«NOVIEMBRE» Relato de Lola Jiménez

- Publicidad -

Aquí tienes el texto completamente limpio, sin ningún número de página, enlace o etiqueta de referencia:

NOVIEMBRE

Si sigo todo al pie de la letra y quiero que se cumplan las leyes a rajatabla, voy a remitirme a la Ley Orgánica 3/2018 de 5 de diciembre que hace referencia a la Ley de Protección de Datos y no la voy a identificar, no voy a decir su nombre y apellidos, ni los tres últimos números de su DNI, ni su domicilio, pero NO la voy a callar, voy a darle voz; que su garganta no se seque, que sus ojos no vuelvan a llenarse de lágrimas o que estén secos por no saber llorar, que la comisura de su boca tiemble y se cubra de arrugas de tanto reír y para que vuelva a aprender a respirar.

Vamos a llamarla "Alma", sin apellidos, pero sin negarle toda su identidad. No puedo decirte la edad que tiene, da igual, la vida no la vamos a medir por edades. Yo tengo que presentarme, soy un objeto inanimado pero con mucha información; la conocí desde el primer soplo de vida que tuvo, la he acompañado siempre, a ella y a su familia, formo parte de su historia, y al igual que Alma, he sido retocado, restaurado, cambiado de sitio; no soy mágico, soy silencioso, sí soy muy crítico, pero no chismoso; puedo llegar a ser tu enemigo, tu alma gemela, tu hombro sobre el que llorar, tu incondicional, te puedo guardar los secretos y tengo grabados en millones de capas todos tus sentimientos, tus gestos, tus muecas, tus tics, tus posturas más sexys y las más feas. Te he visto nacer, crecer y ahora quiero que en este momento te pongas cómoda, siéntate en ese sillón, cógete tu taza de café, tápate con la manta si quieres y háblame, soy tu espejo, tu reflejo, todo lo que quieras que sea.

Antes de que Alma haga acto de presencia, voy a hablaros un poco de ella: Alma sí tiene ojos; sus ojos son fuentes por donde su alma se descarga del raudal de un manantial infinito; son grandes y negros como la noche más oscura y de vez en cuando brillan como luceros, su nariz muy fina, de perfecta forma y un poco larga sin que llegue a afearla, antes bien, le hace ennoblecer su expresivo semblante.

La primera vez que la vi me fascinó, era una polvorilla, no paraba, muy poca cosa físicamente, pero sin miedo a nada, eso sin respetar muchas veces las normas; todo le llamaba la atención. No se crio como una princesa entre algodones, lo hizo como una "persona", con todo lo que conlleva esa palabra, momentos buenos, subidas, bajadas, tropezones, baches, ratos de dulce, sueños por cumplir, objetivos que lograr; le enseñaron a luchar, a valorarse, a respetarse y a quererse, pero luego pasa lo que pasa, con el día a día, nos creemos que lo sabemos todo, y erramos y no una vez solo, lo hacemos continuamente, una tras otra, te levantas, algunas veces a medias, otras del todo.

Alma estaba acostumbrada a conseguir casi todo lo que se proponía, le resultaba fácil y eso a veces te puede llegar a ser un obstáculo para otras cosas; se fía demasiado de la gente, ni nadie es bueno del todo, pero malo tampoco, pero hay que pensar que la maldad y la bondad existen, y que hay muchas tonalidades de blancos y negros.

Aquí llega:

Espejo: Hola, Alma.

Alma: Buenos días, ¿cómo me ves hoy?

Espejo: Depende.

Alma: ¿Depende de qué?

Espejo: Según lo que quieras ver.

Alma: Uff, no lo sé. No sé nada.

Espejo: Empieza contando tu historia.

Alma: Me siento perdida, bloqueada, quiero recordar cómo comenzó todo; estaba enamorada o ahora no sé si era amor, un capricho o una rebeldía; era una persona sencilla, con una mirada muy penetrante, tranquila, me escuchaba o eso pensaba, ¿defectos? Como todo el mundo, ¿manías?, más que yo, imposible, ¿aficiones? En algunas coincidíamos; cierto que sí era celoso y yo tan tonta al principio hasta casi que me gustaba que fuera así.

Su familia me ignoraba desde el minuto cero que entré en sus vidas, no me importó, pensé que era un reto más a superar; económicamente con lo justito, pero no había problemas; ¿errores? Muchos cometí y los sigo cometiendo, no escuché las advertencias, ni los consejos, me cegué, tenía los ojos cerrados, no veía nada; de mi círculo casi todo lo dejé, no entiendo por qué tengo tanta dependencia emocional; lo defendía ante todos, hasta lo más indefendible.

