Santoral del 4 de octubre. Francisco, Áurea, Petronio y Quintín.

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4 de octubre. Mes dedicado al Santo Rosario. Sábado de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario. Día de san Francisco de Asís.

Felicidades a los que se llaman Francisco, Áurea, Petronio y Quintín.


Salmo

El Señor escucha a sus pobres.


Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,17-24):

En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron muy contentos y dijeron a Jesús: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»
Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.»
En aquel momento, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»

Palabra del Señor


Francisco de Asís merece capítulo aparte pues es uno de los santos más importantes de la historia de la Iglesia, podríamos decir que está en el “dream team” de los santos. Voy a reseñaros de una manera breve los hechos más relevantes de su vida, dejándome mucho porque su vida está plagada de anécdotas.
El siglo XII fue un siglo de riqueza y esta riqueza no le va bien a la Iglesia que en ese momento estaba totalmente adocenada, vendida a la mundanidad. Fue a través de Francisco que Dios volvió a purificarla y hubo un renacer de espiritualidad.
Francisco, de nacimiento Giovanni, nació en Asís, una ciudad italiana hijo de un rico comerciante de telas y una francesa, (de ahí viene el nombre con el que lo conocemos Francesco, “francesito”). De joven se puede decir que era un niño pijo, solo preocupado por salir a divertirse con su pandilla, y hacer correrías y gamberradas de joven rico.
En aquella época Italia no estaba unificada políticamente y las ciudades eran una especie de ciudades-estado que estaban en permanente guerra entre unas y otras en la larguísima confrontación entre partidarios del papa y del emperador.
Francesco tuvo el capricho de hacerse caballero para participar en la guerra contra Perugia. En la batalla Francesco fue hecho prisionero y pasó un año al menos en la cárcel. Al parecer en su cautiverio solo tenía un evangelio para leer y es allí donde Francesco dedicó largas horas a la meditación.
Cuando salió de la cárcel Francesco partió para unirse al ejército papal en su guerra con los germanos, y de acuerdo con los relatos, escuchó una voz que le aconsejó volver a Asís. A partir de ese momento Francesco cambió totalmente y vivía totalmente desapegado de lo terrenal. Empezó a vivir el evangelio. Se acercó a los leprosos, superando su aversión a ellos.
Un día oyó la voz de Jesús que le decía: “Reconstruye mi Iglesia”, Francesco lo tomó literalmente y empezó a reconstruir una pequeña ermita que había en las afueras. Su pandilla de niños pijos estaban perplejos y se acercaban a curiosear con lo que hacía, poco a poco muchos de ellos se fueron uniendo a él. Esta se llamaba Porciúncula (que quiere decir partecita)
Francesco vendió su caballo dando el dinero a los pobres y regaló las ricas telas de su padre. A éste lógicamente no le sentó bien y lo quiso denunciar a las autoridades. Francesco solo reconocía a las autoridades eclesiásticas, así que su padre lo llevó ante el obispo para reprenderlo. En vez de dejar su vida lo que hizo fue quedarse totalmente desnudo devolviendole la ropa a su padre, el obispo lo cubrió con su capa.
Hay innumerables cuentos y anécdotas del amor a la pobreza de Francesco y su especial relación con la naturaleza, el llamaba hermanos a todos los elementos de la creación ya fueran animados o inanimados, hermano sol, hermana luna, etc…
Viajó con sus compañeros a Roma y consiguió que el papa lo recibiera y aprobara una primigenia regla.
En aquella época estaban en plena cruzada y Francesco decidió ir a convertir a los musulmanes, se adentró en tierras mahometanas y lo primero que recibió es una paliza junto a sus acompañantes después lo llevaron ante el sultán que quedó sorprendido por su valentía. Francesco intentó convertirlo y, aunque el sultán de momento permaneció siendo musulmán si que permitió a los franciscanos una serie de privilegios de cara a la peregrinación a tierra santa. Ya que no veía otra forma Francesco pidió la “ordalía” o prueba de fuego para así demostrar que la religión cristiana era la verdadera pero los mulás lo rechazaron.
En la parte final de su vida Francesco fue el primer santo que recibió los estigmas, es decir signos visibles en su carne de la Pasión de Cristo, tenía una especie de clavos ennegrecidos formados por su propia carne en sendas heridas en manos y pies. Y en el costado una hendidura abierta en forma de rosa.
A los 44 años le visitó la que él llamaba la Hermana Muerte. Y dejó este mundo habiendo fundado una de las órdenes más importantes y características de la Iglesia Católica. A la vez que nació la orden franciscana nacieron también las clarisas, Santa Clara era amiga de la infancia de Francisco e influida por él lo imitó en su camino de santidad. Este resumen se queda muy cortito pero os invito a investigar más en la vida de Francisco de Asís que no tiene desperdicio. (s. XIII).

Santa Áurea de París, abadesa, designada por san Eligio para regir el monasterio que había fundado dentro de la ciudad según la Regla de san Columbano, en el cual llegaron a vivir trescientas vírgenes. (s. IX).

San Petronio de Bolonia, obispo, que pasó de las responsabilidades políticas a la función sacerdotal, y enseñó con sus escritos y su ejemplo la realidad del oficio episcopal (s. V).

San Quintín de Turón, mártir (s. VI).

