Historia de una esquina: de El Precio Fijo a Cervecería El Sastre

Con motivo de la apertura de Cervecería El Sastre en el local donde durante muchos años estuvo abierto El Precio Fijo. Recupero por su interés un reportaje publicado en la revista Socuéllamos 30 días en diciembre del año 2021. GALERÍA FOTOGRÁFICA AL FINAL DE LA NOTICIA

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Durante 62 años El Precio Fijo -también llamado Galerías Sáez de Haro- surtió de telas, lanas, mantas, o boinas a varias generaciones de socuellaminos. Su fundador, José Joaquín Sáez de Haro (1908) era natural de Tobarra. Al fallecer su madre, con apenas 9 años, dejó esta población albaceteña para trabajar como aprendiz en Utiel (Valencia).

El joven José Joaquín despuntó como dependiente y “fichó” por un comercio de Herencia. De Herencia se trasladó a Campo de Criptana para trabajar con los hermanos Bernalte en El Fijo, y al abrir éstos en 1934 una sucursal en Socuéllamos enviaron de encargado a Sáez (tenía 26 años). Ese establecimiento estaba situado en la esquina de las actuales calles Rosario y Los Molinos.

Con permiso de los Bernalte, el patriarca de los Sáez se independizó y junto con un compañero socuellamino apellidado Molina constituyó una sociedad y abrió su primera tienda. “Pero tuvieron que incorporarse a filas en la guerra y la actividad se paró. Desgraciadamente Molina murió en la guerra y mi padre deshizo la sociedad” en palabras de Jesús Sáez.

Superada la contienda civil, en agosto de 1939 José Joaquín Sáez se casó con Natividad Cedenilla Pérez. La pareja se había conocido en Campo de Criptana, y ambos, con un país destruido, retomaron la aventura del comercio de tejidos en Socuéllamos.

Esquina de las calles Calderón y Plaza de la Constitución en los años 30 del siglo XX

Hasta 1945 los Sáez-Cedenilla permanecieron en ese primer local de la calle Generalísimo. Fue un 16 de julio de ese año cuando el matrimonio inauguró El Precio Fijo en la Plaza de José Antonio. “El día del Carmen para nosotros era un día de celebración, en la tienda siempre teníamos una pequeña fiesta con los dependientes” recuerda Jesús Sáez.

Esta tienda de tejidos siempre fue un negocio familiar. “Los primeros dependientes junto a mi padre fueron mi tío Laureano - se lo trajo desde Almansa- y mis primos Antonio y Jaime, hasta que nosotros tuvimos edad para estar detrás del mostrador. Recuerdo como al salir de la escuela nos quedábamos en la tienda a ayudar, recogíamos piezas, abríamos fardos, cosas que te hacía poco a poco amar el oficio”.

Eran tres hermanos: José (1941), Jesús (1944) y Joaquín (1947), el primero y el tercero ya fallecidos.  “Mi padre como buen comerciante y autónomo no podía tener días de fiesta, y curiosamente los tres hermanos nacimos en días festivos para que él no faltase a su deber: José el 18 de julio, yo el día de Navidad, y Joaquín un Domingo de Ramos" recuerda Jesús, “mi padre no hacía fiesta ni para ser padre”.

José Joaquín Sáez y Jesús Sáez

Los tres hermanos compatibilizaban estudios y trabajo en la tienda. Jesús y Joaquín se dedicaron por completo a la tienda, José la abandonó al convertirse en Perito Mercantil y establecerse en Madrid. “Yo estudié Magisterio pero nunca ejercí pues la tienda nos absorbía”.         

El Precio Fijo era una tienda de telas y tejidos, donde se vendía al corte. Tenían un muestrario amplísimo, “tijera en mano cortábamos cientos y cientos de metros de tela, mejor dicho, varas, pues se medía por varas”.

En esos años de mediados del siglo XX, en cada casa había una máquina de coser o acericos con agujas y alfileres con los que confeccionar la ropa de la familia.  “Se compraba la tela, ya que en la mayoría de hogares socuellaminos no había dinero para comprar la ropa hecha”.

Conforme la economía fue mejorando El Precio Fijo fue ampliando su oferta, sustituyendo las estanterías repletas de telas por percheros con pantalones, vestidos o abrigos.

Las primeras prendas confeccionadas que vendieron fueron ropa de trabajo y hogar, y boinas. “Recuerdo vender decenas y decenas de boinas. Había varias calidades de boinas, dependiendo de si era para trabajo o para fiesta, pero todos los agricultores llevaban boina”.

