El que fuera párroco de Socuéllamos, Secundino Martínez Rubio, ha celebrado sus bodas de oro como sacerdote en un emotivo acto organizado por la diócesis de Ciudad Real en el Seminario Diocesano.
Durante la jornada, celebrada ayer, tuvo lugar un reconocimiento y agradecimiento a los sacerdotes que este año conmemoran sus aniversarios sacerdotales. La diócesis felicitó a quienes cumplen veinticinco, cincuenta y sesenta años de ministerio. En las bodas de plata fueron homenajeados José Ángel Martín Acosta, Federico Alfonso Serrano Serrano y Ambrosio León Herráez; en las bodas de oro, Secundino Martínez Rubio, Esteban Molina González y Adriano Delgado Perea; mientras que Teodoro Contreras Arenas recibió el reconocimiento por sus bodas de diamante.
La eucaristía fue el acto central de la convivencia sacerdotal, en la que participaron seminaristas, religiosas del Seminario y familiares de los sacerdotes homenajeados. En su homilía, el obispo de Ciudad Real, don Abilio Martínez Varea, saludó especialmente a los presbíteros que celebraban su aniversario y expresó la alegría de toda la diócesis por el servicio prestado durante tantos años de ministerio.
Además, recordó que la festividad de San Juan de Ávila se celebra este año en un contexto especialmente significativo para Ciudad Real, coincidiendo con el quinto centenario de la ordenación sacerdotal del santo y de su primera misa en Almodóvar del Campo.
Secundino Martínez Rubio nació en Coomonte (Zamora), perteneciente a la diócesis de Astorga, en 1950. Ingresó en el Seminario Menor de La Bañeza en 1963 y, posteriormente, en el Seminario Diocesano de Ciudad Real en 1965. Fue ordenado sacerdote el 10 de mayo de 1976 en la catedral de Ciudad Real.
Su primer destino pastoral fue como cura ecónomo de Alcoba de los Montes y encargado de Santa Quiteria entre 1976 y 1980. Posteriormente cursó la Licenciatura en Teología Sistemática en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid entre 1980 y 1982.
Entre 1982 y 1989 desarrolló su labor pastoral en Torre de Juan Abad, donde fue párroco desde 1984. Más tarde, entre 1989 y 1996, ejerció como párroco de Socuéllamos, dejando un importante recuerdo entre los fieles de la localidad.
En 1996 fue nombrado párroco de la entonces nueva parroquia de San José Obrero de Ciudad Real y delegado episcopal de Apostolado Seglar, responsabilidad que desempeñó hasta 2002. Durante esa etapa, en 1999, también fue vicario parroquial de Piedrabuena.
En 2013 dejó la parroquia de San José Obrero y fue destinado a la parroquia de Nuestra Señora de Altagracia de Manzanares, donde continúa actualmente desarrollando su labor pastoral.
“Desde aquí felicitamos a don Secundino y le enviamos un abrazo”.


