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Santoral del 4 de octubre. Francisco, Áurea, Petronio y Quintín.

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4 de octubre. Mes dedicado al Santo Rosario. Sábado de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario. Día de san Francisco de Asís.

Felicidades a los que se llaman Francisco, Áurea, Petronio y Quintín.


Salmo

El Señor escucha a sus pobres.


Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,17-24):

En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron muy contentos y dijeron a Jesús: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»
Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.»
En aquel momento, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»

Palabra del Señor


Francisco de Asís merece capítulo aparte pues es uno de los santos más importantes de la historia de la Iglesia, podríamos decir que está en el “dream team” de los santos. Voy a reseñaros de una manera breve los hechos más relevantes de su vida, dejándome mucho porque su vida está plagada de anécdotas.
El siglo XII fue un siglo de riqueza y esta riqueza no le va bien a la Iglesia que en ese momento estaba totalmente adocenada, vendida a la mundanidad. Fue a través de Francisco que Dios volvió a purificarla y hubo un renacer de espiritualidad.
Francisco, de nacimiento Giovanni, nació en Asís, una ciudad italiana hijo de un rico comerciante de telas y una francesa, (de ahí viene el nombre con el que lo conocemos Francesco, “francesito”). De joven se puede decir que era un niño pijo, solo preocupado por salir a divertirse con su pandilla, y hacer correrías y gamberradas de joven rico.
En aquella época Italia no estaba unificada políticamente y las ciudades eran una especie de ciudades-estado que estaban en permanente guerra entre unas y otras en la larguísima confrontación entre partidarios del papa y del emperador.
Francesco tuvo el capricho de hacerse caballero para participar en la guerra contra Perugia. En la batalla Francesco fue hecho prisionero y pasó un año al menos en la cárcel. Al parecer en su cautiverio solo tenía un evangelio para leer y es allí donde Francesco dedicó largas horas a la meditación.
Cuando salió de la cárcel Francesco partió para unirse al ejército papal en su guerra con los germanos, y de acuerdo con los relatos, escuchó una voz que le aconsejó volver a Asís. A partir de ese momento Francesco cambió totalmente y vivía totalmente desapegado de lo terrenal. Empezó a vivir el evangelio. Se acercó a los leprosos, superando su aversión a ellos.
Un día oyó la voz de Jesús que le decía: “Reconstruye mi Iglesia”, Francesco lo tomó literalmente y empezó a reconstruir una pequeña ermita que había en las afueras. Su pandilla de niños pijos estaban perplejos y se acercaban a curiosear con lo que hacía, poco a poco muchos de ellos se fueron uniendo a él. Esta se llamaba Porciúncula (que quiere decir partecita)
Francesco vendió su caballo dando el dinero a los pobres y regaló las ricas telas de su padre. A éste lógicamente no le sentó bien y lo quiso denunciar a las autoridades. Francesco solo reconocía a las autoridades eclesiásticas, así que su padre lo llevó ante el obispo para reprenderlo. En vez de dejar su vida lo que hizo fue quedarse totalmente desnudo devolviendole la ropa a su padre, el obispo lo cubrió con su capa.
Hay innumerables cuentos y anécdotas del amor a la pobreza de Francesco y su especial relación con la naturaleza, el llamaba hermanos a todos los elementos de la creación ya fueran animados o inanimados, hermano sol, hermana luna, etc…
Viajó con sus compañeros a Roma y consiguió que el papa lo recibiera y aprobara una primigenia regla.
En aquella época estaban en plena cruzada y Francesco decidió ir a convertir a los musulmanes, se adentró en tierras mahometanas y lo primero que recibió es una paliza junto a sus acompañantes después lo llevaron ante el sultán que quedó sorprendido por su valentía. Francesco intentó convertirlo y, aunque el sultán de momento permaneció siendo musulmán si que permitió a los franciscanos una serie de privilegios de cara a la peregrinación a tierra santa. Ya que no veía otra forma Francesco pidió la “ordalía” o prueba de fuego para así demostrar que la religión cristiana era la verdadera pero los mulás lo rechazaron.
En la parte final de su vida Francesco fue el primer santo que recibió los estigmas, es decir signos visibles en su carne de la Pasión de Cristo, tenía una especie de clavos ennegrecidos formados por su propia carne en sendas heridas en manos y pies. Y en el costado una hendidura abierta en forma de rosa.
A los 44 años le visitó la que él llamaba la Hermana Muerte. Y dejó este mundo habiendo fundado una de las órdenes más importantes y características de la Iglesia Católica. A la vez que nació la orden franciscana nacieron también las clarisas, Santa Clara era amiga de la infancia de Francisco e influida por él lo imitó en su camino de santidad. Este resumen se queda muy cortito pero os invito a investigar más en la vida de Francisco de Asís que no tiene desperdicio. (s. XIII).

Santa Áurea de París, abadesa, designada por san Eligio para regir el monasterio que había fundado dentro de la ciudad según la Regla de san Columbano, en el cual llegaron a vivir trescientas vírgenes. (s. IX).

San Petronio de Bolonia, obispo, que pasó de las responsabilidades políticas a la función sacerdotal, y enseñó con sus escritos y su ejemplo la realidad del oficio episcopal (s. V).

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