Santoral del 18 de septiembre. José, Domingo, Eumenio, Eustorgio, Ferréolo, Océano, Ricarda y Senario.

    18 de septiembre. Mes dedicado al arcángel san Miguel y de la Biblia. Viernes de la XXIV Semana del Tiempo Ordinario.

    Felicidades a los que se llaman José, Domingo, Eumenio, Eustorgio, Ferréolo, Océano, Ricarda y Senario.


    Salmo

    Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor


    Evangelio de hoy

    Lectura del santo evangelio según san Lucas (8,1-3):

    En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

    Palabra del Señor


    San José de Cupertino merece capítulo aparte por su interesante vida, incluso para los no creyentes, Jorge Luis Borges decía: “Los católicos creen en un mundo ultraterreno pero he notado que no se interesan por él. Conmigo ocurre lo contrario: me interesa y no creo”

    José fue un fraile napolitano canonizado, se considera patrón de los astronautas, viajeros de avión, aviadores, de los mentalmente discapacitados y de los malos estudiantes. Y voy a explicar por qué.

    José quería ser admitido en un primer convento de frailes pero no le daba la mollera por lo que fue expulsado por ineptitud. Gracias a un tío suyo ingresó como terciario con los franciscanos. Pronto con su humildad, amabilidad, su espíritu de penitencia y de oración se ganó la estimación de sus compañeros que votaron por unanimidad su ingreso en la comunidad. Lo pusieron a estudiar para prepararse al sacerdocio, pero en los exámenes se quedaba en blanco, incapaz de memorizar nada, le era imposible responder. Llegó uno de los exámenes finales y después de meses de estudio José solo había sido capaz de aprenderse la frase: “Bendito el fruto de tu vientre Jesús”, al empezar el examen, el examinador dijo: «Voy a abrir el evangelio, y la primera frase que salga, será la que tiene que explicar». Y salió precisamente la única frase que el Cupertino se sabía perfectamente: "Bendito el fruto de tu vientre Jesús". En el examen definitivo los primeros diez que examinó el obispo respondieron tan maravillosamente bien todas las preguntas, que el obispo suspendió el examen diciendo: «¿Para qué seguir examinando a los demás si todos se encuentran tan formidablemente preparados?» y de esta manera aprobó los exámenes José de Cupertino.

    San José de Cupertino manifestó diversos fenómenos místicos pero sobre todo destacó por la levitación. Caía frecuentemente en éxtasis de los que solo salía si el superior lo llamaba. Tanto llegó a levitar que sus superiores tuvieron que excluirle del cargo de hebdomadario en el coro, pues en contra de su voluntad, interrumpía las ceremonias de la comunidad con sus vuelos.
    Muchos incrédulos acusaron a José de engañador, pero cuando lo veían con sus propios ojos se convertían arrepentidos. Tanta fue su fama que el papa Urbano VIII lo mandó llamar para ver si eran ciertos sus éxtasis pudiendo ser testigo en persona de uno de estos fenómenos. El príncipe protestante Juan Federico de Brrunswick-Luneburgo también vio las levitación convirtiendose al catolicismo junto con su sirviente.

    Aparte de sus “vuelos” (están documentados más de 70), José era humilde hasta para exorcizar, para ello usaba la siguiente frase contra los malignos: “Sal de esta persona si lo deseas, pero no lo hagas por mí, sino por la obediencia que le debo a mis superiores”. Y los demonios salían. También están descritos fenómenos de bilocación: José estaba en Asís y asistió a la muerte de su madre en Cupertino. Realizaba curaciones con la señal de la cruz, leía los corazones, convertía a protestantes. También, al igual que el fundador de su orden: San Francisco se comunicaba con los animales y profetizó el día y la hora de la muerte de dos papas.

    Así que los malos estudiantes y los flojos de mollera ya saben a quién tienen que rezarle en los exámenes.

    Santo Domingo Trachen Tonquín, de Indochina (hoy Vietnam), presbítero de la Orden de Predicadores y mártir, decapitado en tiempo del emperador Minh Mang por preferir la muerte a pisotear la cruz. (s. XIX)

    San Eumenio de Gortina, obispo (s. VII).

    San Eustorgio de Milán, obispo, a quien san Atanasio elogia por confesar la verdadera fe contra el error arriano (s. IV).

    San Ferréolo de Limoges, obispo, admirado por San Gregorio de Tours, que libró de un inminente peligro a Marcos, refrendario del rey Childeberto, a quien quería matar el populacho (s. VI).

    San Ferréolo de Vienne, mártir, que, según tradición, gozando de la potestad propia de los tribunos, rehusó detener cristianos, por lo cual, detenido por orden del prefecto, fue cruelmente azotado y encarcelado, y evadido y capturado de nuevo por sus perseguidores, fue decapitado, recibiendo así la palma del martirio (s. III).

    San Océano de Nicomedia mártir.

    Santa Ricarda de Andlau, quien, siendo reina, despreció el poder terreno por servir a Dios en el monasterio fundado por ella misma (s. IX).

    San Senario de Avranches, obispo (s. VI).