España da la voz de alarma en Bruselas: el tomate marroquí y el alza de costes asfixian al sector

La situación del cultivo tomatero atraviesa un momento delicado a nivel nacional, especialmente en lo que respecta a la variedad cherry. Durante un reciente encuentro celebrado en Bruselas, el Grupo de Expertos de Tomate del Observatorio del mercado de frutas y hortalizas perteneciente a la Comisión Europea analizó el panorama actual de este mercado agrícola. En esta cita clave, donde compartieron mesa potencias productoras como España, Bélgica, Países Bajos y Polonia, la delegación española expuso los enormes retos a los que se enfrentan los agricultores frente a la escalada de gastos y las importaciones extranjeras.

Ignacio Antequera, director de FEPEX y miembro destacado de la representación nacional, pormenorizó el balance de la campaña 2025 y 2026. Según los datos aportados en la capital belga, la producción de nuestro país ha sufrido una caída cercana al 2 por ciento, si bien la superficie cultivada se ha mantenido estable. Esta merma se debe a la obligación de utilizar variedades resistentes a los virus que son menos productivas, así como a diversos problemas fitosanitarios y a unas condiciones climatológicas adversas, explicaron los portavoces nacionales durante la sesión. A pesar de estos importantes obstáculos, se puso en valor que los agricultores de España han logrado cumplir con sus acuerdos comerciales gracias a su gran capacidad de adaptación, afianzando la confianza de los compradores.

Sin embargo, el verdadero lastre para el sector radica en la rentabilidad. Los costes de producción continúan su escalada sin freno, impulsados por la energía, los fertilizantes y los derivados del petróleo. En concreto, el sector soporta actualmente unos sobrecostes del 16 por ciento en transporte y suministro energético, y de hasta un 18 por ciento en envases y plásticos. Pese al buen comportamiento de los precios de venta durante esta última campaña, la rentabilidad real de los productores no ha experimentado una mejora equivalente debido a esta presión inflacionista, advirtió la representación española.

A la crisis de rentabilidad se suma la fuerte presión de los competidores exteriores. El cultivo del tomate cherry suelto está perdiendo superficie agraria a pasos agigantados, y todas las miradas apuntan hacia Marruecos. Los bajos precios del producto marroquí ejercen una presión insostenible sobre las cotizaciones del cherry español, una situación agravada por las enormes diferencias existentes en materia de costes laborales y exigencias regulatorias, alertaron los expertos.

Las cifras de importación respaldan esta honda preocupación. De las 773.000 toneladas de tomate fresco que accedieron a la Unión Europea desde terceros países, una abrumadora cuota de 527.000 toneladas procedió de tierras marroquíes. Como contrapartida, las ventas europeas hacia el exterior se quedaron en 383.000 toneladas, siendo el Reino Unido el principal destino receptor.

El pesimismo trasciende nuestras fronteras. Los enviados de Bélgica, Países Bajos y Polonia confirmaron que padecen problemas muy similares. Sus producciones también se han visto severamente mermadas por las recientes olas de calor, las lluvias torrenciales, la expansión del virus del rugoso y una factura energética que penaliza fuertemente a estos países del centro y norte del continente.

De cara a la próxima década, el panorama dibujado no invita al optimismo. Un estudio independiente debatido en el foro europeo pronostica que la producción de España sufrirá un descenso adicional del 1,2 por ciento, lastrada por la falta de mano de obra y la pérdida de competitividad frente a naciones de fuera del entorno comunitario.

Por el lado de los compradores, la pérdida de poder adquisitivo derivada de la inflación está transformando los hábitos en los supermercados. Un ejemplo claro se ha vivido en Francia, donde un prometedor pico de consumo propiciado por las buenas temperaturas se frenó en seco en cuanto subieron los precios, provocando un desplome de la demanda. En España, el consumo general de hortalizas ya ha registrado una caída de medio punto.

Pese a este escenario de incertidumbre, los modelos predictivos elaborados por la Universidad de Wageningen arrojan un leve rayo de estabilidad a largo plazo, estimando que el consumo de tomate mantendrá un crecimiento muy moderado de entre el 0,3 y el 0,6 por ciento tanto en España como en los Países Bajos durante los próximos años.