
Iacob es el nombre hebreo original, traducido como Jacobo o Yago; Diago o el español Diego; del Iacob francés surge el Jacome y de éste, Jaime. Se añadió el Sant Yago, de donde resultaría Santiago el Mayor.
Hermano de San Juan Evangelista, ambos eran hijos de Zebedeo y de Salomé. Cuando aquéllos entran a formar parte del grupo de escogidos por Jesús, les dio el nombre de Boanerges, es decir “hijos del trueno” (Mc 3,17) por su carácter impetuoso que mostraron en varias ocasiones. Resucitado el Maestro, Santiago anunció la nueva fe por Samaria y Judea hasta su muerte, “…por la espada” (Hch 12,2), mandada por Herodes Agripa, siendo así el primero de los apóstoles en ser martirizado.
Concluido el ciclo evangélico comienza a forjarse el perfil legendario del apóstol, transformando al Santiago de Galilea en Santiago de Compostela. La tradición de su tumba en Galicia se fundamente en numerosos textos que adquieren forma definitiva en el s. XII con la Historia Compostelana, escrita hacia 1139 por encargo del obispo Diego Gelmírez; y en recopilaciones como el Liber Sancti Jacobi o Codex Calixtinus, entre otros hasta llegar a la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine en 1264.
Después de predicar por Judea y Samaria, vendría a España donde se suma la leyenda española en la biografía del santo, siendo el primero en admitir la predicación de Santiago en España, el Beato de Liébana en su Comentario al Apocalipsis (776); además, en el himno O Dei Verbum Patris, escrito para el rey asturiano Mauregato, se le nombra, por primera vez, “patrón de España”. Será, unos años más tarde, en tiempos del reinado de Alfonso II el Casto (791-842) cuando se difunda por toda la península la noticia del descubrimiento de las reliquias del apóstol: una vez martirizado, en Jerusalén, dos de sus discípulos recogieron su cuerpo, lo trajeron a España y lo enterraron en Galicia, en la antigua Iria Flavia, actual Padrón. Perdida la memoria del lugar exacto, una misteriosa luz reveló al ermitaño Pelagio el sitio donde se encontraba el apóstol. Entonces el obispo de Iria Flavia, Teodomiro, descubrió los restos del santo y de sus discípulos. El lugar, señalado por la estrella, “campus stellae”, será la actual Compostela. Según otra leyenda fueron siete los discípulos que trajeron el cuerpo; es en esta donde tiene protagonismo la reina Lupa y el milagro de los bueyes.
En aquellos siglos altomedievales Santiago va a ser incorporado, como protagonista, en diferentes batallas contra los musulmanes. Así la supuesta batalla de Clavijo, en la Rioja (844) y que, en agradecimiento por su papel y victoria cristiana en la batalla, el rey Ramiro estableció el Voto de Santiago, la obligación de hacer un donativo anual al apóstol. Se difunde así la leyenda de la intervención del Santiago Matamoros en otras batallas, incluso a partir del descubrimiento de América acudiendo en ayuda de los conquistadores españoles.
Los estudios arqueológicos, hasta la fecha, no son nada concluyentes. Los restos podrían pertenecer bien al mismo apóstol (el tráfico de reliquias comenzaba a desarrollarse en ese periodo), bien a cualquier otro mártir cristiano. Incluso se ha propuesto que se trata de los restos del obispo Prisciliano de Ávila(1). En 1955 se encontró, en las proximidades de la tumba, la cubierta sepulcral de Teodomiro, lo que confirma que quiso enterrarse en el lugar de su propio hallazgo.
Nos encontramos pues, ante una forja de larga duración con un importante aparato iconográfico con atributos como la espada del martirio y el libro, símbolo de la doctrina evangélica. Atuendo de peregrino, esto es, báculo o bordón con la calabaza para el agua, esclavina y sombrero de ala ancha, normalmente doblado por delante mostrando sobre la frente la concha o vieira, símbolo distintivo de las peregrinaciones a Compostela. Aunque el origen de la concha sigue siendo oscuro, una tradición tardía aseguraba que un jinete caído al mar fue salvado por el apóstol cubriendo su cuerpo con conchas. Como caballero, en los escenarios de batalla arriba indicados, lleva espada y estandarte blanco, a veces con la cruz roja apuñalada de la Orden Militar de Santiago, aprobada en 1175 por el Papa Alejandro III. En suma, que nos encontramos con tres tipos de representaciones: apóstol, peregrino y caballero. Como apóstol viste túnica larga y manto, lleva los pies descalzos, según la indicación que dio Jesús a sus discípulos antes de enviarlos a predicar (Mt 10,10; Lc 10,4). Como peregrino lleva el atuendo descrito anteriormente, y como Matamoros aparece según se le describe en un documento falso, el Privilegio del rey Ramiro, o Diploma de los Votos, montando un caballo blanco, blandiendo una espada y enarbolando un estandarte blanco.
Nada nos importa si Jacobo, Diego o Jaime está enterrado en la cripta de la catedral Compostela; nada nos importa si esos restos son los de Prisciliano, nada nos importa si participó o no en la batalla de Clavijo. Nos importa que Santiago es el PATRÓN DE ESPAÑA a pesar de que su festividad fue arruinada, hace años, en buena parte de nuestro país.
Benito Cantero Ruiz. Catedrático de Geografía e Historia y Doctor en Antropología
(1) Obispo hispanorromano que tras ser acusado de brujería y gnosticismo fue ejecutado junto a otros compañeros, Originó el movimiento conocido como priscilianismo.




