En la primavera de 1981, en un contexto donde el folklore tradicional experimentaba un renovado interés popular, nacía en Socuéllamos un proyecto musical que dejaría una profunda marca en la cultura local y regional: el Grupo Folk Tierra Mojada.
Su nombre no fue fruto de la casualidad. Tal y como recuerdan sus fundadores, la denominación evocaba "un recuerdo común: el olor a tierra mojada que impregnaba el campo tras las lluvias, más frecuentes entonces que en la actualidad, y que formaba parte de la memoria colectiva del entorno rural".
La semilla de esta formación germinó gracias a la unión de antiguos componentes de agrupaciones previas como Cenizas Ardientes y la Tuna San Fernando. Los precursores de esta aventura fueron Pepe Peñarrubia y Ángel Laguía, quienes junto a Manolo Bosquet y Pepi Alarcón formaron el núcleo inicial. A ellos no tardarían en sumarse otros talentos locales para enriquecer el sonido, conformando una alineación histórica que incluyó a Félix Cuevas, Luis Salmerón, José Medina (conocido cariñosamente como Vega), Maxi Giménez, Yolanda Salamanca, Emi Navarrón y Caridad García.
Con el paso de los años, y tras diversas incorporaciones como las de Esther Rubio, José Antonio Romero o Félix Sánchez, el conjunto llegó a estar integrado por once músicos y dos técnicos de sonido. Comenzaron ensayando en los Salones Municipales del Ayuntamiento, pasando por el taller de carpintería del hermano de Maxi, hasta establecerse en un almacén de la calle Ruidera.
Musicalmente, Tierra Mojada hizo una clara y firme apuesta por el folklore castellanomanchego dándole un toque juvenil y moderno, interpretando con un estilo propio rondeñas, jotas, seguidillas y malagueñas. Entre su extenso repertorio, siempre solicitado por su fiel público, brillaron con luz propia temas como la Rondeña de Socuéllamos y la Jota Rabiosa.
Su primer gran recital, que marcó el inicio de su andadura cobrando un modesto primer caché de cien mil pesetas, tuvo lugar el 18 de julio de 1981 en la emblemática discoteca Dianpa de Socuéllamos. A partir de ahí, el grupo inició un periplo de siete años recorriendo innumerables municipios de Castilla-La Mancha, Castilla y León y la Comunidad de Madrid. Sus actuaciones en el Parque Municipal durante las fiestas en honor al Santísimo Cristo de la Vega se convirtieron en citas ineludibles para los vecinos.
Su evolución no solo fue artística, sino también notablemente técnica. Comenzaron utilizando el equipo de megafonía heredado del grupo Cenizas, apoyado por un previo fabricado por Emilio Requena. Sin embargo, la exigencia de los escenarios les llevó a profesionalizarse rápidamente, viajando a Valencia a la tienda de Guillermo Lluquet para mejorar su equipo y llegando a adquirir más tarde a un empresario de Madrid una mesa de mezclas y material de sonido que había sido utilizado por el mismísimo José Luis Perales. Las cajas acústicas, demostrando su implicación total, fueron construidas por ellos mismos.
El alto nivel alcanzado cristalizó en dos grabaciones realizadas en estudios de Madrid. La primera, patrocinada por la Caja de Cuenca y Ciudad Real, y una segunda producción independiente titulada "Tierra Mojada canta a Socuéllamos", que se editó en casete, CD y vinilo.
Los años de carretera dejaron un sinfín de anécdotas imborrables para sus miembros: los merecidos festines en el Mesón del Jamón tras actuar en Madrid, las largas noches de ronda tocando con los mozos en los pueblos de la Serranía de Cuenca, o la perplejidad de los técnicos de sonido de los festivales ante las ingeniosas cajas de conexión artesanales que el propio grupo fabricaba para sus instrumentos de cuerda.
La etapa activa de esta emblemática formación concluyó oficialmente con un último recital el 12 de septiembre de 1988 en Villanueva de la Fuente. No obstante, el eco de sus guitarras, laúdes y bandurrias nunca se apagó del todo, ya que continuaron recibiendo llamadas para ser contratados mucho tiempo después de su disolución.
Hoy en día, más de cuatro décadas después de su creación, el Grupo Folk Tierra Mojada sigue muy presente en la memoria de la localidad. Permanece vivo en la historia cultural como "un referente del folklore local, símbolo de una época y de un esfuerzo colectivo por mantener vivas las tradiciones musicales populares".
Precisamente para poner en valor este incalculable legado, la mítica agrupación recibirá un merecido y emotivo homenaje el próximo domingo 30 de agosto. Este reconocimiento se enmarcará dentro de la programación de las fiestas de Manchavino, concretamente durante la celebración del día de los concursos. Para poner el broche de oro a una jornada tan especial, el acto contará con la compañía y actuación de la célebre folklorista Vanesa Muela, cuya presencia servirá para engrandecer aún más este tributo a quienes dedicaron su juventud a ensalzar las raíces musicales de nuestra tierra.








