Las farmacias se despiden del tradicional cúter: una nueva era en la dispensación de medicamentos

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Una de las imágenes más cotidianas en las boticas de toda España está a punto de pasar a la historia. El característico gesto del farmacéutico utilizando un cúter para recortar el cupón precinto de las cajas de medicinas tiene los días contados, dando paso a un sistema de dispensación completamente digitalizado y moderno.

Esta profunda transformación en las oficinas de farmacia supone el fin de las clásicas pegatinas con código de barras que, hasta ahora, servían para justificar la entrega de los fármacos financiados por el Sistema Nacional de Salud. A partir de este momento, la tecnología toma el relevo definitivo a través de la lectura automatizada de códigos bidimensionales, conocidos técnicamente como Datamatrix, que ya se encuentran impresos en todos los envases.

El nuevo procedimiento agiliza notablemente la labor diaria de los profesionales. Al pasar la caja por el escáner, el sistema informático registra de forma automática la salida del medicamento, anulando el código para que no pueda volver a ser utilizado y vinculando la operación directamente al historial electrónico del paciente. Desde el Consejo General de Colegios Farmacéuticos valoran muy positivamente esta transición, destacando que la eliminación del precinto "supone un salto cualitativo en la agilidad del servicio y elimina una pesada carga administrativa y manual que restaba tiempo de atención farmacéutica al paciente".

Además de la evidente comodidad operativa, el gran beneficio estructural de este cambio es el aumento exponencial de la seguridad sanitaria. El escaneo individualizado permite una trazabilidad absoluta de cada caja de medicamentos, desde el instante en que sale de la cadena de producción del laboratorio hasta que llega a las manos del usuario final. En este sentido, desde el Ministerio de Sanidad subrayan que la implantación total de este sistema europeo "blinda el canal de distribución legal e imposibilita por completo la entrada de medicamentos falsificados en el mercado".

A efectos prácticos, los ciudadanos apenas notarán diferencias cuando acudan al mostrador, más allá de una mayor rapidez a la hora de recoger sus tratamientos habituales. Sin embargo, para el sector farmacéutico significa decir el adiós definitivo a las montañas de cupones recortados y a las tradicionales hojas de facturación en papel, cerrando así un capítulo histórico en la sanidad para abrazar una gestión mucho más eficiente, segura y respetuosa con el medio ambiente.

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Esta profunda transformación en las oficinas de farmacia supone el fin de las clásicas pegatinas con código de barras que, hasta ahora, servían para justificar la entrega de los fármacos financiados por el Sistema Nacional de Salud. A partir de este momento, la tecnología toma el relevo definitivo a través de la lectura automatizada de códigos bidimensionales, conocidos técnicamente como Datamatrix, que ya se encuentran impresos en todos los envases.

El nuevo procedimiento agiliza notablemente la labor diaria de los profesionales. Al pasar la caja por el escáner, el sistema informático registra de forma automática la salida del medicamento, anulando el código para que no pueda volver a ser utilizado y vinculando la operación directamente al historial electrónico del paciente. Desde el Consejo General de Colegios Farmacéuticos valoran muy positivamente esta transición, destacando que la eliminación del precinto "supone un salto cualitativo en la agilidad del servicio y elimina una pesada carga administrativa y manual que restaba tiempo de atención farmacéutica al paciente".

Además de la evidente comodidad operativa, el gran beneficio estructural de este cambio es el aumento exponencial de la seguridad sanitaria. El escaneo individualizado permite una trazabilidad absoluta de cada caja de medicamentos, desde el instante en que sale de la cadena de producción del laboratorio hasta que llega a las manos del usuario final. En este sentido, desde el Ministerio de Sanidad subrayan que la implantación total de este sistema europeo "blinda el canal de distribución legal e imposibilita por completo la entrada de medicamentos falsificados en el mercado".

A efectos prácticos, los ciudadanos apenas notarán diferencias cuando acudan al mostrador, más allá de una mayor rapidez a la hora de recoger sus tratamientos habituales. Sin embargo, para el sector farmacéutico significa decir el adiós definitivo a las montañas de cupones recortados y a las tradicionales hojas de facturación en papel, cerrando así un capítulo histórico en la sanidad para abrazar una gestión mucho más eficiente, segura y respetuosa con el medio ambiente.

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