“Empieza un nuevo curso ¿Qué hacen los profesores?" de Benito Cantero

Volvemos a estar a las puertas del comienzo de un nuevo curso académico y, una vez más (la mismo que los “matracones” anuncios), esta pregunta se lee y se escucha frecuentemente ante la debacle de la enseñanza. La respuesta es poco alentadora.  Releyendo a Paloma Hernández y a José Sánchez Tortosa (“El culto pedagógico”) llegamos a la misma conclusión: es muy poco lo que se puede hacer. Eso sí, excepto someterse al formalismo pedagógico, que siguiendo el modelo roussoniano, frente al “tradicional” agustiniano, ha supuesto la consolidación del último proyecto ilustrado que tanto impacto tuvo en la ILE (1); nicho en el que la educación tuvo primacía sobre la instrucción. Aquel modelo lo expuso Rousseau en su “Emilio o la educación”, donde consideraba una naturaleza impoluta, la del discente, que habría que ser salvada, en el plano educativo, de una sociedad corrupta y, aunque esto vino después, de determinadas instituciones como fuerzas que oprimen la libertad del individuo. Instituciones tales como la familia, la Iglesia (Católica, especialmente), la escuela, la figura de autoridad, etcétera.

Con la prevalencia roussoniana se impone la emocionalidad del alumno, el culto a los apetitos más primarios, tanto en los centros de enseñanza como en la sociedad en general y, por ende, un “antiintelectualismo” que se enorgullece de no necesitar el conocimiento riguroso para alcanzar el fin formativo en general. Todo esto ha llevado a que los contenidos ideológicos estén cada vez más presentes en la enseñanza; siendo colocados, en los últimos planes educativos, como asignaturas o temas transversales.

El papel del profesor queda, de esta manera, relegado a ser un “entretenedor” de niños carentes de argumentos críticos como, por ejemplo, hacer frente a los excesos del poder. El buen docente es tenido por tal, en función de la buena maña que tenga para encontrar la dirección innata del alumno, de ahí el papel relevante de los juegos y el entretenimiento audiovisual. Sólo que silencio y autoridad son básicos para el alcance de contenidos. La atención requiere silencio, lo que debe imponerse previa actividad formativa; por ejemplo, interiorizando el alumno, que no podrá pasar de curso si suspende asignaturas. Además de que cada materia conlleva la propia pedagogía con la que debe ser enseñada; siendo el alumno el que debe adaptarse a cada una y no al revés.

Benito Cantero Ruiz. Catedrático de Geografía e Historia y Doctor en Antropología

1 La tan “cacareada” Institución Libre de Enseñanza

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