Santoral del 3 de septiembre. Francisco, Borja, Cándida, Cipriano, Dionisio, Gerardo, Hesiquio, Maximiano y Virila

    3 de octubre. Mes de la biblia.  Miércoles de la XXII Semana del Tiempo Ordinario.

    Felicidades a los que se llaman, Francisco, Borja, Cándida, Cipriano, Dionisio, Gerardo, Hesiquio, Maximiano y Virila (masculino)


    Salmo

    Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás


    Evangelio de hoy

    Lectura del santo evangelio según san Lucas (4,38-44):

    En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
    De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.»
    Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.
    Pero él les dijo: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.»
    Y predicaba en las sinagogas de Judea.

    Palabra del Señor


    San Francisco de Borja, (la parte santa de la familia de los Borgia), Francisco venía de una de las familias de más alta alcurnia española (Borja es lo mismo que Borgia), (virreyes, papas, duques, etc.) Aunque de niño fue muy piadoso y deseó hacerse monje, su familia lo mandó a la corte del emperador Carlos. Francisco llegó a ser «gran privado» del emperador. Fue también nombrado caballerizo mayor de la emperatriz Isabel de Portugal, esposa del emperador Carlos I. Isabel era considerada una de las mujeres más bellas de su tiempo y murió a la temprana edad de 36 años. Y ahí es donde tuvo lugar su conversión.
    Felipe, hijo de Isabel de Portugal, encabezó los funerales y Francisco de Borja organizó la comitiva que escoltó el cuerpo de la emperatriz hasta Granada, donde sería sepultado junto a los Reyes Católicos. Cuando se descubrió el féretro antes de introducirlo en el sepulcro (18 días después del fallecimiento), a fin de corroborar una vez más su identidad. Al ver descompuesto el rostro de la emperatriz que el mundo había admirado por su belleza, Francisco tuvo una fuerte moción interior y juró que nunca más serviría a un señor que se pueda morir.
    Después Carlos V le nombró Virrey de Aragón, cargo que desempeñó con eficiencia. Empezó a tener contacto con la Compañía de Jesús a la que ayudó mucho y cuando su esposa Leonor falleció, Francisco decidió entrar en la Compañía de Jesús llegando a convertirse en su tercer General.
    Dado su prestigio el Papa le ofreció el cardenalato que él rechazó dedicandose a ser predicador itinerante. Su labor en la Compañía y en las misiones fue ingente y sería demasiado prolijo reflejarlo aquí. (s. XVI)

    Santa Cándida de Roma, mártir de las catacumbas.

    San Cipriano de Toulon obispo, discípulo de san Cesáreo de Arlés, que defendió en varios sínodos la fe ortodoxa sobre la gracia, enseñando que nadie puede llegar a lo divino si antes no ha sido llamado por la gracia de Dios (s. VI).

    San Dionisio Areopagita, discípulo de San Pablo su apodo le viene de que vivía en el Areópago, barrio ateniense y sede del consejo del mismo nombre. Es el Patrón de Atenas junto a santa Filotea y san Jeroteo. (s. I).

    San Gerardo de Namur, primer abad del monasterio de Brogne, que él mismo había fundado. Trabajó para instaurar la disciplina monástica en Flandes y Lotaringia, y ayudó a muchos monasterios a recuperar la observancia primitiva. (s. X).

    San Hesiquio, monje, discípulo de san Hilarión y compañero suyo de peregrinación (s. IV).

    San Maximiano de Bagai, los herejes lo apalearon repetidas veces, lo tiraron desde lo alto de una torre, dejándolo por muerto, pero fue recogido por unos transeúntes, se recuperó y no dejó de luchar por la fe católica. (s. V).

    San Virila de Navarra abad (nombre masculino) (s. X)