sábado, 14 diciembre, 2019

Casa de La Encomienda ¿Una inversión histórica en el pasado o una losa histórica para las inversiones en el futuro?

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Artículo de opinión de David Gento Alcolea, Dpto. de Geografía e Historia IES “Fernando de Mena”


Y ahora, ¡Casa de la Encomienda! Pero, ¿dónde vamos a meter a tantos turistas en este pueblo?

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Ya han  comprado la Casa de la Encomienda… Con nuestro dinero pero sin consultarnos ¿Y ahora qué?

No se conformaron con el derroche de la Torre del Vino, sino que ahora, en un brote de nacionalismo pueblerino, nos endosan de muy mala manera la Casa de la Encomienda.Ya tenemos dos muertos que cuidar y pagar durante muchos años. Dos muertos que  condicionarán muy negativamente las inversiones que en este pueblo se  deberían hacer para afrontar las auténticas necesidades de presente y de futuro que tenemos y tendremos las personas que vivimos y vivirán en él.

Parece que necesitábamos tener una caserón de la nobleza, solariego y de labranza, con innegables tintes artísticos (que no un palacio); para que Socuéllamos tuviese pedigrí. Parece ser que a los dirigentes anteriores (también a la oposición que no supo decir no por si aparecían como antisocuellaminos e impopulares, aunque me consta que tenían propuestas más acordes a nuestras posibilidades), les parecía que la categoría de patrimonio cultural sólo la tienen los restos que han ido dejando a lo largo de los siglos las minorías elitistas (económicas, religiosas y sociales); que construyeron para sí mismas y no para el pueblo, al que únicamente recurrían para que pagara sus excesos (vía impuestos o vía explotación cotidiana de su trabajo). ¿Dónde está el patrimonio de las gentes comunes de Socuéllamos, durante tantos siglos de existencia? ¿Es digno de ser “musealizado”?

Ahora el pueblo debe pagar otra vez para mantener lo que ellos han disfrutado durante tantos años. Ahora quienes no nos sentimos entusiasmados con la compra de un edificio de la nobleza en las condiciones en que se ha hecho, corremos el riesgo de ser considerados poco sensibles con el pasado histórico de Socuéllamos, o, lo que es peor, de oponernos a un hipotético desarrollo futuro basado en el turismo rural e histórico.

Se ha jugado con las emociones colectivas basándose en tópicos, mentiras y quimeras:

Tópicos, porque no es verdad que mantener el patrimonio histórico de una comunidad sea únicamente conservar sus construcciones más ostentosas ya que eso no representa la vida común, sino la de una minoría que marcaba su poder a través del número de sus posesiones y de la grandiosidad de éstas.

Mentiras, porque ni la Edad Media ni la Edad Moderna fueron épocas para las gentes comunes que se parezcan a lo que se representan en estos montajes medievales o renacentistas que se nos muestran. Deberían explicar a las personas qué era una Encomienda y para qué servía; cómo se llegaba a ocupar el cargo de Comendador, quién lo daba y los privilegios que conllevaba. Lope de Vega ya nos ilustró con su Fuenteovejuna o su Peribáñez y el Comendador de Ocaña. También sería muy ilustrativo hablar de las Encomiendas en el Nuevo Mundo y entonces tendríamos una visión más realista de estos personajes a los que blanqueamos a través de las historietas de la “ñoñohistoria”.

En fin, quimeras (por decirlo delicadamente) son esos augurios tan positivos pero que jamás se cumplen, que nos dicen la gran cantidad de turistas que vendrán a nuestro pueblo a ver tan única, excelsa e inigualable construcción. ¡Como si España no las tuviese a cientos por todo su territorio! Ya nos las prometíamos muy felices con el turismo generado por la Torre del Vino y ahora, con esta adquisición, no vamos a saber dónde ubicar a tanto turista para un solo pueblo.

Mientras tanto, Socuéllamos envejece a gran velocidad y no tiene una planificación eficaz de futuro para su población anciana; el cambio climático nos amenaza y en nuestro suelo urbano hay muy pocos parques, arboledas y jardines; la piscina municipal necesita un cambio que vale mucho dinero y no se afronta; no tenemos transporte público porque cuesta mantenerlo y hay muchas personas que apenas pueden andar y en su barrio no tienen lo que necesitan;… Así podríamos seguir y concluiríamos  que se necesita mucha inversión y no tenemos tanto dinero. 

Sin embargo,  hemos pagado casi un millón de euros en esta compra y ahora hay que invertir mucho más para que no se nos hunda y para acondicionarla ¡Un pozo sin fondo, ya verán! Nos hemos comprado un coche muy aparente cuando no tenemos dinero para viajar. ¿Alguien de las personas responsables de la compra se molesto en hacer ligeros cálculos previos sobre lo que cuesta “musealizar” un edificio como este? ¿Alguien pensó con sensatez qué haríamos con la Casa de la Encomienda cuando fuese nuestra? ¿Acaso había un clamor popular que indicase: “¡adelante!, cueste lo que cueste debe ser nuestra”? ¿Se tomaron la molestia de consultar al pueblo para tener aval democrático ante una decisión de tamaño calado?

