Comercios de la calle Don Quijote

La calle Don Quijote, junto con la calle El Rosario, es la más céntrica de la población. De siempre ha sido una calle llena de comercios, sobre todo, en el tramo comprendido desde su inicio hasta su convergencia con la carretera de Las Mesas.

Actualmente, se llama calle de Don Quijote, aunque ha tenido otros nombres, en un principio se llamó Cruces Altas, y durante unos años, los posteriores a la guerra, se le llamó de los Caídos.

Alfonso López Mateo hace poco publicó en Facebook, en el grupo de “Fotos Antiguas de Socuéllamos”, un interesante trabajo que él tituló “Un ejercicio de memoria”, mediante el cual enumeró gran parte de comercios y establecimientos que en esta calle existieron en los años 40, 50, 60 y 70 del pasado siglo. Fue un gran trabajo el realizado por Alfonso, que yo como aficionado a la historia local le agradezco mucho, pero quedaron algunas personas, comercios o entidades, que se escaparon de su memoria y que yo los tengo en la mía, no porque tenga más memoria, sino porque tengo más años, y ellos me dan un panorama más amplio.

Además, como Cronista Gráfico de la Villa, quiero ilustrar este trabajo mío, basado en el de Alfonso, con varias fotografías de la calle, en el estado como se encontraba en aquellos años.

Siguiendo la ruta del trabajo de Alfonso, que parte de la esquina derecha de la calle Pedro Bustos-Don Quijote, encontrábamos:

Mercería de Vicente Alarcón. Atendida por su propietario, su señora, y una dependienta que quiero recordar se llamaba Antonia.

Zapatería José Muñoz. Con un amplio escaparate y su letrero que decía “Calzados Muñoz, Sucesor de E. Barrajón”.

Después en este local estuvo José López, con su tienda de venta y preparación de aparatos de radio, por lo que se le nombra y conocía como Pepe el de las “Arradios”

Taller de Reparación de Calzados Mentirillas.

A continuación, venía la placeta, que se llamaba del General Mola, que actualmente ha recuperado su primitivo nombre “Placeta del Polaco”. Así se llamaba, porque en ella hubo en la antigüedad un establecimiento regentado por un nativo de Polonia.

En esta placeta recuerdo la peluquería de Felipe “el barbero”; la casa y consulta del médico José Pizarro; y la tienda de Melquiades Lara, atendida por sus hijos Antonio, Jesús y Matilde, que terminó siendo un estanco.

En esta placeta se ponía a vender pipas y caramelos, en un carrillo con ruedas, José María Cabañero, por lo que desde entonces se le conoce por José María “el del carrete”. Después de unos años le autorizaron a hacer allí un quiosco de obra, donde siguió con su negocio de venta de “chuches”.

Farmacia de José Benito Núñez, que antes fue Farmacia Solares y después Farmacia Irnán. En ella atendía como mancebo, Santiago Moreno, que llegó a ser tan popular que se solía decir Farmacia de Santiago.

La tienda de comestibles de Belarmino, donde abrieron, con entrada por la calle General Aguilera, una vinacoteca donde servían con gran éxito vino a granel con estupendas tapas de la tienda.

Muebles Pepe Sáez, establecimiento ahora cerrado.

Tintorería de Paquillo.

Bazar Chimola.

Gaseosas Leal. Fábrica de gaseosas y sifones, posiblemente sea el negocio todavía en activo más antiguo de Socuéllamos. Recuerdo a esta familia con muchísimo cariño, siempre y a cualquier hora estaban dispuestos para atender a todo el vecindario, Miguel, Paca y Paquita.

Clínica Veterinaria de Francisco Sáez Cuesta, se pasaba a través de unas viejas portadas, accediendo al herradero de José Mena, quien con la ayuda de su hijo Dionisio, herraba a mulas, burros y caballos.  

Casa de Doña Pepa. Viuda de Rafael Aguilar, casa señorial, tanto que disponía de su propia capilla, que, aunque era de propiedad privada, se celebraba misa para todo el público, oficiada por don Prisciliano Seco Calderón, que era el capellán de la Residencia de San Ramón.

