“Invención y exaltación de la Cruz”, de Benito Cantero

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En el complejo simbolismo de la Cruz encontramos dos factores esenciales. La Cruz y la Crucifixión. Por un lado, la Cruz en tanto que desviación dramática, como inversión del árbol paradisíaco; por ello en la Edad Media también se representaba la cruz leño con nudos, ramas, espinosa…, en tanto que Árbol de la Vida, como eje del mundo; relación primaria entre dos mundos, el terrestre y el celeste. En suma, el travesaño vertical.  El travesaño, en horizontal, es una conjunción de contrarios en la que casan el principio espiritual y vertical con el orden de la manifestación y de la tierra.

Por otro lado, la iconografía medieval también establece pares dualistas en torno a la imagen de Jesús en la Cruz. Así, la Cruz entre el sol y la luna, la Virgen y S. Juan, el buen y el mal ladrón, la lanza y la copa (a veces sustituida por el palo y la esponja  empapada en vinagre) y, naturalmente, la tierra y el cielo. También en sentido vertical se contrapone el Espíritu Santo al cráneo de Adán a los pies del madero.

Lo que ahora nos interesa, los orígenes de la celebración popular de la fiesta de la Santa Cruz, apenas hay datos antiguos más allá de los testimonios conocidos del siglo XVIII. Y es que su vertiente popular, muy extendida por España y Latinoamérica, parece remitir a celebraciones paganas que se festejaban desde muy antiguo en el mes de mayo, considerado desde siempre como el mes del esplendor de la vegetación y el mes amoroso por antonomasia. Ya lo autores renacentistas pretendieron hacer derivar tales celebraciones de alguna festividad grecolatina. Por ejemplo, Polydoro Virgilio, autor del siglo XVI, las relacionó con las fiestas romanas en honor a Flora, diosa que representa el eterno renacer de la vegetación en primavera (las Floralia, que duraban del 28 de abril al 3 de mayo), y con la procesión ateniense de Eiresioné en la época de la cosecha. Otros establecen su relación con las fiestas romanas de Vulcano y de las divinidades Maia y Ops. Con todo, según Ovidio, la que más nos puede interesar es la de Attis, Hermoso joven que vivía en los bosques de Frigia a quien la diosa Cibeles eligió para sí, haciéndolo guardián de su templo, pero con condición de que se mantuviera siempre virgen. Attis cedió al amor de la ninfa Sagaritis y entonces la diosa hizo que ésta muriera, derribando el árbol del que dependía su vida. El joven enloqueció y se castró, tras lo cual la diosa lo volvió a admitir en su templo. La fiesta, recordando su muerte y resurrección, tenía lugar en el equinoccio de primavera. Comenzaba el 22 de marzo con la solemne procesión de un pino recién cortado (árbol en el que se había convertido Attis a su muerte). Y esa que el culto al árbol ha estado muy extendido y en las religiones europeas pre-cristianas (celtas, germanos, eslavos…)

Probablemente sería arriesgado apostar por una relación de dependencia entre tradiciones pagana y cristiana, se trataría más bien de génesis espontánea a partir de los fenómenos culturales recurrentes de adoración al árbol y exaltación de la naturaleza. De esta forma, las fiestas naturalistas de mayo se habrían transformado y agrupado en torno a un nuevo motivo, la Cruz. Resultando un ejemplo de asimilación y sincretismo de fiestas y símbolos.

El Cristianismo (siglo IV d. C)  triunfante y la Iglesia católica, según del rito romano le da la denominación de invenio, “descubrir”, a la festividad del 3 de Mayo para conmemorar el hallazgo de la verdadera Cruz de Cristo, Invención de la Cruz o Cruz “verde” por parte de la madre del emperador Constantino El Grande, Santa Elena, el año 326. Este acontecimiento figura en los pasionarios del siglo X como sigue:

“En el sexto año de su reinado, el emperador Constantino se enfrenta contra los bárbaros a orillas del Danubio. Se considera imposible la victoria a causa de la magnitud del ejército enemigo. Una noche Constantino tiene una visión: en el cielo se apareció brillante la Cruz de Cristo y encima de ella unas palabras, IN HOC SIGNO VINCIS (“con este signo vencerás”). El emperador hizo construir una Cruz y la puso al frente de su ejército, que entonces venció sin dificultad […] Constantino se hizo bautizar y envió a su madre, Santa Elena en busca de la verdadera Cruz de Cristo […] En el monte donde la tradición situaba la muerte de Cristo, encontraron tres cruces ocultas. Para descubrir cuál de ellas era la verdadera las colocaron una a una sobre un joven muerto, el cual resucitó al serle impuesta la tercera, la de Cristo. Santa Elena murió rogando a todos los que creen en Cristo que celebraran la conmemoración del día en que fue encontrada la Cruz, el tres de mayo”.

