Pues sí, antes de ir a votar, mire si desea vivir en una sociedad más justa, donde todos nos respetemos por lo que hacemos y no por quiénes somos o por cómo somos; o si desea que se instale entre nosotros la idea de que las únicas personas que merecen su respeto son aquellas que sean como es usted o como usted quiere que sean. Considere pues, si debe votar al partido de su vida o al de moda (porque a primera vista sea de su agrado), aunque proponga para otros lo que no le gustaría que le sucediese a usted, ni tampoco a los suyos.

Sea valiente y atrévase a votar a alguna de aquellas formaciones que se comprometan a luchar por lo que usted quisiera realmente para la mayoría de la gente, aunque eso le haga replantearse su propia decisión tradicional y salir de su encasillamiento ideológico. Para ello, y por si se siente aplastado/a por los eslóganes de falsa buena españolidad que esgrimen algunos partidos, aquí le dejo algunos argumentos de peso para contrarrestarlos y lanzarlos orgullosamente a sus caras:

Siéntase muy orgulloso/a de ser de España, un país donde un vagabundo y un rico pueden compartir la misma habitación de cualquier hospital público y ser atendidos por riguroso turno de tiempo en lista o de la urgencia de sus respectivos casos; proclame a los cuatro vientos la alegría de formar parte de un Estado democrático donde la Escuela pública recibe a todas las niñas y niños que viven aquí y pone, además, a disposición de los más desfavorecidos un cupo adicional de profesorado especializado; presuma de pertenecer a una sociedad, la española, que atiende a sus ancianos en residencias públicas que acogen preferentemente por necesidad vital y por orden inverso al nivel de posibilidades que tienen esas personas; grite su orgullo de formar parte de un lugar, España, que es vértice puntero de las sociedades altruistas y eficientes que atienden la necesidad de donaciones y trasplantes de todas las personas, sin importar su origen.

Deje para otros lo de la pulserita, el amor etéreo a España, las lonas odiosas y el fantaseo edulcorado de los valores patrios y las sagradas tradiciones. Estas elecciones no van de eso; van de elegir a unos políticos/as que nos mejoren la vida y busquen la mejor forma de gobierno para la gran mayoría de quienes vivimos en este lugar del mundo.

Pero, para ello, antes de ir a votar, usted debe informarse bien de lo que proponen cada uno de los partidos que se presentan a estas elecciones; debe reflexionar (solo/a o en compañía) sobre ello y decidir. Porque, efectivamente, por muy descontento/a que usted esté, si presta atención y observa cuidadosamente, en el fondo de su ser reconocerá que hay muy grandes diferencias entre las distintas opciones y que, efectivamente, no todos los partidos son iguales.

Entonces, sí. Ahora ya está en condiciones de ir a votar con plena libertad. Ahora sí, ¡Vote lo que a usted realmente le guste, responsabilícese de su elección y exija que sus elegidos hagan lo que prometieron: la democracia florecerá, sereno/a elector/a!

¡Le deseo que acierte con su voto y que con él ayude a conseguir lo que quiere!.

David Gento

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