17 de septiembre. Mes dedicado a la Biblia y al arcángel san Miguel. Miércoles de la XXIV Semana del Tiempo Ordinario.
Felicidades a los que se llaman Adriana, Ariana o Ariadna, Hildegarda o Hilda, Roberto Belarmino, Columba, Francisco María, Lamberto, Manuel, Pedro, Reinaldo, Rodingo y Sátiro.
Salmo
Grandes son las obras del Señor
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,31-35):
En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.» Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenla un demonio; viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de publicanos y pecadores.» Sin embargo, los discípulos de la sabiduría le han dado la razón.»
Palabra del Señor
Santa Adriana de Frisia
Adriana, Ariana o Ariadna. Esclava del rey de Frigia que se convirtió al cristianismo, siendo ejecutada por dar testimonio de su fe. (s. I).
Santa Hildegarda de Bingen
En el monasterio de monte San Ruperto (hoy Rupertsberg), cerca de Bingen, en Hesse, santa Hildegardis (Hildegard, Hildegarda o Hilda), virgen, que expuso y describió piadosamente en libros sus conocimientos experimentales, tanto sobre ciencias naturales, médicas y musicales, como de contemplación mística. (s. XII).
San Roberto Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia, miembro de la Compañía de Jesús, que intervino de modo preclaro, con modos sutiles y peculiares, en las disputas teológicas de su tiempo. Fue cardenal, y durante algún tiempo también obispo entregado al ministerio pastoral de la diócesis de Capua, en Italia, desempeñando finalmente en la Curia romana múltiples actividades en defensa doctrinal de la fe. (s. XVII).
Santa Columba de Córdoba, virgen y mártir, que en la persecución desencadenada por los árabes confesó espontáneamente su fe ante el juez y demás magistrados, por lo que fue degollada frente a las puertas del palacio. (s. IX).
San Francisco María de Camporosso, religioso de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, que fue eximio por su caridad para con los pobres y por su entrega al bien y salvación de sus vecinos enfermos, haciéndose ofrenda como víctima de la peste arrasadora. (s. XIX).
San Lamberto de Lieja, obispo de Maastricht y mártir, que, desterrado, se retiró al monasterio de Stavelot y tiempo después, restituido a la sede, mientras desempeñaba brillantemente la función pastoral, siendo inocente fue asesinado por los enemigos de la Iglesia (s. VIII).
San Manuel Nguyen Van Trieu, presbítero y mártir en Vietnam, bajo el régimen del emperador Canh Thinh. (s. XVIII).San Pedro Arbués, presbítero y mártir, canónigo regular de la Orden de San Agustín, que dedicado en dicho reino a combatir supersticiones y herejías, fue asesinado ante el altar de la iglesia catedral a manos de algunos afectados por su oficio de inquisidor. (s. XV).
San Reinaldo de Mélinais, que abrazó la vida eremítica en las montañas de Craón, para mejor vivir los preceptos del Señor (s. XII).
San Rodingo de Argona, abad, fundador y piadoso prepósito del monasterio de Beaulieu, cercano a Lyon (s. VIII).
San Sátiro de Milán, cuyos insignes méritos relata su hermano san Ambrosio de Milán. Cuando aún no estaba iniciado en los misterios cristianos, sufrió un naufragio sin temor a la muerte, pero, salvado de las aguas, entró en la Iglesia de Dios para no morir con las manos vacías. Unido en íntima y mutua fraternidad a su hermano Ambrosio, fue enterrado por el obispo de Milán junto al mártir san Víctor de Milán. (s. IV).




