Sin duda esta historia tiene mucho de leyenda ya que el emperador Constantino fue considerado en el medievo como prototipo del príncipe cristiano y se le rodeó de muchos relatos fabulosos, aparte de que (y no vamos a entrar en detalles) la celebración de este día es anterior al Pasionario, mencionándose entre otros documentos, en la Lex Romana Visigothorum, promulgada por Recesvinto en el año 654.

La festividad de la Exaltación de la Cruz o Cruz “seca” (Exaltatio Santae Crucis) se celebra el 14 de septiembre, según una tradición, para conmemorar la consagración de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en el 335. También se admite que ese día se conmemora la recuperación de las reliquias de Cristo, que habían caído en manos de los persas, por el emperador Heráclito en el año 628.

La primera tradición recuerda la Dedicación de los edificios construidos por el Emperador Constantino para proteger y magnificar los lugares donde Jesucristo murió y resucitó. El Gólgota –Martyrium ligados a la muerte, la Anástasis (Sepulcro) a la Resurrección. El día de la inauguración se vincula al día del hallazgo de la Santa Cruz y al aniversario de la dedicación del templo de Salomón. Así lo relata la monja-peregrina Egeria en el siglo IV:

“Se llama día de las Encenias al que fue consagrada la iglesia que está en el Gólgota y que llaman Martirio. También la santa iglesia que hay en la Anástasis, es decir en el lugar donde resucitó el Señor después de la Pasión […] Se celebra con gran solemnidad las Encenias (dedicación) […] Y esto se encuentra en las santas Escrituras que era día de Encenias aquel en que el santo Salomón, después de terminar la casa de Dios que había edificado, se presentó ante el altar de Dios y oró….”

La historia de la recuperación de las reliquias por parte del emperador Heráclito nos narra que él mismo quiso cargar una  cruz como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intentó entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó paralizado. El patriarca Zacarías que iba a su lado le indicó que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde de Cristo cuando iba cargando la cruz por las calles de Jerusalén. Entonces el emperador se despojó de su atuendo imperial, y con simples vestiduras, avanzó sin dificultad.

Benito Cantero Ruiz. Catedrático de Geografía e Historia y Doctor en Antropología

[1] CAMPO Alberto, del y CORPAS, Ana. El mayo festero. Ritual y religión en el triunfo de la primavera. Fundación José Manuel Lara. 2005.

CIRLOT, J. Eduardo. Diccionario de símbolos. Siruela.2001

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En el complejo simbolismo de la Cruz encontramos dos factores esenciales. La Cruz y la Crucifixión. Por un lado, la Cruz en tanto que desviación dramática, como inversión del árbol paradisíaco; por ello en la Edad Media también se representaba la cruz leño con nudos, ramas, espinosa…, en tanto que Árbol de la Vida, como eje del mundo; relación primaria entre dos mundos, el terrestre y el celeste. En suma, el travesaño vertical.  El travesaño, en horizontal, es una conjunción de contrarios en la que casan el principio espiritual y vertical con el orden de la manifestación y de la tierra.

Por otro lado, la iconografía medieval también establece pares dualistas en torno a la imagen de Jesús en la Cruz. Así, la Cruz entre el sol y la luna, la Virgen y S. Juan, el buen y el mal ladrón, la lanza y la copa (a veces sustituida por el palo y la esponja  empapada en vinagre) y, naturalmente, la tierra y el cielo. También en sentido vertical se contrapone el Espíritu Santo al cráneo de Adán a los pies del madero.

Lo que ahora nos interesa, los orígenes de la celebración popular de la fiesta de la Santa Cruz, apenas hay datos antiguos más allá de los testimonios conocidos del siglo XVIII. Y es que su vertiente popular, muy extendida por España y Latinoamérica, parece remitir a celebraciones paganas que se festejaban desde muy antiguo en el mes de mayo, considerado desde siempre como el mes del esplendor de la vegetación y el mes amoroso por antonomasia. Ya lo autores renacentistas pretendieron hacer derivar tales celebraciones de alguna festividad grecolatina. Por ejemplo, Polydoro Virgilio, autor del siglo XVI, las relacionó con las fiestas romanas en honor a Flora, diosa que representa el eterno renacer de la vegetación en primavera (las Floralia, que duraban del 28 de abril al 3 de mayo), y con la procesión ateniense de Eiresioné en la época de la cosecha. Otros establecen su relación con las fiestas romanas de Vulcano y de las divinidades Maia y Ops. Con todo, según Ovidio, la que más nos puede interesar es la de Attis, Hermoso joven que vivía en los bosques de Frigia a quien la diosa Cibeles eligió para sí, haciéndolo guardián de su templo, pero con condición de que se mantuviera siempre virgen. Attis cedió al amor de la ninfa Sagaritis y entonces la diosa hizo que ésta muriera, derribando el árbol del que dependía su vida. El joven enloqueció y se castró, tras lo cual la diosa lo volvió a admitir en su templo. La fiesta, recordando su muerte y resurrección, tenía lugar en el equinoccio de primavera. Comenzaba el 22 de marzo con la solemne procesión de un pino recién cortado (árbol en el que se había convertido Attis a su muerte). Y esa que el culto al árbol ha estado muy extendido y en las religiones europeas pre-cristianas (celtas, germanos, eslavos…)

