8 de julio. Mes de la Preciosísima Sangre de Cristo. Martes de la XIV Semana del Tiempo Ordinario
Felicidades a los que se llaman Procopio, Adriano o Adrián, Áquila, Auspicio, Colomano, Disibodo, Gliceria, Juan, Landrada, Pancracio, Priscila o Prisca, Quiliano, Rufina, Segunda y Totnano.
Salmo
Yo con mi apelación vengo a tu presencia, Señor
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,32-38):
En aquel tiempo, presentaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló.
La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual.»
En cambio, los fariseos decían: «Éste echa los demonios con el poder del jefe de los demonios.»
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: «Las mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.»
Palabra del Señor
San Procopio, mártir, que en tiempo del emperador Diocleciano fue conducido desde la ciudad de Scytópolis a Cesarea, donde, por manifestar audazmente su fe, fue inmediatamente decapitado por el juez Fabiano (s. IV).
Santos monjes abrahamitas. En Constantinopla, muerte de los santos monjes abrahamitas, que, en tiempo del emperador Teófilo, sufrieron el martirio por defender el culto de la sagradas imágenes (s. IX).
San Adriano III papa, que trabajó incansablemente para que la Iglesia de Constantinopla se reconciliase con la Iglesia de Roma, pero atacado de una grave enfermedad, murió santísimamente cuando estaba de camino hacia las Galias. (s. IX).
San Áquila y santa Priscila o Prisca, colaboradores del apóstol San Pablo, a quien acogían en su casa y por el que expusieron sus cabezas (s. I).
San Auspicio obispo de Toul (s. V).
San Colomano de Turingia mártir. Evangelizó la Franconia y la Turingia oriental. Trabajó y fue compañero de martirio de san Quiliano (Kilian) y San Totnano. (s. VII)
San Disibodo de Renania, ermitaño, que, habiendo reunido algunos compañeros, fundó un monasterio junto al río Nahe (s. VII).
Santa Gliceria de Heraclea, mártir.
San Juan Wu Wenyin, mártir, que, siendo catequista, por negarse a renunciar a la fe cristiana y abrazar el paganismo, fue decapitado durante la persecución desencadena por los seguidores del movimiento Yihetuan. (s. XX).
Santa Landrada abadesa de Bilsen (s. VII).
San Pancracio de Taormina, mártir, que al parecer fue el primer obispo de esta Iglesia en Sicilia.
Santa Rufina y santa Segunda nacieron en Roma bajo el emperador Valeriano, que llevaría a cabo una terrible persecución contra los cristianos. Eran jóvenes. Estaban prometidas con sus novios, llamados Armentario y Verino.
Ellos eran también cristianos, pero apostataron de su fe en el Señor Jesús por miedo a la muerte. Consiguieron de la autoridades el libelo, un documento especial para estos casos.
Pensaban que iban a hacer como ellos. Las dos chicas tuvieron que salir de Roma porque sus prometidos se pusieron muy pesados y eran un incordio continuo.
Se marcharon a Etri, en donde había una finca de recreo. Era un chalet a las afueras de la gran urbe.
Sus novios las descubrieron y las denunciaron ante el gobernador Aequesilao.
Ante su presencia, con todo el amor del mundo y naciendo de nuevo, ratificaron que eran cristianas. Y sin ningún juicio, les cortaron las cabezas tal día como hoy del año 257.





























