5 de abril. Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
Hoy celebran su santo los bautizados con el nombre de: Vicente, Alberto, Catalina, Ferbuta, Geraldo, Irene y Juliana.
Salmo
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.
«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1-9):
EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor
San Vicente Ferrer, presbítero de la Orden de Predicadores, que, de origen español, recorrió incansablemente ciudades y caminos de Occidente, solícito por la paz y la unidad de la Iglesia, predicando a pueblos innumerables el Evangelio de la penitencia y la venida del Señor, hasta que en Vannes, de la Bretaña Menor, en Francia, entregó su espíritu a Dios. Una anécdota curiosa de san Vicente, es que regalaba a las señoras que peleaban mucho con su marido, un frasquito con agua bendita y les recomendaba: "Cuando su esposo empiece a insultarle, échese un poco de esta agua a la boca y no se la pase mientras el otro no deje de ofenderla". Y esta famosa "agua de Fray Vicente" producía efectos maravillosos porque como la mujer no le podía contestar al marido, no había peleas. Ojalá que en muchos de nuestros hogares se volviera a esta bella costumbre de callar mientras el otro ofende. Porque lo que produce la pelea no es la palabra ofensiva que se oye, si no la palabra ofensiva que se responde. (s. XIV)
San Alberto obispo de Montecorvino, que dedicó su vida a la oración continua y a buscar el bien de los pobres. (s. XII)
Santa Catalina Tomás virgen, de Palma de Mallorca que, habiendo ingresado en la Orden de Canonesas Regulares de San Agustín, destacó por su humildad y la abnegación de la voluntad. (s. XVI)
Santa Ferbuta y compañera viuda, hermana de san Simeón obispo, que, junto con su acompañante, fue martirizada en tiempo del rey Sapor II (s. IV)
San Geraldo abad que desde el monasterio de Corbie fue elegido abad de Laon, pero más tarde, después de peregrinar varias veces, se retiró a la espesura del bosque, donde fundó su monasterio. (s. XI)
Santa Irene virgen y mártir, que, por haber ocultado los libros sagrados en contra de la prohibición del emperador Diocleciano, fue conducida a un lupanar público y después quemada por orden del prefecto Dulcecio, bajo el cual también sus hermanas, Ágape y Cionia, habían padecido juntas poco antes. (s. III)
Santa Juliana de Mont-Cornillon virgen de la Orden de San Agustín, que fue priora de Mont-Cornillon, junto a Liège, y después llevó vida reclusa, en la cual, fortalecida con gracias especiales, promovió la solemnidad del Cuerpo de Cristo. (s. XIII)





























