11 de agosto. Mes dedicado a la devoción al Inmaculado Corazón de María. Martes de la XIX Semana del Tiempo Ordinario
Felicidades a los que se llaman Clara, Alejandro, Atracta, Casiano, Equicio, Filomena, Gaugerico, Rufino, Rustícola, Susana, Taurino y Tiburcio.
Salmo
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,1-5.10.12-14):
En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?»
Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»
Palabra del Señor
Santa Clara de Asís, virgen, que, como primer ejemplo de las Damas Pobres de la Orden de los Hermanos Menores, siguió a san Francisco, llevando una áspera vida en Asís, en la Umbría, pero, en cambio, rica en obras de caridad y de piedad. Enamorada de verdad por la pobreza, no consintió ser apartada de la misma ni siquiera en la extrema indigencia y enfermedad.
San Alejandro Carbonero. En Comana, en el Ponto, san Alejandro, de sobrenombre Carbonero, obispo, que a partir de la filosofía alcanzó la eminente ciencia de la humildad cristiana y, elevado por san Gregorio Taumaturgo a la sede episcopal de aquella Iglesia, fue célebre no sólo por su predicación, sino también por haber sufrido el martirio por el fuego (s. III).
Santa Atracta. En Hibernia (hoy Irlanda), santa Atracta, abadesa, que, según la tradición, recibió el velo de las vírgenes de manos de san Patricio (s. V).
San Casiano de Benevento. En Benevento, de la Campania, san Casiano, obispo (s. IV).
San Equicio de Valeria. En la provincia de Valeria, en Italia, san Equicio, abad, que, como escribe el papa san Gregorio I Magno, fue padre de muchos monasterios a causa de su santidad y, donde quiera que iba, daba a beber a los demás de la fuente de las Sagradas Escrituras (s. VI).
Santa Filomena niña, mártir de cuya vida se conoce poco, salvo las inscripciones en su tumba y los restos mortales que en ella fueron encontrados.
San Gaugerico de Cambrai, obispo, célebre por su piedad y caridad para con los pobres. Fue ordenado diácono por Magnerico de Tréveris y, elegido para la sede episcopal de Cambrai, ejerció el episcopado durante treinta y nueve años (s. VII).
San Rufino de Asís. En Asís, de la Umbría, san Rufino, a quien se considera primer obispo de aquella ciudad y mártir (s. IV).
Santa Rustícola de Arlés Provenza, en la Galia, santa Rustícola, abadesa, que gobernó santamente a sus monjas durante casi sesenta años. (s. VII).
Santa Susana de Roma. Bajo cuyo nombre, celebrado entre los mártires en los anales antiguos, en el siglo VI fue dedicada a Dios la basílica del Título de Gaio, junto a las termas de Diocleciano (s. inc.).
San Taurino de Évreux, a quien se celebra como primer obispo de esta ciudad (s. V).
San Tiburcio de Roma. En Roma, en el cementerio llamado «Ad duas lauros», en la vía Labicana, a tres miliarios de la ciudad, san Tiburcio, mártir, cuyas alabanzas cantó el papa san Dámaso (s. III/IV).