Probablemente sería arriesgado apostar por una relación de dependencia entre tradiciones pagana y cristiana, se trataría más bien de génesis espontánea a partir de los fenómenos culturales recurrentes de adoración al árbol y exaltación de la naturaleza. De esta forma, las fiestas naturalistas de mayo se habrían transformado y agrupado en torno a un nuevo motivo, la Cruz. Resultando un ejemplo de asimilación y sincretismo de fiestas y símbolos.

El Cristianismo (siglo IV d. C)  triunfante y la Iglesia católica, según del rito romano le da la denominación de invenio, “descubrir”, a la festividad del 3 de Mayo para conmemorar el hallazgo de la verdadera Cruz de Cristo, Invención de la Cruz o Cruz “verde” por parte de la madre del emperador Constantino El Grande, Santa Elena, el año 326. Este acontecimiento figura en los pasionarios del siglo X como sigue:

“En el sexto año de su reinado, el emperador Constantino se enfrenta contra los bárbaros a orillas del Danubio. Se considera imposible la victoria a causa de la magnitud del ejército enemigo. Una noche Constantino tiene una visión: en el cielo se apareció brillante la Cruz de Cristo y encima de ella unas palabras, IN HOC SIGNO VINCIS (“con este signo vencerás”). El emperador hizo construir una Cruz y la puso al frente de su ejército, que entonces venció sin dificultad […] Constantino se hizo bautizar y envió a su madre, Santa Elena en busca de la verdadera Cruz de Cristo […] En el monte donde la tradición situaba la muerte de Cristo, encontraron tres cruces ocultas. Para descubrir cuál de ellas era la verdadera las colocaron una a una sobre un joven muerto, el cual resucitó al serle impuesta la tercera, la de Cristo. Santa Elena murió rogando a todos los que creen en Cristo que celebraran la conmemoración del día en que fue encontrada la Cruz, el tres de mayo”.

Sin duda esta historia tiene mucho de leyenda ya que el emperador Constantino fue considerado en el medievo como prototipo del príncipe cristiano y se le rodeó de muchos relatos fabulosos, aparte de que (y no vamos a entrar en detalles) la celebración de este día es anterior al Pasionario, mencionándose entre otros documentos, en la Lex Romana Visigothorum, promulgada por Recesvinto en el año 654.

La festividad de la Exaltación de la Cruz o Cruz “seca” (Exaltatio Santae Crucis) se celebra el 14 de septiembre, según una tradición, para conmemorar la consagración de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en el 335. También se admite que ese día se conmemora la recuperación de las reliquias de Cristo, que habían caído en manos de los persas, por el emperador Heráclito en el año 628.

La primera tradición recuerda la Dedicación de los edificios construidos por el Emperador Constantino para proteger y magnificar los lugares donde Jesucristo murió y resucitó. El Gólgota –Martyrium ligados a la muerte, la Anástasis (Sepulcro) a la Resurrección. El día de la inauguración se vincula al día del hallazgo de la Santa Cruz y al aniversario de la dedicación del templo de Salomón. Así lo relata la monja-peregrina Egeria en el siglo IV:

“Se llama día de las Encenias al que fue consagrada la iglesia que está en el Gólgota y que llaman Martirio. También la santa iglesia que hay en la Anástasis, es decir en el lugar donde resucitó el Señor después de la Pasión […] Se celebra con gran solemnidad las Encenias (dedicación) […] Y esto se encuentra en las santas Escrituras que era día de Encenias aquel en que el santo Salomón, después de terminar la casa de Dios que había edificado, se presentó ante el altar de Dios y oró….”

La historia de la recuperación de las reliquias por parte del emperador Heráclito nos narra que él mismo quiso cargar una  cruz como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intentó entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó paralizado. El patriarca Zacarías que iba a su lado le indicó que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde de Cristo cuando iba cargando la cruz por las calles de Jerusalén. Entonces el emperador se despojó de su atuendo imperial, y con simples vestiduras, avanzó sin dificultad.

Benito Cantero Ruiz. Catedrático de Geografía e Historia y Doctor en Antropología

[1] CAMPO Alberto, del y CORPAS, Ana. El mayo festero. Ritual y religión en el triunfo de la primavera. Fundación José Manuel Lara. 2005.

CIRLOT, J. Eduardo. Diccionario de símbolos. Siruela.2001

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