Santoral del 16 de diciembre. Adela y Adelaida, Adón, Ageo, Azarías, Beano, Everardo y Macario.

    16 de diciembre. Martes de la III Semana de Adviento.

    Felicidades para los que llevan por nombre: Adela y Adelaida, Adón, Ageo, Azarías, Beano, Everardo, Macario y Vírgen.


    Primera Lectura

    Lectura de la profecía de Sofonías (3,1-2.9-13):

    ESTO dice el Señor:
    «¡Ay de la ciudad rebelde,
    impura, tiránica!
    No ha escuchado la llamada,
    no ha aceptado la lección,
    no ha confiado en el Señor,
    no ha recurrido a su Dios.
    Entonces purificaré
    labios de los pueblos
    para que invoquen todos ellos
    el nombre del Señor
    y todos lo sirvan a una.
    Desde las orillas de los ríos de Cus
    mis adoradores, los deportados,
    traerán mi ofrenda.
    Aquel día, ya no te avergonzarás
    de las acciones con que me ofendiste,
    pues te arrancaré tu orgullosa arrogancia,
    y dejarás de engreírte en mi santa montaña.
    Dejaré en ti un resto,
    un pueblo humilde y pobre
    que buscará refugio en el nombre del Señor.
    El resto de Israel no hará más el mal,
    ni mentirá ni habrá engaño en su boca.
    Pastarán y descansarán,
    y no habrá quien los inquiete».

    Palabra de Dios


    Salmo

    El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.


    Evangelio de hoy

    Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,28-32):

    EN aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
    «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.
    Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
    ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».
    Contestaron:
    «El primero».
    Jesús les dijo:
    «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

    Palabra del Señor


    Santa Adela o Adelaida.
    Nace en el año 931 en la península Itálica, y el destino le lleva a convertirse en emperatriz, casada con el rey Lotario. Ya madre, queda viuda con dieciocho años. En su segundo matrimonio, también regio, sufre la cárcel y el destierro. Regente emperatriz, retoma funciones de mando en tiempos de Otón III. Ahora muestra con sus obras lo muerta que estaba para sí misma y que la anterior piedad, la de toda su vida, fue un asunto sincero. La emperatriz se dedica a hacer el bien. Protege, socorre y consuela a los necesitados. Considera el poder como una carga para ella y un servicio para el bien del pueblo. No es injusta, ni vengativa con quienes le injuriaron en tiempo pretérito. Muestra esmero infatigable en las tareas de gobierno. Reza, se mortifica y expía por los pecados de su pueblo. Muere a las puertas del segundo milenio, en el año 999. (s. X).

    San Adón obispo que fue elegido para la sede siendo monje, y honró egregiamente la memoria de los santos al escribir un Martirologio. (s. IX)

    San Ageo profeta, que en tiempo de Zorobabel, gobernador de Judá, amonestó al pueblo para que reedificase la casa del Señor, hacia la cual debía encaminarse el tesoro de todas las gentes.

    San Azarías mártir.

    San Beano ermitaño.

    San Everardo que siendo duque de Friuli, fundó un monasterio de canónigos regulares, en el cual fue sepultado algunos años después de su muerte. (s. IX)

    San Macario de Collesano abad, eximio por su humildad y abstinencia, que presidió varios monasterio en el Mercurion y el Latiniano (s. XI)

    Santas Vírgenes mártires de África que en la persecución vandálica del rey arriano Hunerico, atormentadas con pesos y planchas ardientes, consumaron felizmente el combate del martirio. (s. V).