Tenía esta casa un local alquilado para la sucursal del Banco Central, en el que después, de forma provisional, estuvieron las oficinas del ayuntamiento en el año 1960, mientras duraron las obras del nuevo edificio consistorial.

Las verjas de Meneses, en las que varias generaciones de niños socuellaminos hemos juagado subiéndonos y bajándonos.

Exposición de Muebles Nieto. Haciendo esquina con la calle Pedro Arias. En este edificio en el que antes de la guerra hubo un casino, estaban los escaparates de los muebles de Avelino. En sus paredes exteriores se colgaban las carteleras del Cine Cervantes, y en un trozo de la acera, los domingos y festivos, se ponía el puesto de los cacahuetes, palabra que en Socuéllamos tiene su deformación, diciéndose “alcagüetes”.

En el siguiente esquinazo estaba, y sigue estando, la casa de Álvaro Muñoz, y justo al lado, por un tiempo recuerdo ver la imprenta de Gráficas Aurora.

Mercería de Leoncio Osa.

Bar Zaida. Durante una época fue el café-bar de moda.

Después estuvo la tienda de ultramarinos de Luisa Giménez, regentándola más tarde su hijo Agustín Cañadas Giménez, quien la trasformó en los últimos tiempos en un estanco.

La casa de Antoñico. Recuerdo ver allí un taller de carpintería de la familia Hinarejos. También en un local de esta casa estuvo la Librería Antequera, atendida por su hija Aurorita.

Más tarde, el yerno de Antoñico, Jesús López Montoro, distribuyó en esta casa la Cerveza Mahou, hasta que trasladó el almacén a la carretera de las mesas, a un edificio de Antoñico, que antes había sido serradora y después salón de bodas.

Relojería de Angulo.

Peluquería Abraham, por la que hemos pasado varias generaciones de socuellaminos, prolongada ahora en su hijo Javier López.

Confitería Grueso, regentada por su dueño Enrique Grueso, que después paso a ser Confitería Andrés.

Don Andrés Díaz Navajas. Dentista con su consulta en el piso superior.

Perfumería Moya. Regentada por su dueña Vicenta Moya y su sobrino José Vicente.

La Lechería de Pilar, y antes en este mismo local una señora, que quiero recordar se llamaba Joaquina, vendía pipas y cacahuetes.

Perfumería del Real, que antes había sido de “Chinrru”

Vivienda de Julio Mata, cura párroco de Socuéllamos.

Ferretería Alarcón, también era armería donde su podía comprar toda clase de escopetas.

Cine San Miguel. Era un cine de verano, al aire libre, donde a diario se proyectaban películas. Se conocía como el Cine del Pirata.

Relojería Palatino, en un pequeñísimo local, junto al banco.

Banco Español de Crédito. Junto con el Banco Central, eran las dos únicas entidades bancarias de la población.

Farmacia Olmedilla, eran varias hermanas solteras, hijas del farmacéutico, que al morir su padre tuvieron que vender la casa donde estaba la farmacia.

Familia Algarra (Victoriano, Marino, Jesús, Carmen y Elisa), primero tuvieron una guarnicionería, regentada por su padre, creo recordar se llamaba Sixto, y después montaron una mercería, en la que despachaban Jesús y Elisa. Al mismo tiempo funcionó, con gran éxito, la Cafetería Algarra, atendida por Victoriano y Marino. En el año 1965 vendieron, en la mercería y en la cafetería, la lotería de navidad que resultó premiada con el tercer premio.

Sastrería Rogero. El matrimonio Francisco Rogero y Antonina Cantalapiedra, él sastre y ella maestra de escuela, instalaron su sastrería en un modesto edificio que hacía esquina con el Paseo Cervantes, el que hundieron y trasformaron en el bonito edificio que hoy contemplamos.

