La Vigilia Pascual celebrada en la noche del Sábado Santo en Socuéllamos, en la Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción, incluyó uno de los momentos más significativos y simbólicos de toda la liturgia cristiana: el rito del fuego, que marca el inicio de la Vigilia Pascual.
Antes del comienzo de la Eucaristía, en el exterior del templo, se procedió a la bendición del fuego nuevo, un gesto cargado de significado que representa la luz de Cristo resucitado venciendo a la oscuridad del pecado y de la muerte. En un ambiente de silencio y recogimiento, los fieles se congregaron en torno a este primer momento de la celebración.
A partir de este fuego bendecido, el sacerdote, don Rafael Ruiz Mateos, encendió el cirio pascual, símbolo central de la liturgia de la Pascua. Este cirio, que representa a Cristo como luz del mundo, fue introducido posteriormente en el interior de la iglesia en procesión, mientras el templo permanecía completamente a oscuras.
Durante esta entrada solemne, se entonó en varias ocasiones la aclamación “Luz de Cristo”, a la que los fieles respondieron “Demos gracias a Dios”. Progresivamente, la luz del cirio pascual se fue transmitiendo entre los asistentes mediante pequeñas velas, iluminando el templo y creando una imagen de gran fuerza simbólica: la comunidad cristiana participando de una misma luz.
El rito del fuego concluye con el canto del pregón pascual, un anuncio solemne de la Resurrección que invita a la alegría y a la esperanza. “Esta es la noche en que Cristo ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte”, proclama este antiguo texto litúrgico, que resume el sentido profundo de la celebración.
Este inicio de la Vigilia Pascual, vivido con intensidad por los asistentes en Socuéllamos, constituye la culminación de toda la Semana Santa, al expresar de forma visual y participativa el paso de la oscuridad a la luz que define el misterio de la Resurrección.














































