12 de febrero. Mes dedicado a la Sagrada Familia. Jueves de la V Semana del Tiempo Ordinario.
Hoy celebran su onomástica los que llevan por nombre: Eulalia (Laia), Antonio, Benito, Ludano, Melecio y Saturnino.
Salmo
Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,24-30):
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo: «Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella replicó: «Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.»
Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija». Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.
Palabra del Señor
Santa Eulalia de Barcelona, virgen y mártir. Patrona de Barcelona y Perpignan (s. IV)
San Antonio Cauleas obispo en Constantinopla que en tiempo del emperador León VI trabajó denodadamente para asegurar la paz y la unidad en la Iglesia. (s. X)
San Benito de Aniano abad, que propagó la Regla benedictina, confeccionó un Consuetudinario para uso de monjes y trabajó con empeño en la instauración de la liturgia romana. (s IX)
San Ludano, peregrino oriundo de Escocia, que descansó en el Señor mientras peregrinaba al sepulcro de los santos apóstoles. (s. XIII)
San Melecio obispo de Antioquía, que, por defender la fe de Nicea, fue exiliado varias veces y falleció mientras presidía el primer Concilio Ecuménico de Constantinopla. San Gregorio de Nisa y san Juan Crisóstomo exaltaron su figura. (s. IV)
San Saturnino y compañeros mártires de Abitinia. En Cartago, ciudad de África, conmemoración de los santos mártires de Abitinia, que durante la persecución bajo el emperador Diocleciano, por haberse reunido para celebrar la eucaristía dominical en contra de lo establecido por la autoridad, fueron apresados por los magistrados de la colonia y los soldados de guardia. Conducidos a Cartago e interrogados por el procónsul Anulino, a pesar de los tormentos confesaron su fe cristiana y la imposibilidad de renunciar a la celebración del sacrificio del Señor, derramando su sangre en lugares y momentos distintos. (s. IV)




