Lo peor de todo es que creía que yo podía superar todo, que podía volver las cosas de mi lado; van pasando los días, las semanas, meses y años, y llegan los hijos, y más problemas, físicos, económicos, emocionales y tú te vas cada vez encogiendo más, vas desapareciendo, vas perdiendo a cada momento un poquito de ti, ya no solo a nivel de pareja, sino todo lo de alrededor, familia, trabajo, amistades y como la base fundamental no funciona, pues todo se viene abajo.

He perdido trabajos, confianza de mis padres, he lanzado muchas mentiras al mundo y a mí misma que es lo más grave, porque los míos siempre han estado y están ahí, podrán estar dolidos, pero todo lo perdonan. Me he convertido en un caracol, cuando puedo me meto en el caparazón; y cómo explico algunas veces estos sentimientos; no sé hacerlo; una de las palabras es "miedo", porque he llegado a callarme aun estando a solas, no imaginé que la persona que comenzó conmigo a compartir emociones de la vida se haya convertido en un desconocido.

No sé lo que es un golpe físico, jamás me ha levantado la mano, al contrario, siempre está con caricias. Pero sabe atacar, pincha la punta del puñal en el sitio clave y retuerce con la sierra del cuchillo, te conoce tan bien, sabe medir todos tus movimientos, eso sí, para agradar nunca sabe qué te gusta leer, una flor, una canción, tu perfume... ni qué regalarte porque eres muy difícil de complacer, y de tus días especiales, se las apaña de tal manera que te lo hunde por completo y encima se siente ofendido. Hacerme sentir culpable por cosas que pasaron antes de conocerlo a él, hacerte sentir como una cualquiera, llegar a preguntarte si en verdad has hecho algo mal. Anularme poco a poco, cada día un pinchazo más en la herida, llegar a bloquear todos los pensamientos, las ideas, a llegar a no ser capaz de esbozar ni la más mínima expresión de sentimientos. He llegado a tener miedo de todo, de hablar ni de mirar a ningún ser del otro género, por si acaso provoco una situación desagradable, hasta miedo de comprobar mi intelecto con alguien.

Y ahora viene lo bueno, le reclamas y encima te hace sentir más culpable porque no quiero creerme que es la enfermedad la que le hace actuar así; si yo estoy enferma, él más. Más culpable te sientes. He llegado a pensar que si recibiera un golpe físico, por lo menos se vería o lo verían, porque así nadie te cree; "tú con lo fuerte y lista que eres, cómo vas a consentir ciertas cosas"; y prometo que lo he intentado pero no soy capaz.

Siempre con miedo, miedo a no saber qué hacer luego, a aprender todo de nuevo, al qué dirán, porque eso sí, "fuera" del entorno, somos otra persona, aunque eso sí, cada vez se puede disimular menos y perdemos los papeles más a menudo y entonces gracias a los que están al lado ya empiezan a conocer al personal y aunque no sea consuelo, ya no soy sola la que se da cuenta de algunas cosas. Luego viene la segunda parte, cuando nos damos cuenta de que hemos metido la pata o no nos acordamos de nada o estamos como un niño pequeño lleno de vergüenza, suave como un guante como si nunca hubiéramos roto un plato; y entonces cómo tiene que ser tu reacción, ¿perdonas? Lo siento, no puedo; quizás es peor, más me lleno de odio y rencor, pero aún no puedo perdonar. Lo que más me indigna es el callar, aun sabiendo que te están haciendo mal, que te están ignorando y seguir callando. Hay muchas veces que intentas comprender la situación, pero es incomprensible que esta persona haya cambiado tanto, es totalmente irreconocible, se ha convertido en un monstruo, y lo peor, en verdugo. Todos los días es como un teatro, amanece y se abre el telón, ¡sorpresa! No sabes la obra ni la escena que se va a representar, todo felicidad o los nubarrones están por llegar.

Claro que yo ya contesto mal, y estoy a la defensiva, no soy una hermanita de la caridad, pero creo que eso es lo que va buscando, que le haga la contra, que sea yo la que empiece y él ser la víctima y hacerse el ofendido y el dolor más grande, a escondidas, se queja a nuestro hijo de cómo actúo; creo que intenta volverme loca.

