El tiempo, medido con la regla de la Historia, puede ser muy largo o muy corto; según parezca. Corto, por su lejanía, parecerá el periodo de guerras civiles que, a la postre, dieron al traste con la República Romana. Largo, y con peso, parece el de la última guerra civil contemporánea de España (de las anteriores poco interés hay). Las consecuencias de una guerra civil siempre son dramáticas; y ante un drama, soluciones o planificación.
Nos recuerda la Doctora Tobalina que Octaviano (O. Augusto) detectó los males devenidos de la República y trató de solucionarlos. Tras un siglo de guerras civiles se encontró con el problema de la demografía y de la moral. Muchas de las familias que habían gobernado en Roma se habían extinguido o estaban a punto de hacerlo.
Para los romanos, que creían que un hombre era heredero de lo que habían hecho sus antepasados, el perder a los herederos de los grandes hombres que habían conquistado el Mediterráneo, era una terrible tragedia. También la moralidad se encontraba maltrecha; todo se compraba, todo se vendía, las familias estaban enfrentadas…, la gravitas (seriedad) romana se estaba desmoronando. Sendas leyes, la “Lex Iulia de Adulteriis” y la “Lex Iulia de Maritandis Ordinibus”, nacen como instrumentos de solución a aquellos problemas.
Ahora estamos sometidos, en todos los escenarios, a la planificación; y nuestro país está sirviendo de “tubo de ensayo” donde se planifican las posmodernas ideas globalistas que, si en una primera entrega, se centraron entre otras, en el aborto y el género, ahora las encontramos en la eutanasia o la segunda parte de la memoria histórica. Se trata de un “tubo de ensayo” bastante “exquisito”; en él no caben sustancias tales como el binomio España-Hispanidad o defensa de la vida. Se ha instalado una manera endofóbica de entender la historia y una sociedad más utilitarista, más materialista; de ahí que como materia que somos se pueda eliminar todo aquello que se ponga en el camino de la planificación; se pueda “aplastar” al ser humano.
Toda una suerte de trágalas a los que la sociedad española ha asumido su superioridad moral. Ha aceptado tanto ese discurso, que es prácticamente imposible desincrustárselo (ventana de Overton). En ello el sistema educativo ha sido, y seguirá siéndolo, pieza muy importante puesto que Gramsci ha vencido a Marx en la Historia al decir que primero la cultura (batalla cultural) y lo demás vendrá por añadidura.
Augusto falló, fundamentalmente, en sus soluciones morales. Se cuenta que el problema lo tenía dentro de la familia. Solo que no está claro que esto fuese así o un relato de la “memoria histórica” que después lo juzgó.
Benito Cantero Ruiz. Catedrático de Geografía e Historia y Doctor en Antropología





























