Santoral del 7 de julio. Fermín, Edda, Edilburga, Marcos, María, Mel, Odón, Panteno y Willibaldo.

    7 de julio. Mes de la Preciosísima Sangre de Ntro. Señor Jesucristo. Martes de la XIV Semana del Tiempo Ordinario.

    Felicidades a los que se llaman Fermín, Edda, Edilburga, Marcos, María, Mel, Odón, Panteno y Willibaldo.


    Salmo

     Israel confía en el Señor


    Evangelio de hoy

    Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,32-38):

    En aquel tiempo, presentaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual.»
    En cambio, los fariseos decían: «Éste echa los demonios con el poder del jefe de los demonios.»
    Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor.
    Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.»

    Palabra del Señor


    San Fermín, obispo de Pamplona. El obispo de Tolosa San Saturnino le envió a predicar el Evangelio a Pamplona, le consagró por su primer obispo y, vuelto después de algunos años a las Galias, predicó el Evangelio en el norte de Francia, muriendo en Amiéns. (s. II)

    San Edda de Winchester, obispo de los sajones occidentales, varón preclaro por su sabiduría, que trasladó el cuerpo de [san Birino] desde Dorchester a esta ciudad, en la que fijó su sede episcopal. (s. VIII)

    Santa Edilburga de Ebreuil, abadesa del monasterio de Faremoutiers, que, siendo hija del rey de los anglos orientales, dio gloria a Dios con su gran abstinencia y su perpetua virginidad. (s. VII)

    San Marcos Ji Tianxiang, mártir, quien, a pesar de tener prohibido durante cuarenta años acercarse al banquete eucarístico porque le era imposible dejar el uso del opio, pese a ello no cesó de seguir pidiendo una muerte santa y, habiendo sido citado a juicio, profesó con firmeza su fe en Cristo y fue admitido al banquete eterno. (s. XX)

    Santa María Guo Lizhi y compañeros, que durante la misma persecución, cual otra madre de los Macabeos, dio ánimos a los siete miembros de su familia que le acompañaban en el lugar del suplicio, pidiendo que fuese ella la última en ser ejecutada, y así, habiéndolos visto partir previamente a todos al cielo, les siguió finalmente. (s. XX)

    San Mel Ruain obispo y abad en Tallaght, Irlanda, que trabajó incansablemente en renovar la sagrada liturgia, el culto de los santos y la vida monástica. (s. VIII)

    San Odón de Urgel, que, elegido obispo por aclamación del pueblo cuando era aún seglar, una vez confirmado defendió a los más humildes y fue bondadoso para con todos. (s. XII)

    San Panteno de Alejandría, varón apostólico, enriquecido con toda clase de sabiduría, conocedor en alto grado de la Palabra de Dios y amante apasionado de la misma, del cual cuenta la tradición que su fe y ardiente caridad le impulsaron a ir al más lejano oriente a predicar el Evangelio a los gentiles, retornando al final de su vida a Alejandría, donde descansó en paz, en tiempo del emperador Antonino Caracalla. (s. III).

    San Willibaldo de Dryopolis, obispo, el cual, habiendo abrazado la vida monástica, recorrió como peregrino muchos santuarios y lugares santos con el fin de establecer en ellos la vida monástica, hasta que san Bonifacio le ordenó obispo de esta sede e hizo de él un valioso colaborador suyo en la evangelización de Germania, convirtiendo a Cristo muchos pueblos. (s. VIII)