Cerca de 200 catequistas de distintas parroquias de la diócesis participaron este sábado 3 de octubre en el Seminario Diocesano en el encuentro y envío diocesano de catequistas, una jornada de celebración y formación organizada por la Delegación Diocesana de Catequesis.
El encuentro comenzó con la celebración de la misa, presidida por el obispo, don Abilio Martínez Varea, en la que tuvo lugar el envío de los catequistas para el nuevo curso pastoral.
El delegado diocesano de Catequesis, Raúl López Hinarejos, explicó que la jornada quiere poner de manifiesto que la misión del catequista no se realiza de manera aislada, sino dentro de la Iglesia. «Formamos parte de una comunidad eclesial y de una Iglesia mucho más grande, que es la que nos envía y nos llama», señaló.
Durante la homilía, don Abilio insistió en que ser catequista nace, ante todo, de una vocación. «El catequista es aquel que ha recibido una llamada de Dios y responde a esa llamada», dijo, subrayando que esta respuesta se realiza «desde la Iglesia, en la Iglesia y como miembro de la Iglesia».
En este sentido, explicó que el mensaje que el catequista transmite no es propio ni depende de sus opiniones personales, sino que es el mensaje de Jesucristo recibido y custodiado por la Iglesia.
Don Abilio recordó la promesa de Cristo a sus discípulos: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Una presencia que, explicó, acompaña también la tarea cotidiana de los catequistas ante las dificultades, el cansancio, la falta de tiempo o las exigencias propias de su servicio.
Además, señaló tres aspectos fundamentales de la vocación del catequista: el testimonio, el cuidado de la propia fe y la formación. Sobre el primero, insistió en la necesidad de una vida coherente y de anunciar el Evangelio no solo con las palabras, sino también con las obras.
También recordó que el catequista necesita alimentar su propia fe: «Nadie da lo que no tiene». Por ello, animó a vivir los sacramentos y a cuidar la formación, tanto una formación básica como otra específica según las distintas edades y ámbitos de la catequesis.
Antes de concluir, don Abilio invitó a los catequistas a vivir su misión sostenidos por el Espíritu Santo: «Cuando tengáis ese cansancio, cuando tengáis esas dudas, invocad al Espíritu Santo para que os fortalezca y para que os haga permanecer fieles en la misión del catequista».
La Catequesis del Buen Pastor
Tras la eucaristía, Rocío Castelo presentó a los participantes la Catequesis del Buen Pastor, un itinerario catequético dirigido a niños de entre tres y doce años e inspirado en los trabajos de Sofía Cavalletti y Gianna Gobbi y en la pedagogía de María Montessori. Castelo es asesora Montessori y miembro de la Asociación de Catequistas del Buen Pastor de España.
Durante su intervención, explicó los fundamentos de esta propuesta y su forma de acompañar el desarrollo espiritual de los niños, acercándolos a la fe a través de una metodología adaptada a su edad y a sus capacidades.
La jornada concluyó con una comida compartida en el Seminario.
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