Ayer, 6 de septiembre de 2026, se cumplieron exactamente 90 años del trágico asesinato de Don Bernabé Huertas Molina, quien fuera cura ecónomo de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Socuéllamos. En esta fecha echamos la vista atrás para rendir homenaje a un hombre cuya entrega pastoral y posterior martirio dejaron una huella imborrable en la historia de nuestro pueblo.
Nacido en Alcázar de San Juan el 11 de junio de 1903, en el seno de una familia humilde (su padre era pastor de ovejas) y profundamente cristiana, Don Bernabé mostró desde muy joven una clara vocación religiosa. En 1913 ingresó en el Seminario Diocesano de Ciudad Real, donde cursó humanidades y filosofía, para posteriormente trasladarse en 1923 a la Universidad Pontificia de Toledo. Allí completó sus estudios sacerdotales, logrando doctorarse en Teología con la máxima calificación.
Tras cantar su primera misa el 31 de mayo de 1926 en la parroquia de Santa María de su pueblo natal, inició su ministerio como coadjutor en la parroquia de la Asunción de Tomelloso. En esta localidad vecina demostró un inmenso amor por los enfermos y necesitados, fundó Acción Católica y desarrolló una extraordinaria e incansable labor entre la juventud.
El 15 de febrero de 1935 fue destinado a Socuéllamos. Aunque le costó abandonar los frutos que ya cosechaba en Tomelloso, asumió su nuevo cargo con alegría y entusiasmo, en medio de una época de gran desconcierto social en España. El pueblo socuellamino lo acogió con los brazos abiertos desde el primer instante, descubriendo a un párroco que se entregaba en cuerpo y alma. Fomentó el catecismo, no se olvidó de los necesitados y, ante el mal estado del tejado del templo parroquial y la falta de recursos económicos, visitó personalmente a los feligreses hasta conseguir los medios para su reparación. Además, Dios le había dotado de grandes dotes de oratoria; la iglesia se abarrotaba para escuchar sus sermones, y los más mayores aún recuerdan con devoción sus predicaciones durante el novenario del Santísimo Cristo de la Vega.
El 24 de julio de 1936 fue cerrada la iglesia de Ntra. Sra. de la Asuncón y precintada la puerta que comunicaba la casa Rectoral con el templo. Unos días antes de ser asesinado, don Bernabé desprecintó la puerta revestido con sus mejores ornamentos y celebró la Santa Misa acompañado solamente por sus padres y su hermana, presentía el martirio. Poco despúes sería detenido por las entonces autodenominadas autoridades marxistas, bajo la falsa premisa de que se trataba de unos simples trámites. Con su afabilidad habitual, se despidió de sus padres y de su hermana, dejándoles un último consejo al pedirles que aceptaran sin reserva de ninguna clase la voluntad de Dios. Durante su estancia en prisión, se convirtió en el principal consuelo de sus compañeros de cautiverio, a quienes confesó el día 3 de septiembre.
La culminación de su martirio llegó en la madrugada del 6 de septiembre de 1936, hace justo ayer nueve décadas. Fue trasladado a la carretera de El Bonillo, al paraje conocido como Cuesta de la Herradura. Los testimonios relatan que sus palabras lograron que los milicianos lo dejaran inicialmente en libertad, pero los reproches de uno de ellos, que los tachó de cobardes y de no ser adeptos al régimen, les hicieron regresar. Allí los aguardaba Don Bernabé, completamente sereno y en oración, preparado para el momento final en el que fue asesinado. Tal y como dejó escrito el sentir de la época al relatar el crimen, aquel día la pezuña de la bestia ignorante y criminal había hoyado una flor de espiritualidad y belleza.
El hombre de la simpatía, el orador eximio y el sacerdote ejemplar perdía la vida, pero nacía su leyenda. Cuentan los relatos históricos que la tierra quedó tan empapada de su sangre que ni la abundante lluvia logró borrarla en mucho tiempo. Este hecho conmocionó tanto a los vecinos de Socuéllamos y Tomelloso que muchos acudieron a la zona para recoger aquella tierra como sagrada reliquia.
Hoy, noventa años después, el recuerdo de Don Bernabé Huertas Molina sigue más vivo que nunca en la memoria colectiva de los socuellaminos. Una devoción y un ejemplo de fe que alcanzarán su máximo reconocimiento histórico, ya que Don Bernabé será, junto a Cástor Zarco, una de las dos personas vinculadas a Socuéllamos que será beatificada por la Iglesia Católica.
Más tarde, en el lugar del martirio se levantó un monumento con una cruz, que ha sido respetado, a pesar de las obras y nuevo trazado de la carretera, y nunca faltan flores. El 4 de septiembre de 1992, por mandato del Sr. Obispo de Ciudad Real don Rafael Torija de la Fuente se recogieron testimonios en pro de la causa de canonización y se creó, tanto en Alcázar de San Juan como en Socuéllamos, una congregación o asociación de fieles con esta finalidad. Son numerosos los testimonios escritos que se han tomado de la fama de martirio y favores por intercesión de don Bernabé no sólo en esa comarca sino en la diócesis en la que perdura su fama de santidad y martirio.