Librería Cervantes. En el esquinazo del edificio de Rogero, se instaló la Librería Cervantes, por la empresa Imprenta Cervantes de Villarrobledo, atendida por Antonio y Arturo, que vinieron, durante años, a diario desde Villarrobledo para atender la librería.

Banco Central. El propio banco  hizo un edificio para sus oficinas, en donde antes estuvieron otros comercios, quiero recordar una ferretería que se llamaba “La Casa del Labrador”

Consulta del médico don Avelino Fernández, donde después estuvo la Peña de Villalta, y por allí a esa altura de la calle, un almacén de Perona, con las gaseoso “La Casera”.

Peluquería de Marino Cortinas.

Carpintería Pitoño.

La Tienda de Ángel “el de la Obdulia”.

La Cooperativa.

En el lado izquierdo, empezando desde el principio:

Exposición de Muebles de los Hermanos Sáez (Pepe y Luis)

Hojalatería de Miguel Sobrino, en la misma casa, su hermana tenía escuela.

Horno y Panadería. Fundada por Vicente Romero del Hombrebueno Sánchez-Montañés y su esposa María Antonia Fernández Díaz de Mera, que llegaron desde Daimiel. Casa y horno se conocían y nombraban cono el Horno de Vicentón o el horno de la María Antonia, en el que trabajaron además de los fundadores sus 10 hijos.

Churrería de Trompiquillas. Fundada por Miguel Sánchez Carrión, atendida por él y su mujer. Después en este local pusieron perfumería, que la atendía su hija Juliana y últimamente hubo una gestoría.

Taller de bicicletas de Filillo, a cargo de Feliz Sánchez Carrión.

Estanco de Alarcón. Su fundador había estado en la guerra de Cuba, y estuvo hasta muy mayor al frente del estanco, traspasándolo después, primero a la tienda de Calzados Barrajón, y más tarde a la tienda de Melquiades.

Almacén de materiales de construcción Josmoral, tenía en esta calle la tienda-oficina, y despachaba los materiales por la calle Sancho Panza.

Tienda del Carrete. José María Cabañero y su mujer, trasladaron su negocio del quiosco de la Plaza del Polaco a este local, donde después funcionó durante un poco tiempo un bar que se llamaba El Quijote.

Oficina de la Caja Rural. La primera oficina de la Caja Rural se instaló en esta calle de Don Quijote, precisamente enfrente de la tienda de Belarmino.

Muebles Modeluba. Empresa de muebles fundada por Luis Sáez y Basilio Alcolea Román.

Tienda de Alberto Fernández. Haciendo esquina con la calle Retamosa, que hoy se llama Francisco Giménez, estaba esta mercería, con entrada casi en la esquina.

Los billares de Requena. Anteriormente había sido un bar, que le decían el bar de Machaco. Yo solo lo conocí como un salón de billar, en el que había seis mesas, para jugar, había que pedirle las bolas a Rosa o a Teo; en la misma casa, pero con entrada por otra puerta, estaba el taller de radio de Francisco Requena.

Tienda de Calzados de José Barrajón. Al frente de ella el dueño y su mujer Angelita.

Alpargatería Onteniente. Además de alpargatas y zapatillas, también se hacían persianas.

Sastrería Baides. Era una sastrería que además vendía camisas y otras prendas de caballero, al frente como dependienta estaba Rosa, que era hermana de Baldomero Baides.

Confitería Manolo. Con sus riquísimos helados Manolete. (Es uno de los establecimientos más antiguos de Socuéllamos, pues ha estado abierto, hasta hace muy poco, bajo la dirección de su hijo Miguel Ángel Pozuelo).

Taller de Bicicletas de Palatino. Trabajaban los dos hermanos Paco y Agustín. Se entraba por la calle Pedro Arias.

Muebles de Avelino Nieto.

Coche de Camacho. Tenía un coche al punto (taxi)

Tejidos y Confecciones Pedro Montero. Que después, en este local pusieron  Modas Barcelona.

Librería Antequera. Hubo un tiempo que la trasladaron de la acera de enfrente a esta.