Decides olvidar todo, del todo, recostarte en mi mirada perdida, cómoda, vacía, pero luego tu propio instinto de supervivencia te hace abrir las garras y defenderte como hace una madre con sus crías y llegas a hacerle cara y le dices que te has negado a ser su musa, te has cansado de la servidumbre, no vas a ser tú más la hereje, ni la causante de sus iras, de sus tensiones, de sus fracasos, no le vas a destruir más su paz. Elijo que no vas a lograr mi olvido, sí quiero ser la paria, la insuficiente, la que se equivoca a cada momento, la despistada, porque prefiero estar errada, estar perdida en el camino, insistir en lo que sí cuenta de verdad, y si mis preguntas abren grietas, si llego a mirarte te resquebrajas, si llego a abrir la boca, tú tiemblas es porque eres tú el que dependes de mí y no yo de ti.

Espejo: Al fin, Alma, el juego comienza, las agujas del reloj se mueven con su lento y pausado ritmo. Te toca a ti. Va a sonar la alarma, despierta. La mujer no puede vivir en cautiverio. Si está enjaulada huirá o morirá por dentro. No hay cadenas que aten, no podéis perder vuestro DNA.

Aprender a respetarse. Claro que existe el riesgo de recaer cuando se empieza de nuevo, pero para evitarlo la receta es ser muy respetuoso con las propias necesidades y emociones. Da igual lo que sea, no importa si hay violencia verbal, ambiental o física, debéis poner límites. La mayoría de las violencias se hacen para poder controlar, no hacen daño para hacer daño, sino para que sepas que la próxima vez pueden volver a hacerlo. Es difícil meterse dentro de vuestra piel y saber cuánto y cómo has sufrido. Cuánto y cómo estás sufriendo, ni desde cuándo. Tienes que negarte a la destrucción, no te expongas más al sufrimiento, al perdón falseado que nunca va a llegar. Y pide ayuda, una sola no puede.

Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto, lee, hazte el amor a ti misma, construye tu propia fortaleza sin olvidar anchas puertas y ventanas. Cultiva enormes amistades, rodéate de gente que te quiera, haberlas hay, te lo aseguro, enciende una hoguera y mantén el fuego siempre a tu alrededor para que el hervor de los sueños siga siempre latente. Deja de ser un campo magnético al que atrae todo el óxido de los naufragios. Ampara, por supuesto, pero tú primero. Guarda las distancias. Constrúyete. Cuídate. Protege tu poder, defiéndelo, hazlo por ti. Por todas las mujeres.

Alma: PROPÓSITO: NOVIEMBRE, VUELVO A NACER.

- Publicidad -
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
spot_img
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

MÁS NOTICIAS

«NOVIEMBRE» Relato de Lola Jiménez

- Publicidad -

Aquí tienes el texto completamente limpio, sin ningún número de página, enlace o etiqueta de referencia:

NOVIEMBRE

Si sigo todo al pie de la letra y quiero que se cumplan las leyes a rajatabla, voy a remitirme a la Ley Orgánica 3/2018 de 5 de diciembre que hace referencia a la Ley de Protección de Datos y no la voy a identificar, no voy a decir su nombre y apellidos, ni los tres últimos números de su DNI, ni su domicilio, pero NO la voy a callar, voy a darle voz; que su garganta no se seque, que sus ojos no vuelvan a llenarse de lágrimas o que estén secos por no saber llorar, que la comisura de su boca tiemble y se cubra de arrugas de tanto reír y para que vuelva a aprender a respirar.

Vamos a llamarla "Alma", sin apellidos, pero sin negarle toda su identidad. No puedo decirte la edad que tiene, da igual, la vida no la vamos a medir por edades. Yo tengo que presentarme, soy un objeto inanimado pero con mucha información; la conocí desde el primer soplo de vida que tuvo, la he acompañado siempre, a ella y a su familia, formo parte de su historia, y al igual que Alma, he sido retocado, restaurado, cambiado de sitio; no soy mágico, soy silencioso, sí soy muy crítico, pero no chismoso; puedo llegar a ser tu enemigo, tu alma gemela, tu hombro sobre el que llorar, tu incondicional, te puedo guardar los secretos y tengo grabados en millones de capas todos tus sentimientos, tus gestos, tus muecas, tus tics, tus posturas más sexys y las más feas. Te he visto nacer, crecer y ahora quiero que en este momento te pongas cómoda, siéntate en ese sillón, cógete tu taza de café, tápate con la manta si quieres y háblame, soy tu espejo, tu reflejo, todo lo que quieras que sea.

Antes de que Alma haga acto de presencia, voy a hablaros un poco de ella: Alma sí tiene ojos; sus ojos son fuentes por donde su alma se descarga del raudal de un manantial infinito; son grandes y negros como la noche más oscura y de vez en cuando brillan como luceros, su nariz muy fina, de perfecta forma y un poco larga sin que llegue a afearla, antes bien, le hace ennoblecer su expresivo semblante.

