“…En España hay dos fantasmas: la revolución y la represión” (I) de Benito Cantero

La Historia se debe escribir con documentos y no con sentimientos. Si es triste el olvido también puede serlo la manera del recuerdo o el cómo se recuerda. (F. García de Cortázar)

Aprincipios del siglo XX, España unos dieciocho millones de personas sin contar la sangría de las Guerras Carlistas y la emigración a América; podemos hablar de una demografía potente. Esta pujanza poblacional no corría paralela al ámbito político; aquí nos encontramos con un sistema de gobierno monárquico que acusaba el olor rancio de instituciones, algunas caducas y otras sin renovar. Alfonso XIII era un rey simpático1 que no cultivó sus relaciones intelectuales. Por lo que, si fue popular, no impidió que en 1931 lo “despidiesen”. Esto no supuso un drama nacional, la gente siguió pasándoselo bien con los pasodobles, los toros y otros divertimentos de la época. La imagen sufridora emanaba más bien de los poetas y de las elites intelectuales, similar a lo que ocurrió en el “98”, y antes había pasado con Quevedo cuando mostró esa veta lastimera y pesimista.

Desde 1898, e incluso antes, se había puesto en marcha, “desde arriba”, un plan de regeneración y modernización de España. La idea era aplicar la idea de que “de cualquier crisis de resuelve a golpe de modernidad”. Pero España no lo hará al ritmo que sí lo hizo, por ejemplo, Francia tras la guerra franco-prusiana (1870-71). Fue en ese horizonte de cambio y modernidad cuando nacieron bancos como el Santander, Bilbao, Vizcaya, Hispanoamericano…, todos con capital que se repatriaba de América. Otro ámbito que se procuró atender fue la educación, así nació la I.L.E2, pues consideraba uno de los creadores, Joaquín Costa, que era preciso combatir la oligarquía y el caciquismo con la educación.

En ese contexto resurgió la utopía republicana. No olvidemos que fue durante el primer tercio del siglo XX cuando se lleva a cabo el “gran salto adelante” en las obras públicas; sobre todo durante el gobierno de Miguel Primo de Rivera. Fue la época de la Belle Époque, cuando Europa vivía unos momentos de euforia generalizada, había un clima de alegría, optimismo y confianza en el progreso que había favorecido la reanudación del crecimiento industrial y económico que involucraba también a las clases menos favorecidas. Pero la burguesía clásica liberal y decimonónica, al no verse respaldad por los nuevos tintes de la ideología liberal, comenzó a escorar hacia los totalitarismos emergentes.

En fin que, como hemos dicho, la “España en llanto” del 98 hay que relativizarla. Aquella España no era solamente la rural y lastimera, sino que también era urbana (recordemos los ensanches de Madrid y Barcelona). Pero insistimos, la monarquía no resolvía los problemas cada vez mayores, como fueron los nacionalismos. Fundamentalmente el catalán, por su puesto, mucho más que el vasco; si bien éste, allende el año 1959 viese el nacimiento de ETA.

También fueron años pujantes del movimiento obrero cada vez más reivindicativo a través de la U.G.T, C.N.I, luego la F.A.I, triángulo revolucionario principalmente en Barcelona, Valencia y Zaragoza. Si bien es cierto que ahora, y utilizando parte del título de un libro de Gabriel García Márquez, la C.N.T “ya no tiene quien le escriba”. Se ha olvidado su papel en la II República y en la Guerra Civil.

Instituciones como la monarquía y también la iglesia se irán desprestigiando. La primera con un Alfonso XIII que no se comportaba como un rey constitucional porque jugó bastante con los militares y sus ascensos. La segunda con su intervencionismo. El aldabonazo vendría con su respaldo a la dictadura de Primo de Rivera que, ocho años más tarde, sería “despedido” por la crisis económica mundial. Con todo el monarca en su salida hacia el exilio sí sería despedido por la familia Primo de Rivera.

España se encontraba a las puertas de la proclamación de la II República. Pero esta será otra historia.

Benito Cantero Ruiz. Catedrático de Geografía e Historia y Doctor en Antropología

1 Frase atribuida, por el historiador Fernando García de Cortázar, a José Ortega y Gasset.

2 Institución Libre de Enseñanza. Fue la plasmación de los ideales educativos de Giner de los Ríos con un lema fundamental, educar antes de instruir y siempre buscando la educación íntegra del hombre. Se entendía la Institución como un lugar de pensamiento libre, respeto mutuo y de nuevas ideas.


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