Otro artículo que vendían muchísimo eran las mantas, y la ropa de hogar para los ajuares. “Como anécdota te puedo contar que conocimos a Amancio Ortega en sus inicios, cuando vendía batas acolchadas de la marca Goa. En la tienda vendíamos sus productos”.

El Precio Fijo en los años 50 y 60

Expansión

En los años 60 -años dorados del comercio socuellamino- incorporaron a su oferta comercial ropa de caballero y señora, fundamentalmente género de punto.

Fueron años de expansión. La bonanza del negocio obligó a los Sáez a contratar a personal ajeno a la familia. Muchos socuellaminos, especialmente ellas, cortaron telas en El Precio Fijo. "La primera fue Angelita, después estuvieron, entre otras, Mari Carmen, Paquita la que hoy es mi mujer, Paquita González, Angelita Bermejo, Mari Loli, las hermanas Mari Tere Ruiz y Pili Ruiz, Mari Carmen Jiménez... Fuimos escuela para muchos. Muchos dependientes después abrieron sus propias tiendas”.

Joaquín y Jesús Sáez junto a dos dependientas

En los años 60 y 70 convivían en Socuéllamos muchas tiendas textiles. Jesús recuerda a “los hermanos Pedroche en la calle El Bonillo, a Casildo, Lanas Sair, Mapalicio, Rogero, Pedro Montero tuvo un establecimiento donde después se instaló Modas Barcelona, y también había sastres como Melquiades Ortiz”.

Todos ellos suministraban todo tipo de género textil a la comarca. Especialmente a esos pueblos de La Mancha conquense que tenían en Socuéllamos su lugar de referencia para las compras. Los más jóvenes desconocen que durante años, desde Las Mesas llegaban a Socuéllamos furgonetas, varias veces al día, con meseños que compraban de todo en nuestro pueblo.

La propuesta comercial de El Precio Fijo se triplicó en la década de los 70. A la ampliación y renovación del local de la Plaza, se unió la apertura de dos nuevos locales que permitían descongestionar la atestada tienda principal y ofertar nuevo género.

Primero alquilaron un local en el número 59 de la calle Generalísimo, al que llamaron Selecciones El Trébol, y pocos años después fueron arrendatarios de otro en la esquina de las calles Generalísimo y Don Quijote al que denominaron Modas Quin's.

En el local principal llegaron a tener en dos plantas: sección de telas y tejidos, ropa de señora y caballero, trajes de novios y vestidos de novias, y ropa de hogar y cortinaje que instalaban por toda España en los años 80.

 En Modas Quin's se vendía ropa juvenil, la novedosa ropa vaquera, y marcas.  El Trébol se especializó en ropa de bebé e infantil, lencería y corsetería, y lanas.

El Precio Fijo en los años 70

Desaparición

El patriarca y fundador de El Precio Fijo murió en 1983 con 75 años. José Joaquín Sáez de Haro nunca dejó de estar vinculado a la tienda pese a su jubilación. “La tienda era su vida, y afortunadamente vivió todo el progreso de aquella pequeña tienda que el montó con mi madre”.

A finales de los años 90 el sector fue decayendo. El Trébol cerró sus puertas al acercarse el nuevo milenio, y entrado el nuevo siglo Modas Quin's bajó la persiana. Todo el género se concentró en El Precio Fijo.

Aunque por poco tiempo. Lo que supuestamente sería un avance para los socuellaminos supuso la puntilla para este comercio: la obra de remodelación de la Plaza de la Constitución en los años 2000 y 2001.   “La obra nos mató, no venía nadie a la Plaza, ya que estuvo cerrada más de un año al tráfico. Tuvimos que salir de allí y alquilar otros locales”. 

Cuando finalizó la obra de la Plaza la reapertura fue imposible. “Las palomas habían destrozado la planta alta, y además esos 300 metros de local ya no se podían mantener”.  Se disolvió la sociedad de los hermanos, y El Precio Fijo pasó a la historia.

Jesús Sáez -ya jubilado- recuerda con tristeza aquel cierre tras sesenta años de venta al público. “Fue un palo muy gordo, fundamentalmente por el vínculo sentimental. Habíamos crecido allí. Era la ilusión de mi padre. Tardamos en rehacernos de aquello”.