Taxis o Coches de Punto. Gregorio Fernández y sus hijos Timoteo, Gregorio y Mariano, disponían de varios coches que ofrecían como taxis.

Oficina de Telégrafos. Al frente de la cual, como jefe, estaba Miguel Sobrino Requena y su mujer, y como oficiales recuerdo a Marcelino Navarro, Luis López y Julio Rico.

Peluquería de Señoras Hermanas Muñoz.  Quizás la más antigua de Socuéllamos, o al menos yo no recuerdo que hubiera otras. Atendían a su numerosa clientela las tres hermanas, Salvadora, Catalina y Milagros y en ocasiones les ayudaba una sobrina que se llamaba Isabel.

Tienda de Alberto Fernández. Fue trasladada desde su antiguo emplazamiento en esta misma calle, a este nuevo local.

Barbería del Revelado. Al final de un patio, había que subir las escaleras, pues estaba en el primer piso. En ella trabajaban José María y Vicente, y recuerdo también ver allí trabajando al padre de ambos. Como oficial recuerdo a Ovidio Aragón. En la planta baja de la peluquería, recuerdo ver juegos recreativos (futbolines).

Oficina de ventas de vino. Recuerdo un jovencísimo José López Osa, que instaló una oficina como corredor de vinos al por mayor.

Electro Castillo. Durante un tiempo Alfonso Castillo instaló una tienda de electricidad, que antes o después la tuvo en el Paseo de Cervantes.

Manuel Arribas. Estupendo comercio de tejidos, yo lo recuerdo ya en sus últimos tiempos, en el que Manuel Arribas, ya muy mayor, estaba al frente del establecimiento. En este local después, estuvo el estanco de Heliodoro y la perfumería de Hidalgo.

Ferretería de Salustiano y Manolo. Antiquísima ferretería, yo la recuerdo desde siempre.

Bar El Nido. Regentado por Claudio Bermejo, con la ayuda de su mujer en la cocina y un camarero que se llamaba Gregorio Morales.

Casa de Don Víctor. En la que había tres locales comerciales, uno de ellos lo ocupaba farmacia de Don Víctor Díaz de Rada, y los otros dos:

Calzados Molina y Lanas Sair de Antonio Cano Morales.

Talleres Nach. Era un taller de reparaciones de coches, creo que era de dos socios, uno de ellos se llamaba Rafael Barroso. Después estuvo, en este local, Galerías del Real.

Confitería.  Regentada por la Marieta que es hija de Manolo el confitero.

Antonio Torres Cuevas. Venta y reparación de aparatos de radio (todavía no había TV). En este mismo local estuvo la Churrería, atendida por Pili y Esperanza, y su madre.

Droguería de Santiago Lara. Además de droguería, donde se vendían barnices y pinturas, don Santiago Lara tuvo un taller de arte religioso.

Muebles del Pozo. Tenía en esta calle la exposición y el taller en un callejón contiguo. En este mismo local, después estuvo la tienda de Manuel Cañadas, convertida hoy en estanco.

Posada de Venancio. Funcionó hasta los últimos años 40 o principios de los 50.

Cuartel de la Guardia Civil. Convertido hoy su solar en un moderno edificio de viviendas.

Bodega Navarro. En cuyos solares se edificó el colegio de las monjas.

Bodega del Francés. Hoy convertido su solar en granes bloques de pisos

Bodega de Lambies. Hoy convertidos su solar en grandes bloques de pisos.

Socuéllamos siempre ha sido una población con un magnífico comercio, instalado en las principales calles, como así también decenas de pequeñas tiendecitas de barrio en el que había de todo, completado el comercio con un magnífico mercado de abastos con dos pisos, en el que de forma separada se vendía, en el primer piso pescado y frutas, y en el segundo carnes. Todavía, pese a los grandes supermercados, se conserva gran parte de comercios y tiendas. Apoyemos el comercio local, comprando en Socuéllamos.

Antonio Reales Parra. Cronista Gráfico de la Villa de Socuéllamos

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