Fue San Gregorio Magno quien dedicó el segundo libro de sus Diálogos (De vita et miraculis Venerabilis Benedicti) a la vida de San Benito. Escrito entre el 593 y el 594, apenas cincuenta años después de la muerte del santo en Nursia, valiéndose del testimonio de los monjes de Montecasino y de Subiaco.
Al “abba” Benito con razón lo podemos considerar el Patrón de Europa. Su Orden forjará los rasgos más importantes del hombre europeo. Fundó el Santo, el que sería el primer monasterio de la cristiandad; año 529 en Montecasino. Con la difusión de la única regla monástica, redactada entre los años 530 y 560, es un código legislativo y espiritual que, aunque escrito inicialmente para los monjes de su orden, constituyó el fundamento básico del monacato occidental. Su impulso definitivo arrancó de los concilios de Aquisgrán de los años 816 y 817, promovidos por Luis el Piadoso con el fin de imponer a todos los monjes del imperio carolingio la Regla de San Benito.
El influjo de los monjes sobre la vida espiritual de Europa se volvió decisiva puesto que fueron los primeros que tuvieron consciencia de la nueva realidad postromana; los que sirvieron de puente entre en mundo antiguo y el medievo. Fueron los que orientaron a la nueva sociedad en su configuración social, política, económica, cultural y religiosa. Los instrumentos, la Cruz y el arado; la oración y el trabajo, la Biblia y el Derecho Romano, el libro y la estética litúrgica, la disciplina y la pax monástica. Todo ello, desde las costas mediterráneas a la península escandinava, desde Irlanda hasta Polonia.
Reconociendo el papel del santo en la formación de Europa, en la Encíclica Fulgens Radiatur de 1947 Pío XII le otorgó el título de Padre de Europa; el Papa Pablo VI proclamó a S. Benito, “patrono y celestial protector de Europa” en 1964, siendo reafirmado por S. Juan Pablo II quien recordaba, en 1980, que no es lícito al hombre fiel a Dios olvidarse de lo que es humano, debe ser fiel también al hombre.
La verdadera nueva Europa debe esperar más de la contemplación que de los discursos, más de los místicos que de los políticos, más de la Gracia que de las ideas, más de los Sacramentos que de los Códigos y Tratados, más de la teología cristiana que de una nueva ideología.
Benito Cantero Ruiz. Catedrático de Geografía e Historia y Doctor en Antropología




