Santoral del 8 de agosto. Domingo, Altmano, Emiliano, Eusebio, Famiano, Marino, Mummolo, Pablo y Severo.

    8 de agosto. Mes dedicado a la devoción al Inmaculado Corazón de María. Viernes de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario

    Felicidades a los que se llaman Domingo, Altmano, Emiliano, Eusebio, Famiano, Marino, Mummolo, Pablo y Severo.


    Salmo

     Recuerdo las proezas del Señor


    Evangelio de hoy

    Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,24-28):

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad.»

    Palabra del Señor


    Santo Domingo de Guzmán. Memoria de santo Domingo, presbítero, que siendo canónigo de Osma se hizo humilde ministro de la predicación en los países agitados por la herejía albigense y vivió en voluntaria pobreza, hablando siempre con Dios o acerca de Dios. Deseoso de una nueva forma de propagar la fe, fundó la Orden de Predicadores, para renovar en la Iglesia la manera apostólica de vida, mandando a sus hermanos que se entregaran al servicio del prójimo con la oración, el estudio y el ministerio de la Palabra. Su muerte tuvo lugar en Bolonia, el día seis de agosto. Como curiosidad deciros que Guzmán es la castellanización del apellido inglés Goodman (Hombrebueno), que por su pronunciación quedó como Guzmán. Y la Virgen María le transmitió la oración del Rosario que a través de los dominicos se esparció por toda la cristiandad. (s. XIII).

    San Altmano de Passau, obispo de Passau, que fundó numerosas casas de clérigos siguiendo la Regla de san Agustín, restauró la disciplina del clero y, expulsado de su sede por el emperador Enrique IV por defender la libertad de la Iglesia, murió en el destierro. (s. XI).

    San Emiliano de Cízico, obispo, que, por defender el culto a las sagradas imágenes, soportó grandes sufrimientos por parte del emperador León y, finalmente, acabó su vida en el destierro (s. IX).

    San Eusebio de Milán, obispo, que trabajó intensamente por la fe verdadera y reconstruyó la iglesia catedral destruida por los hunos (s. V).

    San Famiano de Galese, eremita, que, nacido en Colonia, después de haber distribuido sus bienes entre los pobres y haber realizado piadosas peregrinaciones, murió en este lugar, revestido con el hábito Cisterciense (s. XII).

    San Marino anciano de Anazarbe, que, en tiempo del emperador Diocleciano y el prefecto Lysia, fue decapitado, y su cuerpo, por orden de dicho prefecto, arrojado para que lo devoraran las fieras (s. IV).

    San Mummolo de Burdeos, abad del monasterio de Fleury. (s. VII).

    San Pablo Ke Tingzhu, mártir. Era el jefe de la aldea cristiana y en la persecución desencadenada por los seguidores del movimiento Yihetuan, al ser despedazado ofreció a los demás un luminoso ejemplo de resignación cristiana. (s. XX).

    San Severo de Vienne, presbítero. (s. V)