Santoral del 3 de noviembre. Martín, Ermengol, Gaudioso, Guenael, Huberto, Ida, Juanicio, Libertino, Odrada, Pápulo, Pedro Francisco Nerón, Primino, Silvia y Wenefrida.

    3 de noviembre, mes dedicado a la oración por las Almas del Purgatorio. Lunes de la XXXI Semana del Tiempo Ordinario.

    Celebramos la onomástica de los que se llaman: Martín, Ermengol, Gaudioso, Guenael, Huberto, Ida, Juanicio, Libertino, Odrada, Pápulo, Pedro Francisco Nerón, Primino, Silvia y Wenefrida. Felicidades a todos ellos.


    Salmo

    Que me escuche, Señor, tu gran bondad


    Evangelio de hoy

    Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,12-14):

    En aquel tiempo, dijo Jesús a uno de los principales fariseos que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

    Palabra del Señor


    San Martín de Porres es un santo que se puede considerar español, porque en aquel entonces el Perú formaba parte de España en forma de virreinato. Era mulato.

    Nació Martín el 8 de diciembre de 1579, hijo de un importante hidalgo y de una mulata, en Lima (Perú). Martín comenzó a familiarizarse con el bien retribuido oficio de barbero, que en aquella época era bastante más que sacar dientes, extraer muelas o hacer sangrías. Martín supo hacerse un experto por pasar como ayudante de un excelente médico español. De ello comenzó a vivir y su trabajo le permitió ayudar de modo eficaz a los pobres que no podían pagarle. Por su barbería pasarán igual labriegos que soldados, irán a buscar alivio tanto caballeros como corregidores. Pero lo que hace ejemplar a su vida no es sólo la repercusión social de un trabajo humanitario bien hecho. Más es el ejercicio heroico y continuado de la caridad que dimana del amor a Jesucristo, a Santa María. Por el ejercicio de su trabajo y por su sensibilidad hacia la religión tuvo contacto con los monjes del convento dominico del Rosario donde pidió la admisión como donado para pasar luego a hermano. De todas la virtudes que poseía Martín de Porres sobresalía la humildad, siempre puso a los demás por delante de sus propias necesidades. En una ocasión el convento tuvo serios apuros económicos y el Prior se vio en la necesidad de vender algunos objetos, ante esto, Martín de Porres se ofreció a ser vendido como esclavo para remediar la crisis. Murió tal día como hoy en 1639.

    San Domnino de Vienne obispo, se dedicó a la redención de cautivos. (s. VI)

    San Ermengol de Urgel, este nombre equivale a: Hermenegaudio, Hermengaudio, Hermenegildo, Armengol, santo catalán de familia noble. Fue obispo, uno de los preclaros pastores que se cuidaron de restablecer la Iglesia en las tierras rescatadas del yugo de los sarracenos. Construyó un puente poniendo los materiales y su mano de obra, pero, resbalándose de lo alto, murió entre las piedras por fractura del cráneo. (s. XI).

    San Gaudioso de Tarazona obispo discípulo de san Victoriano, se distinguió en la defensa de la fe frente a la herejía arriana. (s. VI).

    San Guenael de Landevenec abad. (s. VI).

    San Huberto cazador, es el patrono de los cazadores.

    Santa Ida de Fieschingen (Suiza), reclusa. (s. XIII).

    San Juanicio de Antidio monje, después de más de 20 años al servicio de las armas vivió en solitario en las montañas del Olimpo, y solía acompañar su oración con estas palabras: Dios es mi esperanza, Cristo mi refugio, el Espíritu Santo mi protector. (s. IX).

    San Libertino de Agrigento obispo y mártir. (s. III/IV).

    Santa Odrada de Alem virgen, de Flandes. (s. XI).

    San Pápulo o Paplo de Lauragais mártir. (s. III/IV).

    San Pedro Francisco Nerón presbítero y mártir en Indochina en tiempo del emperador Tu Duc, vivió tres meses encerrado en una cueva estrechísima, donde, herido atrozmente con varas, se abstuvo durante tres semanas de todo alimento y consumó su martirio al ser finalmente decapitado. (s. XIX).

    San Pirmino de Reichenau obispo y abad, que evangelizó a alamanes y bávaros, fundó muchos monasterios y compuso para sus discípulos un libro para catequizar a los agrestes (s. III/IV).

    Santa Silvia de Sicilia madre del papa san Gregorio I Magno, de la que el mismo Pontífice dejó escrito que había alcanzado la cima de la oración y de la penitencia, siendo óptimo ejemplo para los demás (s. VII).

    Santa Wenefrida (Winifred) virgen, en Gales. Se cuenta que vivió, desde que era muy joven, asaltada por un hombre que intentaba seducirla del modo que fuera. Cansado e irritado por no conseguir su objetivo de violarla, cuando iba un día a la iglesia, la siguió. Estando la joven sumida en su intimidad con el Señor mediante la oración, se acercó y le dio muerte. Del lugar en el que cayó su cabeza, nació una fuente. (s. VII).