Los Sáez vendieron ese magnífico local en 2006 a La Caixa. La entidad bancaria iba a instalar allí sus oficinas, pero la crisis de 2008 truncó el proyecto. Años después el banco lo vendió a un socuellamino que ahora lo ha alquilado a Juan Carlos Ortiz para que éste abra Cervecería El Sastre. /

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Historia de una esquina: de El Precio Fijo a Cervecería El Sastre

Con motivo de la apertura de Cervecería El Sastre en el local donde durante muchos años estuvo abierto El Precio Fijo. Recupero por su interés un reportaje publicado en la revista Socuéllamos 30 días en diciembre del año 2021. GALERÍA FOTOGRÁFICA AL FINAL DE LA NOTICIA

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Durante 62 años El Precio Fijo -también llamado Galerías Sáez de Haro- surtió de telas, lanas, mantas, o boinas a varias generaciones de socuellaminos. Su fundador, José Joaquín Sáez de Haro (1908) era natural de Tobarra. Al fallecer su madre, con apenas 9 años, dejó esta población albaceteña para trabajar como aprendiz en Utiel (Valencia).

El joven José Joaquín despuntó como dependiente y “fichó” por un comercio de Herencia. De Herencia se trasladó a Campo de Criptana para trabajar con los hermanos Bernalte en El Fijo, y al abrir éstos en 1934 una sucursal en Socuéllamos enviaron de encargado a Sáez (tenía 26 años). Ese establecimiento estaba situado en la esquina de las actuales calles Rosario y Los Molinos.

Con permiso de los Bernalte, el patriarca de los Sáez se independizó y junto con un compañero socuellamino apellidado Molina constituyó una sociedad y abrió su primera tienda. “Pero tuvieron que incorporarse a filas en la guerra y la actividad se paró. Desgraciadamente Molina murió en la guerra y mi padre deshizo la sociedad” en palabras de Jesús Sáez.

Superada la contienda civil, en agosto de 1939 José Joaquín Sáez se casó con Natividad Cedenilla Pérez. La pareja se había conocido en Campo de Criptana, y ambos, con un país destruido, retomaron la aventura del comercio de tejidos en Socuéllamos.

Esquina de las calles Calderón y Plaza de la Constitución en los años 30 del siglo XX

Hasta 1945 los Sáez-Cedenilla permanecieron en ese primer local de la calle Generalísimo. Fue un 16 de julio de ese año cuando el matrimonio inauguró El Precio Fijo en la Plaza de José Antonio. “El día del Carmen para nosotros era un día de celebración, en la tienda siempre teníamos una pequeña fiesta con los dependientes” recuerda Jesús Sáez.

Esta tienda de tejidos siempre fue un negocio familiar. “Los primeros dependientes junto a mi padre fueron mi tío Laureano - se lo trajo desde Almansa- y mis primos Antonio y Jaime, hasta que nosotros tuvimos edad para estar detrás del mostrador. Recuerdo como al salir de la escuela nos quedábamos en la tienda a ayudar, recogíamos piezas, abríamos fardos, cosas que te hacía poco a poco amar el oficio”.

Eran tres hermanos: José (1941), Jesús (1944) y Joaquín (1947), el primero y el tercero ya fallecidos.  “Mi padre como buen comerciante y autónomo no podía tener días de fiesta, y curiosamente los tres hermanos nacimos en días festivos para que él no faltase a su deber: José el 18 de julio, yo el día de Navidad, y Joaquín un Domingo de Ramos" recuerda Jesús, “mi padre no hacía fiesta ni para ser padre”.

José Joaquín Sáez y Jesús Sáez

Los tres hermanos compatibilizaban estudios y trabajo en la tienda. Jesús y Joaquín se dedicaron por completo a la tienda, José la abandonó al convertirse en Perito Mercantil y establecerse en Madrid. “Yo estudié Magisterio pero nunca ejercí pues la tienda nos absorbía”.         

El Precio Fijo era una tienda de telas y tejidos, donde se vendía al corte. Tenían un muestrario amplísimo, “tijera en mano cortábamos cientos y cientos de metros de tela, mejor dicho, varas, pues se medía por varas”.

En esos años de mediados del siglo XX, en cada casa había una máquina de coser o acericos con agujas y alfileres con los que confeccionar la ropa de la familia.  “Se compraba la tela, ya que en la mayoría de hogares socuellaminos no había dinero para comprar la ropa hecha”.

Conforme la economía fue mejorando El Precio Fijo fue ampliando su oferta, sustituyendo las estanterías repletas de telas por percheros con pantalones, vestidos o abrigos.

Las primeras prendas confeccionadas que vendieron fueron ropa de trabajo y hogar, y boinas. “Recuerdo vender decenas y decenas de boinas. Había varias calidades de boinas, dependiendo de si era para trabajo o para fiesta, pero todos los agricultores llevaban boina”.

