Santoral del 10 de enero. Agatón, Arconte, Domiciano, Gregorio, Guillermo, Juan, Marciano, Melquíades, Pablo, Pedro, Petronio y Valerio.

    10 de enero. Sábado después de la Epifanía.

    Felicitamos con motivo de su onomástica a quien se llame: Agatón, Arconte, Domiciano, Gregorio, Guillermo, Juan, Marciano, Melquíades, Pablo, Pedro, Petronio y Valerio.


    Salmo

    Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra


    Evangelio de hoy

    Lectura del santo evangelio según San Lucas (4,14-22a):

    En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él.
    Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

    Palabra del Señor


    San Agatón papa que mantuvo íntegra la fe ante los errores de los monotelitas y promovió la unidad de la Iglesia convocando sínodos. (s. VII)

    San Arconte obispo en la región de Viviers (Francia) (s. VIII)

    San Domiciano obispo, en Melitene (Armenia) que trabajó con ahínco en la conversión de los persas (s. VII)

    San Gregorio de Nisa obispo, hermano de san Basilio el Grande, admirable por su vida y doctrina, que, por haber confesado la recta fe, fue expulsado de su sede por el emperador arriano Valente (s IV)

    San Guillermo abad y obispo, deseoso de soledad y meditación, se hizo monje en el monasterio cisterciense de Pontigny. Más tarde fue abad de Chaalis y, después, elegido obispo de Bourges, no abandonando nunca la austeridad de la vida monástica y distinguiéndose por su amor a los clérigos, a los cautivos y a los desgraciados. (s. XIII)

    San Juan el bueno obispo en Jerusalén, que en tiempo de la controversia acerca de la doctrina ortodoxa trabajó denodadamente en favor de la fe católica y de la paz en la Iglesia. (s.V)

    San Marciano Presbítero que se distinguió en Constantinopla en la ornamentación de las iglesias y en la ayuda prestada a los pobres. (s. V)

    San Melquíades papa oriundo de África, que conoció la paz concedida por el emperador Constantino a la Iglesia, pero víctima de los ataques de los donatistas, se distinguió por sus esfuerzos encaminados a obtener la concordia. (s. IV)

    San Pablo eremita en Tebaida (Egipto), uno de los primeros en abrazar la vida monástica (s. IV)

    San Pedro Urseolo siendo dux de Venecia, se hizo monje, distinguiéndose por su piedad y austeridad, y viviendo en un eremitorio cercano al monasterio (s X)

    San Petronio obispo y monje, que antes había abrazado la vida monástica en la isla de Lérins (s V)