28 de agosto. Mes dedicado a la devoción al Inmcaculado Corazón de María. Viernes de la XXI Semana del Tiempo Ordinario, San Agustín obispo y doctor de la Iglesia.
Felicidades a los que se llaman Agustín, Alejandro, Edmundo, Florentina, Hermes, Julián, Moisés, Pelagio, Restituto, Vicinio y Viviano.
Salmo
La misericordia del Señor llena la tierra
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,1-13):
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.» Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.» Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos.» Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco.» Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»
Palabra del Señor
San Agustín de Hipona, obispo y doctor eximio de la Iglesia, el cual, después de una adolescencia inquieta por cuestiones doctrinales y libres costumbres, se convirtió a la fe católica y fue bautizado por san Ambrosio de Milán. Vuelto a su patria, llevó con algunos amigos una vida ascética y entregada al estudio de las Sagradas Escrituras. Elegido después obispo de Hipona, en África, siendo modelo de su grey, la instruyó con abundantes sermones y escritos, con los que también combatió valientemente contra los errores de su tiempo e iluminó con sabiduría la recta fe. (s. V).
San Alejandro de Constantinopla, obispo, cuyas apostólicas súplicas, según escribe san Gregorio Nazianceno, lograron vencer al jefe de la herejía arriana (s. IV).
San Edmundo Arrowsmith, presbítero de la Compañía de Jesús y mártir, oriundo del mismo ducado, que, después de pasar muchos años entregado al cuidado pastoral en su patria, por ser sacerdote y haber llevado a muchos a la fe católica, con la oposición de los mismos protestantes del lugar, murió en la horca durante el reinado de Carlos I. (s. XVII).
Santa Florentina de Sevilla, virgen, a la que, por su gran conocimiento de las disciplinas eclesiásticas, sus hermanos San Isidoro de Sevilla y Leandro le dedicaron tratados de alta doctrina (s. VII).
San Hermes de Grecia, mártir, del que dice el papa san Dámaso: «Grecia lo envió y Roma lo retuvo después de padecer por el santo nombre» (s. III).
San Julián de Brivet, mártir. La tradición refiere que habiendo ido, por consejo de san Ferreolo, a aquel territorio en tiempo de persecución, alcanzó allí la palma del martirio (s. III).
San Moisés Etíope. Después de haber sido un conocido ladrón, se hizo anacoreta, convirtió a muchos de los suyos y los llevó con él al monasterio (s. IV).
San Pelagio de Constanza, mártir (s. III).
San Restituto de Cartago, obispo, en cuya festividad pronunció san Agustín un sermón al pueblo hablando de él (s. IV).
San Vicinio de Sarsina, primer obispo de esta ciudad (s. IV/V).
San Viviano de Saintes, obispo (s. V).