Otro artículo que vendían muchísimo eran las mantas, y la ropa de hogar para los ajuares. “Como anécdota te puedo contar que conocimos a Amancio Ortega en sus inicios, cuando vendía batas acolchadas de la marca Goa. En la tienda vendíamos sus productos”.

El Precio Fijo en los años 50 y 60

Expansión

En los años 60 -años dorados del comercio socuellamino- incorporaron a su oferta comercial ropa de caballero y señora, fundamentalmente género de punto.

Fueron años de expansión. La bonanza del negocio obligó a los Sáez a contratar a personal ajeno a la familia. Muchos socuellaminos, especialmente ellas, cortaron telas en El Precio Fijo. "La primera fue Angelita, después estuvieron, entre otras, Mari Carmen, Paquita la que hoy es mi mujer, Paquita González, Angelita Bermejo, Mari Loli, las hermanas Mari Tere Ruiz y Pili Ruiz, Mari Carmen Jiménez... Fuimos escuela para muchos. Muchos dependientes después abrieron sus propias tiendas”.

Joaquín y Jesús Sáez junto a dos dependientas

En los años 60 y 70 convivían en Socuéllamos muchas tiendas textiles. Jesús recuerda a “los hermanos Pedroche en la calle El Bonillo, a Casildo, Lanas Sair, Mapalicio, Rogero, Pedro Montero tuvo un establecimiento donde después se instaló Modas Barcelona, y también había sastres como Melquiades Ortiz”.

Todos ellos suministraban todo tipo de género textil a la comarca. Especialmente a esos pueblos de La Mancha conquense que tenían en Socuéllamos su lugar de referencia para las compras. Los más jóvenes desconocen que durante años, desde Las Mesas llegaban a Socuéllamos furgonetas, varias veces al día, con meseños que compraban de todo en nuestro pueblo.

La propuesta comercial de El Precio Fijo se triplicó en la década de los 70. A la ampliación y renovación del local de la Plaza, se unió la apertura de dos nuevos locales que permitían descongestionar la atestada tienda principal y ofertar nuevo género.

Primero alquilaron un local en el número 59 de la calle Generalísimo, al que llamaron Selecciones El Trébol, y pocos años después fueron arrendatarios de otro en la esquina de las calles Generalísimo y Don Quijote al que denominaron Modas Quin's.

En el local principal llegaron a tener en dos plantas: sección de telas y tejidos, ropa de señora y caballero, trajes de novios y vestidos de novias, y ropa de hogar y cortinaje que instalaban por toda España en los años 80.

 En Modas Quin's se vendía ropa juvenil, la novedosa ropa vaquera, y marcas.  El Trébol se especializó en ropa de bebé e infantil, lencería y corsetería, y lanas.

El Precio Fijo en los años 70

Desaparición

El patriarca y fundador de El Precio Fijo murió en 1983 con 75 años. José Joaquín Sáez de Haro nunca dejó de estar vinculado a la tienda pese a su jubilación. “La tienda era su vida, y afortunadamente vivió todo el progreso de aquella pequeña tienda que el montó con mi madre”.

A finales de los años 90 el sector fue decayendo. El Trébol cerró sus puertas al acercarse el nuevo milenio, y entrado el nuevo siglo Modas Quin's bajó la persiana. Todo el género se concentró en El Precio Fijo.

Aunque por poco tiempo. Lo que supuestamente sería un avance para los socuellaminos supuso la puntilla para este comercio: la obra de remodelación de la Plaza de la Constitución en los años 2000 y 2001.   “La obra nos mató, no venía nadie a la Plaza, ya que estuvo cerrada más de un año al tráfico. Tuvimos que salir de allí y alquilar otros locales”. 

Cuando finalizó la obra de la Plaza la reapertura fue imposible. “Las palomas habían destrozado la planta alta, y además esos 300 metros de local ya no se podían mantener”.  Se disolvió la sociedad de los hermanos, y El Precio Fijo pasó a la historia.

Jesús Sáez -ya jubilado- recuerda con tristeza aquel cierre tras sesenta años de venta al público. “Fue un palo muy gordo, fundamentalmente por el vínculo sentimental. Habíamos crecido allí. Era la ilusión de mi padre. Tardamos en rehacernos de aquello”.

Los Sáez vendieron ese magnífico local en 2006 a La Caixa. La entidad bancaria iba a instalar allí sus oficinas, pero la crisis de 2008 truncó el proyecto. Años después el banco lo vendió a un socuellamino que ahora lo ha alquilado a Juan Carlos Ortiz para que éste abra Cervecería El Sastre. /

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