“Evolución de la iconografía de la cruz” de Benito Cantero

En una publicación anterior ya escribimos sobre el origen de la advocación y sus festividades: Invención y Exaltación de la Cruz, los días 3 de mayo y 14 de septiembre respectivamente. Comoquiera que, hasta nuestros días, el símbolo por antonomasia de la Iglesia Cristiana es la imagen de Jesús sufriendo y clavado en la cruz, vamos exponer cómo esto no ha sido siempre así. Más bien se incorporó a esa iglesia cristiana de forma tardía, y no fue hasta el siglo XIII cuando se popularizó de forma definitiva. Hasta ese momento había otras simbologías, donde el protagonismo de la cruz lo situaríamos en el siglo IV, cuando la Iglesia cristiana ya fue oficializad (1).

Las circunstancias que explican ese cambio en la iconografía, entre otras, podemos citar el hecho de que la condena a muerte en la cruz fuese una práctica común en varias culturas de la antigüedad, no sólo en el mundo romano. El objetivo era condenar a aquellos malhechores que cometieran crímenes especialmente reprensibles mediante una muerte que fuera lenta, humillante y, sobre todo pública, para servir de ejemplo; de ahí que los crucificados fueron vistos durante buena parte del Imperio Romano como el peor tipo de delincuente. Esta fue la razón por la que durante los primeros siglos de cristianismo sus seguidores eludieron la imagen del Jesús crucificado para evitar malas interpretaciones. Aquellos cristianos sabían que Jesús se había sacrificado por la humanidad, pero los que no conocieran su vida pensarían que estaban viendo la imagen de un delincuente. Llama la atención que la primera imagen de un crucificado, vinculado con los cristianos, fue un hueco-relieve satírico, posiblemente de finales de siglo I, y que apareció en una domus (casa), en el monte palatino, donde se ve un humano con cabeza de asno clavado a la cruz, y a sus pies un segundo personaje masculino bajo la cruz que parece una burla contra el personaje crucificado.

No será hasta el siglo IV, tras el edicto de Milán (313), cuando el emperador Constantino dio libertad de culto a los cristianos y acabó con la crucifixión como sistema de condena a muerte y su carga de rechazo entre el pueblo. Así surgió la cruz enjoyada en donde solo tenemos la cruz sin el Cristo y hecha  en metales preciosos, por lo general oro, y decorada con gemas, lo que permitía a los cristianos, ahora sí, asumir su símbolo más reconocido pero sin el oprobio del pasado; pudiendo aparecer Jesús  debajo de la cruz sentado en un trono vestido con ropas nobles, dirigiéndose a sus apóstoles; anunciando la iconografía de los Pantocrátor y los cristos en majestad.  Dios no había sido derrotado y la cruz era un símbolo, pero no de condena sino de triunfo, de éxito de la Cruz.

Estamos ya ante la presencia el modelo del Cristo Triunfante, que va a ser la forma dominante de representar a Jesús en la cruz durante los siguientes siete siglos, a pesar de que los teólogos eran conscientes de que Jesús había sufrido la crucifixión y se preguntaban si era necesario mostrar ese sufrimiento. Desde ahora Cristo, estará totalmente vestido, sin mostrar sus llagas y con el rostro indiferente. En suma, fue la expresión de una iglesia victoriosa, que forjó   una iconografía que había surgido a la sombra de los emperadores y que rápidamente había sido asumida por las autoridades religiosas pues, desde el Papa de Roma, era la imagen de una Iglesia fuerte que podía salvar al mundo, pero también de una iglesia dominante quizás demasiado apegada a sus bienes terrenales.

Será a partir del siglo XIII cuando nos encontremos con la imagen dominante de Jesús en la cruz; eso sí, ahora ya sufriente. De nuevo otras circunstancias fueron  las causantes de ese cambio producido entre los siglos XII y XIII. La otrora Iglesia victoriosa va a sufrir una serie de reveses. Tal fue el retroceso de los cruzados, que habían recuperado Tierra Santa a finales de siglo XI y que desde 1187 comenzaron a retroceder hasta que fueron totalmente expulsados. Aquella derrota supuso el comienzo del fin de la gran empresa militar universal de la Iglesia de Roma. Por otro lado, en el seno de la cristiandad occidental, había surgido una herejía, la de los cátaros o albigenses que se fue propagando a lo largo del siglo XII partiendo de una reflexión teológica: los cátaros consideraban que había que acabar con la iglesia de Roma como institución por su degeneración en la búsqueda de riquezas y poder.

Como consecuencia de esas nuevas circunstancias se hizo preciso otro modelo iconográfico de la Cruz.  Se pasó del Cristo triunfante o todopoderoso, al Cristo sufriente. Ahora sí, tras cuatro siglos de esconder la cruz ante el temor de esa iglesia de ser rechazada por la adoración de un  “malhechor”, y ocho siglos de presentarse como una iglesia victoriosa con ese Cristo triunfante sobre la cruz; por fin, a partir de siglo XIII Jesús iba a aparecer sufriendo en la cruz en muchos casos de forma descarnada. Al final, la iglesia optó por cambiar una iconografía altisonante por una imagen que enfrentara a los hombres con la realidad de un mundo cotidiano. /

Benito Cantero Ruiz. Catedrático de Geografía e Historia y Doctor en Antropología

1 Garín, Alberto. “Historia irrelevante del arte. De la caída del Imperio Romano de Occidente al final de la Edad Media”. Madrid. La Esfera de los Libros. 2023. ISBN 9788413845852

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