La caza, al igual que los toros, es una de las actividades más controvertidas en la sociedad actual. Según sus detractores tiene una motivación recreativa basada en matar y hacer sufrir a los animales, para los pro-caza se trata de un servicio imprescindible que guarda el equilibrio de la naturaleza. En todo caso la caza es uno de los comportamientos más arraigados en nuestra naturaleza, teniendo en cuenta que ha sido fundamental en la supervivencia del ser humano durante millones de años.
Un estudio demográfico que ha realizado la revista de ciencia 'People and Nature' señala que en los últimos 50 años se ha reducido el número de personas que practican la caza en un 45% y solo en los últimos 15 años un 26%. Esto está motivado por la poca incorporación de jóvenes, que ha hecho que la proporción se haya reducido en un 89%. Así la edad más frecuente entre los cazadores se encuentra entre los 61 y los 70 años.
Este estudio se ha llevado a cabo en cerca de 600.000 cazadores distribuidos en seis comunidades autónomas como son: Andalucía, Castilla-La Mancha, Madrid, Murcia, Aragón y Navarra, además del país vecino, Portugal.
El estudio llega a la conclusión de que existe un colapso en el número de cazadores cuyas causas hay que buscar en el despoblamiento rural. En las sociedades agrarias, en épocas anteriores, la caza era una actividad de subsistencia que aportaba alimentos a la mesa, fue a partir de los años 60 cuando la caza se fue convirtiendo en una actividad lúdico-recreativa.
Si las tendencias continúan como en la actualidad la actividad cinegética está abocada a la desaparición. De momento, aún con la crisis en España y Portugal la caza sigue siendo un importante sector económico del que viven amplias zonas de nuestra comunidad autónoma.
Consecuencias en los ecosistemas
No obstante, aunque a priori pueda parecer que la desaparición de la caza beneficiaría a la naturaleza, la experiencia nos está enseñando que donde no se caza, el exceso de algunas especies en algunos cotos causa estragos en el ecosistema teniendo que intervenir las autoridades gubernamentales para controlar las poblaciones.
El caso más paradigmático sería el de los jabalíes y los conejos cuya población se ha disparado en toda la península llegando a aparecer incluso en zonas urbanas y causando destrozos en las cosechas.