La primera vez que la vi me fascinó, era una polvorilla, no paraba, muy poca cosa físicamente, pero sin miedo a nada, eso sin respetar muchas veces las normas; todo le llamaba la atención. No se crio como una princesa entre algodones, lo hizo como una "persona", con todo lo que conlleva esa palabra, momentos buenos, subidas, bajadas, tropezones, baches, ratos de dulce, sueños por cumplir, objetivos que lograr; le enseñaron a luchar, a valorarse, a respetarse y a quererse, pero luego pasa lo que pasa, con el día a día, nos creemos que lo sabemos todo, y erramos y no una vez solo, lo hacemos continuamente, una tras otra, te levantas, algunas veces a medias, otras del todo.

Alma estaba acostumbrada a conseguir casi todo lo que se proponía, le resultaba fácil y eso a veces te puede llegar a ser un obstáculo para otras cosas; se fía demasiado de la gente, ni nadie es bueno del todo, pero malo tampoco, pero hay que pensar que la maldad y la bondad existen, y que hay muchas tonalidades de blancos y negros.

Aquí llega:

Espejo: Hola, Alma.

Alma: Buenos días, ¿cómo me ves hoy?

Espejo: Depende.

Alma: ¿Depende de qué?

Espejo: Según lo que quieras ver.

Alma: Uff, no lo sé. No sé nada.

Espejo: Empieza contando tu historia.

Alma: Me siento perdida, bloqueada, quiero recordar cómo comenzó todo; estaba enamorada o ahora no sé si era amor, un capricho o una rebeldía; era una persona sencilla, con una mirada muy penetrante, tranquila, me escuchaba o eso pensaba, ¿defectos? Como todo el mundo, ¿manías?, más que yo, imposible, ¿aficiones? En algunas coincidíamos; cierto que sí era celoso y yo tan tonta al principio hasta casi que me gustaba que fuera así.

Su familia me ignoraba desde el minuto cero que entré en sus vidas, no me importó, pensé que era un reto más a superar; económicamente con lo justito, pero no había problemas; ¿errores? Muchos cometí y los sigo cometiendo, no escuché las advertencias, ni los consejos, me cegué, tenía los ojos cerrados, no veía nada; de mi círculo casi todo lo dejé, no entiendo por qué tengo tanta dependencia emocional; lo defendía ante todos, hasta lo más indefendible.

Lo peor de todo es que creía que yo podía superar todo, que podía volver las cosas de mi lado; van pasando los días, las semanas, meses y años, y llegan los hijos, y más problemas, físicos, económicos, emocionales y tú te vas cada vez encogiendo más, vas desapareciendo, vas perdiendo a cada momento un poquito de ti, ya no solo a nivel de pareja, sino todo lo de alrededor, familia, trabajo, amistades y como la base fundamental no funciona, pues todo se viene abajo.

He perdido trabajos, confianza de mis padres, he lanzado muchas mentiras al mundo y a mí misma que es lo más grave, porque los míos siempre han estado y están ahí, podrán estar dolidos, pero todo lo perdonan. Me he convertido en un caracol, cuando puedo me meto en el caparazón; y cómo explico algunas veces estos sentimientos; no sé hacerlo; una de las palabras es "miedo", porque he llegado a callarme aun estando a solas, no imaginé que la persona que comenzó conmigo a compartir emociones de la vida se haya convertido en un desconocido.

No sé lo que es un golpe físico, jamás me ha levantado la mano, al contrario, siempre está con caricias. Pero sabe atacar, pincha la punta del puñal en el sitio clave y retuerce con la sierra del cuchillo, te conoce tan bien, sabe medir todos tus movimientos, eso sí, para agradar nunca sabe qué te gusta leer, una flor, una canción, tu perfume... ni qué regalarte porque eres muy difícil de complacer, y de tus días especiales, se las apaña de tal manera que te lo hunde por completo y encima se siente ofendido. Hacerme sentir culpable por cosas que pasaron antes de conocerlo a él, hacerte sentir como una cualquiera, llegar a preguntarte si en verdad has hecho algo mal. Anularme poco a poco, cada día un pinchazo más en la herida, llegar a bloquear todos los pensamientos, las ideas, a llegar a no ser capaz de esbozar ni la más mínima expresión de sentimientos. He llegado a tener miedo de todo, de hablar ni de mirar a ningún ser del otro género, por si acaso provoco una situación desagradable, hasta miedo de comprobar mi intelecto con alguien.