Sinceramente, creo que fue una decisión que únicamente buscaba el beneficio político de unos pocos que pensaron sería un golpe de efecto genial antes de las elecciones y se aprovecharon de la corriente histórico-verbenera que nos invade, que monta  saraos seudohistóricos por doquier, confundiendo la Edad Media con un mercadillo medieval y a los señores feudales con hombres de probada sabiduría, valentía y justeza.  ¡Si en los centros educativos se explicase la historia de las vidas cotidianas, en lugar de la historia de las vidas de las personas importantes (vista por ellos), otro gallo nos cantaría al hablar de Historia!

¡Y llegan las elecciones! Y como no salen elegidos se marchan y aquí nos dejan con el marrón de la gestión de su decisión. Yo espero que la anterior alcaldesa, al menos, aparezca con un documento donde se  nos muestre el  pormenorizado plan de actuación municipal que para con la casa que nos ocupa tenía, y nos diga: “aquí tenéis todo un camino planificado a seguir”. Seguro que nadie en su familia haría una gran inversión y luego pensaría qué hacer con lo comprado una vez realizada. Los dineros públicos deben ser mirados de otra forma. 

La Casa de la Encomienda puede ser un edificio único en Socuéllamos, pero su compra no puede condicionar nuestra vida presente y futura. ¡No va a solucionar nuestros anhelos de atraer turismo que influya poderosamente en nuestro PIB local!, porque, sencillamente, Socuéllamos, hoy por hoy, no es un pueblo con cualidades turísticas ya que no tenemos patrimonio natural, cultural, artístico o monumental (ni estamos haciendo para tenerlo en el futuro), más allá de lo que modestamente ofrece cualquier localidad vecina. 

Quizá, si tanto nos interesa atraer las visitas de mucha gente, deberíamos pensar en el futuro en lugar del pasado, y planificar un municipio  que investigue sobre sus recursos naturales, que diseñe un territorio urbano sostenible, que sea modélico en afrontar el envejecimiento de la población, que tenga presente el cambio climático en el diseño de su casco urbano, que asuma los cambios sociales del s. XXI como un reto positivo de cara a la convivencia y que cuide lo que ya tiene (pero no es el caso de Socuéllamos). Y para todo eso hace falta mucho talento, decisión política y dinero. Dinero que no deberíamos gastar en comprar prestigio del pasado.

No estoy en contra de valorar positivamente la Casa de la Encomienda. Tengo conocimientos y sensibilidad para distinguir su belleza, pero también responsabilidad social para ver que estamos ante una situación histórica muy compleja como para mirar cada euro que se invierte. Seguro que si las gestiones se hubiesen realizado de otra manera, con la mesura que requiere una decisión tan importante y con la participación de más personas, podríamos haber encontrado soluciones mucho más asequibles para el municipio. Hay otras figuras administrativas diferentes a la compra y hay otras administraciones que podrían y deberían haber participado en esta empresa.

Pero, como los hechos ya están consumados, hemos de hacer virtud de la necesidad y ahora nos toca proponer para que la Casa de la Encomienda no se convierta en un lugar donde gastar sin fin y realizar cuatro actos rutinarios anuales; sino en patrimonio activo que sirva para el disfrute y el desarrollo de la comunidad. 

Yo, modestamente, esbozo cuatro propuestas  para empezar:

  1. Realizar, si acaso no se hizo, un exhaustivo catálogo de lo comprado, para que nada, absolutamente nada, se pierda por el camino de la espera mientras llega la restauración (muebles, documentos, detalles, etc.).
  2. Convocar a la ciudadanía para que aporte ideas, tanto para los usos futuros, como para la adecuación arquitectónica y artística que la casa necesitará para dichos usos; asumiendo así dicha ciudadanía las consecuencias que de las decisiones colectivas se deriven.
  3. Poner especial empeño en convertir este edificio en un espacio de auténtica cultura que contribuya al desarrollo integral de nuestro pueblo y promocione apoyos al talento creador; donde tengan cabida todas las sensibilidades y evitar que en él se puedan hacer actos que no concuerden con un espíritu abierto  y solidario que integre a todas las personas que viven aquí: si lo  pagamos con el dinero de toda la comunidad, que nos sirva a cuantas personas vivamos en ella.
  4. Que no se vuelva a acometer ninguna acción de esta importancia sin convocar antes a la ciudadanía para que debata y decida.

Y ahora, ¡a pensar! A pensar  qué podemos hacer que vaya más allá de las representaciones circenses medievales, o de las catas de vino (que quitarán protagonismo a la otra joya de la corona), o de crear un costoso museo que apenas tenga visitantes como ya ocurre con el del Vino, o, por ejemplo, montar una hospedería que paguemos entre todos y explote una empresa privada, o de recrear una y otra vez qué hacían los ociosos nobles cuando no guerreaban o conspiraban,.. En fin, empresa delicada esta de darle utilidad social a la inversión, pero posible. ¡Adelante, ciudadanos y ciudadanas! ¡La tarea es compleja pero el futuro nos espera!

David Gento Alcolea

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