Tanto Lewis H. Morgan (1818-1881) como Edward B. Tylor (1832-1917) afirmaron que las sociedades evolucionan de simples a complejas en un recorrido cultural por estos tres estadios: salvajismo, barbarie y civilización.
El título de este artículo, aparentemente alterado en el orden antes señalado, lo vamos a justificar desde el plano analítico del materialismo filosófico y siguiendo a J. G. Maestro, mostrando que no se trata de una evolución lineal y sin retorno, en tanto en cuanto la dialéctica civilización-barbarie es el auténtico motor de la Historia y no así la lucha de clases como postula el marxismo, ni tampoco la lucha de imperios y Estados según defendió Hegel. Más bien, en los momentos que vivimos, la barbarie es la imperante en esa lucha; estando la civilización en un periodo de retroceso. Las características del siglo XXI son las propias de un mundo bárbaro que destruye a la civilización. Podemos hablar de una barbarie tan “desarrollada” que ha puesto a su disposición la tecnología a la que ha dado lugar la civilización. ¿Qué es si no, pongamos por caso, el endiosamiento que está recibiendo ese teletrabajo “que llegó para quedarse”, sino la vuelta a un sometimiento y servidumbre por parte de los trabajadores y clientes? Se nos podrá decir que, esperanzadamente al final, la civilización siempre triunfa; sólo que la barbarie se sabe cuándo empieza, pero no cuándo termina y todo cuánto que se ha llevado por delante.
Ese supuesto desenlace ideal, hoy por hoy, nos sitúa fuera de la realidad porque vivimos en un mundo politizado en el que todo es ideología exclusiva y excluyente. Una ideología obsesionada en organizar emocionalmente la ignorancia colectiva de la sociedad barbarizada. Nos encontramos en un momento en que el la supuesta sabiduría popular actual es más bien ignorancia popular, ya que las ideologías son instrumentos para fosilizar la ignorancia; siendo los santuarios del saber, desde los destinados a la más tierna infancia hasta la universidad, espacios ideologizados e ideologizantes, y no dónde impere el conocimiento crítico. No olvidemos que la ignorancia suele ir a la par con la violencia, que es un instrumento fundamental para el buen fin (si se puede hablar de buen fin) de la barbarie; a la que se la toma en serio por la potencia de su violencia, por el miedo que desata. De tal suerte que la libertad no se amplía con el curso de la historia, como presumía Kant; más bien la libertad ni crece ni mengua, sino que como la energía, se transforma. No mucho tiempo atrás se podían decir cosas que, ahora el mundo orweliano en alza, prohíbe decir.
Compañeras de viaje de la barbarie, son la superstición y la imaginación: mitologías transmutadas en ideología encargada de organizar emocionalmente la ignorancia colectiva, para definir a un grupo que se enfrenta a otros grupos en el seno de una sociedad política. La ideología nunca critica sus propios fundamentos; critica los fundamentos del grupo contrario animando la dialéctica con otros; forjándose de esa dialéctica la base de las sofistas democracias posmodernas, donde el poder de la palabra ha hecho creer que puede cambiar la realidad; solo que esta no está hecha sólo de palabras.
Se pregunta y responde Jesús G. Maestro: “¿con quién vamos? Con un traidor.
Benito Cantero Ruiz. Catedrático de Geografía e Historia y Doctor en Antropología




