24 de abril. Viernes de la III semana de Pascua
Hoy celebran su onomástica los que se llaman: Fidel, Alejandro, Antimo, Benito, Bova, Deodato, Egberto, Gregorio, Guillermo Firmato, Cleofé, Cleofás, Salomé, María y Melito.
Salmo
Id al mundo entero y proclamad el Evangelio
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (6, 52-59):
EN aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este damos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.
Palabra del Señor
Santa María de Cleofás, o Cleofé, conocida así por ser la esposa de Cleofás, fue una mujer que estuvo presente en la crucifixión de Cristo. Fue una de las santas mujeres que acompañaron a Jesús en sus viajes. Asistió a su suplicio y a su entierro, y fue también una de las primeras que lo vieron después de resucitado. San Jerónimo identifica a María de Cleofás como la hermana mayor de María, madre de Jesús y como madre de los que fueron llamados hermanos y hermanas de Jesús.
Según los fragmentos de la obra Exposiciones de los Oráculos del Señor del Padre apostólico Papías de Hierápolis, que vivió cerca del 70-163 dC, Cleofás y Alfeo son la misma persona, y María, la esposa de Cleofás o Alfeo, sería la madre de Santiago el hermano de Jesús, de Simón y de Judas (Tadeo) y de un José.
San Fidel de Sigmaringen, presbítero y mártir, el cual, siendo abogado, decidió entrar en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, llevando una vida observante de vigilias y oraciones. Asiduo en la predicación de la Palabra de Dios, fue enviado a la región de Recia para consolidar la verdadera doctrina, y en Sevis, de Suiza, fue martirizado por los herejes calvinistas a causa de la fe católica. (s. XVII)
San Alejandro de Lyon mártir, que tres días después de la pasión de san Epipodio fue sacado de la cárcel, azotado y clavado en una cruz hasta expirar. (s. II).
San Antimo de Nicomedia obispo, y compañeros, mártires en la persecución bajo el emperador Diocleciano. Antimio, por confesar a Cristo, recibió la gloria del martirio al ser decapitado, y de la multitud de sus compañeros, unos fueron degollados, otros quemados vivos, otros abandonado en alta mar sobre naves, según dispuso el juez. (s. IV).
San Benito Menni presbítero de la Orden de San Juan de Dios, fundador de la Congregación de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús. (s. XX).
San Bova abad
San Deodato de Blois diácono y abad, que después de llevar vida anacorética, reunió discípulos a los que presidió (s. VI).
Santa Dova abadesa
San Egberto presbítero y monje, que se preocupó en la evangelización de varias zonas de Europa y convenció, ya anciano, a los monjes de Iona para que aceptasen el cómputo romano del día de Pascua, entrando a celebrar la eterna fiesta al término de la misa de la solemnidad pascual. (s. VIII).
San Gregorio de Elvira (Illiberris, hoy Granada) obispo, cuyo libro Sobre la Fe fue alabado por san Jerónimo. (s. IV).
San Guillermo Firmato eremita, que antes había sido canónigo y médico en Tours, pero después de una peregrinación a Jerusalén, se retiró a la soledad hasta su muerte. (s. XII).
Santa Salomé (las santas mujeres) que, junto con María Magdalena y María de Cleofás, muy de mañana del día de Pascua se dirigieron al sepulcro del Señor para ungir su cuerpo y recibieron el primer anuncio de la Resurrección (s. I).
Santa María de Santa Eufrasia Pelletier virgen, que fundó el Instituto de las Hermanas del Buen Pastor, para acoger piadosamente a las mujeres de vida ligera, llamadas Magdalenas. (s. XIX).
San Melito obispo, que, siendo abad, fue enviado por el papa san Gregorio I Magno a Inglaterra, donde fue ordenado obispo de los sajones orientales por san Agustín, y, después de sufrir muchas tribulaciones, accedió a la sede de Canterbury. (s. VII).




