Santoral del 28 de agosto. Agustín, Alejandro, Edmundo, Florentina, Hermes, Julián, Moisés, Pelagio, Restituto, Vicinio y Viviano.

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28 de agosto. Mes dedicado a la devoción al Inmcaculado Corazón de María. Jueves de la XXI Semana del Tiempo Ordinario, San Agustín obispo y doctor de la Iglesia.

Felicidades a los que se llaman Agustín, Alejandro, Edmundo, Florentina, Hermes, Julián, Moisés, Pelagio, Restituto, Vicinio y Viviano.


Salmo

Sácianos de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres


Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (24,42-51):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues, dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, mandándolo a donde se manda a los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

Palabra del Señor


San Agustín de Hipona, obispo y doctor eximio de la Iglesia, el cual, después de una adolescencia inquieta por cuestiones doctrinales y libres costumbres, se convirtió a la fe católica y fue bautizado por san Ambrosio de Milán. Vuelto a su patria, llevó con algunos amigos una vida ascética y entregada al estudio de las Sagradas Escrituras. Elegido después obispo de Hipona, en África, siendo modelo de su grey, la instruyó con abundantes sermones y escritos, con los que también combatió valientemente contra los errores de su tiempo e iluminó con sabiduría la recta fe. (s. V).

San Alejandro de Constantinopla, obispo, cuyas apostólicas súplicas, según escribe san Gregorio Nazianceno, lograron vencer al jefe de la herejía arriana (s. IV).

San Edmundo Arrowsmith, presbítero de la Compañía de Jesús y mártir, oriundo del mismo ducado, que, después de pasar muchos años entregado al cuidado pastoral en su patria, por ser sacerdote y haber llevado a muchos a la fe católica, con la oposición de los mismos protestantes del lugar, murió en la horca durante el reinado de Carlos I. (s. XVII).

Santa Florentina de Sevilla, virgen, a la que, por su gran conocimiento de las disciplinas eclesiásticas, sus hermanos San Isidoro de Sevilla y Leandro le dedicaron tratados de alta doctrina (s. VII).

San Hermes de Grecia, mártir, del que dice el papa san Dámaso: «Grecia lo envió y Roma lo retuvo después de padecer por el santo nombre» (s. III).

San Julián de Brivet, mártir. La tradición refiere que habiendo ido, por consejo de san Ferreolo, a aquel territorio en tiempo de persecución, alcanzó allí la palma del martirio (s. III).

San Moisés Etíope. Después de haber sido un conocido ladrón, se hizo anacoreta, convirtió a muchos de los suyos y los llevó con él al monasterio (s. IV).

San Pelagio de Constanza, mártir (s. III).

San Restituto de Cartago, obispo, en cuya festividad pronunció san Agustín un sermón al pueblo hablando de él (s. IV).

San Vicinio de Sarsina, primer obispo de esta ciudad (s. IV/V).

San Viviano de Saintes, obispo (s. V).

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Salmo

Sácianos de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres


Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (24,42-51):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues, dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, mandándolo a donde se manda a los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

Palabra del Señor


San Agustín de Hipona, obispo y doctor eximio de la Iglesia, el cual, después de una adolescencia inquieta por cuestiones doctrinales y libres costumbres, se convirtió a la fe católica y fue bautizado por san Ambrosio de Milán. Vuelto a su patria, llevó con algunos amigos una vida ascética y entregada al estudio de las Sagradas Escrituras. Elegido después obispo de Hipona, en África, siendo modelo de su grey, la instruyó con abundantes sermones y escritos, con los que también combatió valientemente contra los errores de su tiempo e iluminó con sabiduría la recta fe. (s. V).

San Alejandro de Constantinopla, obispo, cuyas apostólicas súplicas, según escribe san Gregorio Nazianceno, lograron vencer al jefe de la herejía arriana (s. IV).

San Edmundo Arrowsmith, presbítero de la Compañía de Jesús y mártir, oriundo del mismo ducado, que, después de pasar muchos años entregado al cuidado pastoral en su patria, por ser sacerdote y haber llevado a muchos a la fe católica, con la oposición de los mismos protestantes del lugar, murió en la horca durante el reinado de Carlos I. (s. XVII).

Santa Florentina de Sevilla, virgen, a la que, por su gran conocimiento de las disciplinas eclesiásticas, sus hermanos San Isidoro de Sevilla y Leandro le dedicaron tratados de alta doctrina (s. VII).

San Hermes de Grecia, mártir, del que dice el papa san Dámaso: «Grecia lo envió y Roma lo retuvo después de padecer por el santo nombre» (s. III).

San Julián de Brivet, mártir. La tradición refiere que habiendo ido, por consejo de san Ferreolo, a aquel territorio en tiempo de persecución, alcanzó allí la palma del martirio (s. III).

San Moisés Etíope. Después de haber sido un conocido ladrón, se hizo anacoreta, convirtió a muchos de los suyos y los llevó con él al monasterio (s. IV).

San Pelagio de Constanza, mártir (s. III).

San Restituto de Cartago, obispo, en cuya festividad pronunció san Agustín un sermón al pueblo hablando de él (s. IV).

San Vicinio de Sarsina, primer obispo de esta ciudad (s. IV/V).

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