El sector del ovino atraviesa uno de sus momentos más delicados. Según los datos ofrecidos por INTEROVIC (Interprofesional del Ovino y el Caprino de Carne), España ha perdido en los últimos 25 años más de 10,7 millones de cabezas de ganado ovino, lo que supone una reducción del 44% del censo nacional.
En el año 2000 se contabilizaban 24 millones de ovejas, mientras que en 2024 la cifra ha caído hasta los 13,4 millones. Este descenso también se refleja en la producción de carne, que ha retrocedido un 57%, y en el número de explotaciones, con un 19% menos que hace dos décadas.
Causas de un declive sostenido
Entre los principales motivos de esta caída, INTEROVIC señala la disminución del número de explotaciones, especialmente las familiares. La ganadería ovina se ha vuelto menos rentable, y muchas pequeñas granjas no han podido resistir el incremento de los costes y la baja rentabilidad de la lana y la carne.
La caída de los ingresos por la lana es otro de los factores clave. “La menor demanda y la reducción de las exportaciones han reducido los márgenes de beneficio, afectando directamente a la viabilidad de muchas explotaciones”, apuntan desde la organización interprofesional.
A ello se suma el envejecimiento de los ganaderos, un problema que se agrava con la falta de relevo generacional. Muchos profesionales del sector están próximos a la jubilación y no cuentan con sucesores, ya que los jóvenes se inclinan por trabajos que requieren menos dedicación y comodidad.
Un impacto que va más allá de lo económico
La pérdida de explotaciones ovinas no solo tiene consecuencias económicas. La reducción de la cabaña conlleva también la pérdida de empleo en el medio rural y pone en riesgo tradiciones históricas, como la trashumancia, una práctica milenaria que forma parte del patrimonio cultural de muchas comarcas españolas, especialmente en Castilla-La Mancha.
Desde INTEROVIC advierten de que “la supervivencia del sector pasa por la modernización, el apoyo institucional y la valorización del producto nacional”. Sin medidas urgentes, alertan, España podría seguir perdiendo no solo ovejas, sino también una parte esencial de su identidad rural.
Un ejemplo de ello sería Socuéllamos donde han desaparecido las decenas de ganaderías que existían en el siglo XX para quedar solo una a día de hoy.






























