Santoral del 13 de septiembre. Juan, Amado, Emiliano, Julián, Litorio, Marcelino, Maurilio y Venerio.

    13 de septiembre. Mes de la Biblia. XXIV Domingo del Tiempo Ordinario. Hoy hay que ir a la Santa Misa.

    Felicidades a los que se llaman Juan, Amado, Emiliano, Julián, Litorio, Marcelino, Maurilio y Venerio.


    Salmo

    El Señor es compasivo y misericordioso,
    lento a la ira y rico en clemencia


    Evangelio de hoy

    Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35):

    En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
    Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.» El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

    Palabra del Señor


    San Juan Crisóstomo, obispo de Constantinopla y doctor de la Iglesia, antioqueño de nacimiento, que, ordenado presbítero, llegó a ser llamado “Crisóstomo” por su gran elocuencia. Gran pastor y maestro de la fe en la sede constantinopolitana, sufrió el destierro por la facción de sus enemigos, y al volver del exilio por decreto del papa san Inocencio I, como consecuencia de los maltratos recibidos de sus guardas durante el camino de regreso, entregó su alma a Dios en Comana, localidad del Ponto, el catorce de septiembre. (s. V).

    San Amado de Sens, presbítero y abad, célebre por su austeridad, ayunos y amor a la soledad, presidió sabiamente el monasterio de Habend, que había fundado junto con san Romarico (s. VII).

    San Amado de Sion, obispo de Sion en la actual Suiza, muerto en el destierro al que le condenó el rey visigodo Teodorico III (s. VII).

    San Emiliano de Valence, venerado como primer obispo de esta ciudad.

    San Julián de Ancira, presbítero, mártir bajo el emperador Licinio (s. IV).

    San Litorio de Tours, obispo, primer constructor de una iglesia dentro de los muros de la ciudad, por haber ya cristianos en ella. (s. IV).

    San Marcelino de Cartago, mártir, que siendo alto funcionario imperial muy relacionado con los santos Agustín y Jerónimo, se le acusó de ser partidario del usurpador Heraclión y, aún siendo inocente, por defender la fe católica fue asesinado por los herejes donatistas. (s. V).

    San Maurilio de Angers, obispo, nacido en Milán y discípulo de san Martín de Tours, que fue ordenado presbítero por éste, poniéndole al frente del pueblo de Colonna, y después, elevado a obispo, centró su preocupación en desterrar las supersticiones de los campesinos paganos. (s. V).

    San Venerio de Tiro Maggiore, eremita (s. VII).