Un incendio por combustión interna en un almacén de estiércol genera una gran humareda en el Paraje de Castaño

Un insólito suceso sorprendió en la jornada de ayer al término municipal de Socuéllamos. Un gran almacén de estiércol destinado al abonado agrícola, ubicado en el Paraje de Castaño —junto a la Carretera de Tomelloso (CM-3102)—, sufrió un incendio de origen interno que generó una densa masa de humo. Aunque el siniestro comenzó en el día de ayer, las labores para apagar el fuego continúan activamente durante la jornada de hoy. El incidente supondrá la pérdida irrecuperable de miles de kilos de este producto orgánico y provocará pérdidas económicas calculadas en miles de euros para la empresa propietaria.

El fenómeno de la autocombustión en la materia orgánica

Aunque no hay evidencias objetivas, se cree que el origen del fuego no se debió a una fuente de ignición externa, sino a un proceso físico-químico característico de los grandes apilamientos de masa orgánica. Un incendio interno en un montón de estiércol se produce cuando el material comienza a calentarse paulatinamente desde el interior de la pila.

En las primeras fases, la fermentación biológica eleva la temperatura. Al superar aproximadamente los 70 u 80 °C, la actividad de los microorganismos se reduce, pero se desencadenan procesos químicos de oxidación que continúan acumulando calor de forma progresiva. Si la temperatura sigue aumentando y logra penetrar oxígeno en la estructura interna a través de grietas o porosidades, el material alcanza su punto de ignición. A partir de ese momento se inicia una combustión lenta sin llama (brasas) que, con el paso de las horas, puede derivar en un fuego abierto.

Complejidad en los trabajos de extinción

Tras recibir el aviso durante la jornada de ayer, diversos servicios de emergencia acudieron hasta el lugar. Sin embargo, la naturaleza de este tipo de siniestros hace que resulten extremadamente difíciles de sofocar mediante los métodos convencionales, ya que el agua aplicada sobre la superficie no logra penetrar hasta el núcleo incandescente del montón.

Por este motivo, en el día de hoy sigue siendo la propia empresa afectada la que encabeza las labores de control e intervención directa en el lugar. Los operarios continúan trabajando de manera continuada regando la masa con agua, separando y aislando las zonas afectadas mediante maquinaria pesada y vertiendo amplias capas de arena sobre el montón con el objetivo de sellarlo e impedir por completo la entrada de oxígeno, sofocando así la combustión interna.