Y ahora viene lo bueno, le reclamas y encima te hace sentir más culpable porque no quiero creerme que es la enfermedad la que le hace actuar así; si yo estoy enferma, él más. Más culpable te sientes. He llegado a pensar que si recibiera un golpe físico, por lo menos se vería o lo verían, porque así nadie te cree; "tú con lo fuerte y lista que eres, cómo vas a consentir ciertas cosas"; y prometo que lo he intentado pero no soy capaz.

Siempre con miedo, miedo a no saber qué hacer luego, a aprender todo de nuevo, al qué dirán, porque eso sí, "fuera" del entorno, somos otra persona, aunque eso sí, cada vez se puede disimular menos y perdemos los papeles más a menudo y entonces gracias a los que están al lado ya empiezan a conocer al personal y aunque no sea consuelo, ya no soy sola la que se da cuenta de algunas cosas. Luego viene la segunda parte, cuando nos damos cuenta de que hemos metido la pata o no nos acordamos de nada o estamos como un niño pequeño lleno de vergüenza, suave como un guante como si nunca hubiéramos roto un plato; y entonces cómo tiene que ser tu reacción, ¿perdonas? Lo siento, no puedo; quizás es peor, más me lleno de odio y rencor, pero aún no puedo perdonar. Lo que más me indigna es el callar, aun sabiendo que te están haciendo mal, que te están ignorando y seguir callando. Hay muchas veces que intentas comprender la situación, pero es incomprensible que esta persona haya cambiado tanto, es totalmente irreconocible, se ha convertido en un monstruo, y lo peor, en verdugo. Todos los días es como un teatro, amanece y se abre el telón, ¡sorpresa! No sabes la obra ni la escena que se va a representar, todo felicidad o los nubarrones están por llegar.

Claro que yo ya contesto mal, y estoy a la defensiva, no soy una hermanita de la caridad, pero creo que eso es lo que va buscando, que le haga la contra, que sea yo la que empiece y él ser la víctima y hacerse el ofendido y el dolor más grande, a escondidas, se queja a nuestro hijo de cómo actúo; creo que intenta volverme loca.

Decides olvidar todo, del todo, recostarte en mi mirada perdida, cómoda, vacía, pero luego tu propio instinto de supervivencia te hace abrir las garras y defenderte como hace una madre con sus crías y llegas a hacerle cara y le dices que te has negado a ser su musa, te has cansado de la servidumbre, no vas a ser tú más la hereje, ni la causante de sus iras, de sus tensiones, de sus fracasos, no le vas a destruir más su paz. Elijo que no vas a lograr mi olvido, sí quiero ser la paria, la insuficiente, la que se equivoca a cada momento, la despistada, porque prefiero estar errada, estar perdida en el camino, insistir en lo que sí cuenta de verdad, y si mis preguntas abren grietas, si llego a mirarte te resquebrajas, si llego a abrir la boca, tú tiemblas es porque eres tú el que dependes de mí y no yo de ti.

Espejo: Al fin, Alma, el juego comienza, las agujas del reloj se mueven con su lento y pausado ritmo. Te toca a ti. Va a sonar la alarma, despierta. La mujer no puede vivir en cautiverio. Si está enjaulada huirá o morirá por dentro. No hay cadenas que aten, no podéis perder vuestro DNA.

Aprender a respetarse. Claro que existe el riesgo de recaer cuando se empieza de nuevo, pero para evitarlo la receta es ser muy respetuoso con las propias necesidades y emociones. Da igual lo que sea, no importa si hay violencia verbal, ambiental o física, debéis poner límites. La mayoría de las violencias se hacen para poder controlar, no hacen daño para hacer daño, sino para que sepas que la próxima vez pueden volver a hacerlo. Es difícil meterse dentro de vuestra piel y saber cuánto y cómo has sufrido. Cuánto y cómo estás sufriendo, ni desde cuándo. Tienes que negarte a la destrucción, no te expongas más al sufrimiento, al perdón falseado que nunca va a llegar. Y pide ayuda, una sola no puede.

Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto, lee, hazte el amor a ti misma, construye tu propia fortaleza sin olvidar anchas puertas y ventanas. Cultiva enormes amistades, rodéate de gente que te quiera, haberlas hay, te lo aseguro, enciende una hoguera y mantén el fuego siempre a tu alrededor para que el hervor de los sueños siga siempre latente. Deja de ser un campo magnético al que atrae todo el óxido de los naufragios. Ampara, por supuesto, pero tú primero. Guarda las distancias. Constrúyete. Cuídate. Protege tu poder, defiéndelo, hazlo por ti. Por todas las mujeres.

Alma: PROPÓSITO: NOVIEMBRE, VUELVO A NACER.

- Publicidad -

spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

MÁS NOTICIAS

client-image