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Sacadme de aquí

De Ramón Castro Pérez

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A Jonas le gustaba jugar con su imperdible. Lo había encontrado hace años, debajo de la cama y, desde entonces, no se había separado de él. Al principio, cuando Jonas poseía algo que deseaba conservar, lo introducía en el imperdible. Así fue como empezó todo. Primero, cosas pequeñas e insignificantes para la gran mayoría de nosotros. Pero, poco a poco, Jonas fue experimentando un aumento constante en sus insólitos apetitos, por lo que el imperdible comenzó a albergar objetos, cada vez más siniestros.

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Mamá había sorprendido infinidad de veces a Jonas embelesado en aquel objeto metálico. Sucedía cuando este lo liberaba de su bolsillo y, una vez cerrado, lo hacía descansar sobre la palma de una de sus manos, observando su contenido. Aquel día, mamá gritó tan fuerte que la pudimos escuchar desde la calle. Al entrar, varios vecinos la rodeaban, intentando reanimarla. Jonas permanecía sentado con su imperdible, repleto de cosas. Una de ellas destacaba. Era papá. Nuestro hermano lo había reducido y, después, ensartado por un ojo, de manera que colgaba del cráneo mientras el resto de su diminuto cuerpo se balanceaba sin orden ni concierto.

Naturalmente, él lo negaría todo. Papá estaba disecado y, lo que allí pendía, se correspondía más con una réplica familiar de plástico que con un humano empequeñecido y brutalmente torturado. Sin embargo, nosotros, y mamá, sabíamos que se trataba de él. De manera continua, Jonas había sentido terror a que papá nos abandonase. Supongo que, antes de que lo hiciera realmente, decidió quedárselo para siempre.

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Oficialmente, papá pasó a engrosar las listas de desaparecidos y nosotros a ser considerados beneficiarios de un bono del gobierno. Mary y yo mismo, hasta que cumpliéramos los veinte años. Jonas, declarado insano, recibiría la ayuda a perpetuidad. Una ayuda injusta, pues papá, lejos de abandonarnos, estuvo allí prendido, en el imperdible de Jonas, junto con otros humanos achicados, la vedette del quinto, por quien papá sentía una más que profunda admiración, y el detective Tales, el único que realmente llegó a descubrir la perversa inclinación de Jonas. A veces, cuando nuestro hermano salta, en uno de sus ataques, se escuchan los cuerpos de los tres chocar entre sí y creo, justo entonces, escuchar de nuevo a papá suplicarnos que lo saquemos de allí.

Ramón Castro Pérez

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