Poesía de José Antonio Salamanca. «Evocación»

- Publicidad -

EVOCACIÓN

Padre, mi recuerdo renace
cada día más en ti.
Arraigado estás bajo tu techo;
por vivir te quedaban
muchos inviernos y primaveras,
y otoños que sembrar.

Aunque el tiempo pase,
tu vacío nunca se llena,
ni la tristeza que dejaste.
Cuánto extraño tu partida,
cuánto siento tu querer,
cuánto extraño tus enfados.
Pero no verte, PADRE,
más extraño que no estás.

Tu recuerdo en mi pecho arde;
el cielo se nubló para mí
al apagarse el lucero que más brillaba.
Se derrumbó el horizonte, ¡el mar!,
y la fuente de tu amor para mí.

SONETO

¿Qué cielo persigo,
que tanto sufro?
Por ti no vivo, ¡PADRE!
Sufro por tu ausencia.
Esta soledad sin ti
es la soledad más sola.

- Publicidad -
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
spot_img
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

MÁS NOTICIAS

Poesía de José Antonio Salamanca. «Evocación»

- Publicidad -

EVOCACIÓN

Padre, mi recuerdo renace
cada día más en ti.
Arraigado estás bajo tu techo;
por vivir te quedaban
muchos inviernos y primaveras,
y otoños que sembrar.

Aunque el tiempo pase,
tu vacío nunca se llena,
ni la tristeza que dejaste.
Cuánto extraño tu partida,
cuánto siento tu querer,
cuánto extraño tus enfados.
Pero no verte, PADRE,
más extraño que no estás.

Tu recuerdo en mi pecho arde;
el cielo se nubló para mí
al apagarse el lucero que más brillaba.
Se derrumbó el horizonte, ¡el mar!,
y la fuente de tu amor para mí.

SONETO

¿Qué cielo persigo,
que tanto sufro?
Por ti no vivo, ¡PADRE!
Sufro por tu ausencia.
Esta soledad sin ti
es la soledad más sola.

- Publicidad -

spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

MÁS NOTICIAS

client-image