Santoral del 11 de marzo de 2024. Aúrea, Benito, Constantino, Domingo, Oengo, Pionio, Sofronio, Vicente y Vidiciano.

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11 de marzo. Mes dedicado a san José. Lunes de la 4ª semana de Cuaresma.

Hoy debemos felicitar a los bautizados como: Aúrea (Orea u Oria), Benito, Constantino, Domingo, Oengo, Pionio, Sofronio, Vicente y Vidiciano.

Salmo: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Lectura del santo evangelio según san Juan (4,43-54):

EN aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado:
«Un profeta no es estimado en su propia patria».
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.
Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.
Jesús le dijo:
«Si no veis signos y prodigios, no creéis».
El funcionario insiste:
«Señor, baja antes de que se muera mi niño».
Jesús le contesta:
«Anda, tu hijo vive».
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:
«Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».
El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea
.

Palabra del Señor

Santa Áurea (Orea u Oria) de San Millán. Nació en la Rioja, invadida por los moros, hija de santa Amunia. Se hizo monja y como eran tiempos de heroicidades. Había personas que no se contentaban con encerrarse en un monasterio. Querían todavía más rigidez. Se encerraban en celdas increíblemente pequeñas, donde a veces no cabían de pie, para no salir más. Sólo abrían un ventanillo que diera al altar. A veces acudían gentes a pedirles consejo. Pero normalmente su soledad era total, sólo interrumpida por la lucha con los demonios y por su trato con los ángeles. Las mujeres fueron las más generosas para esta prisión voluntaria. Se llamaba las emparedadas, y todavía queda el recuerdo de su heroísmo.

"Ovo grant alegría" cuando se le concedió, dice la copla. No se asustó Oria del estrecho emparedamiento. Todavía se contempla hoy y no sin cierto escalofrío. Los días y las noches se le pasaban rezando, leyendo las Sagradas Escrituras y vidas de Santos. Aconsejaba a los que acudían a ella. Hacía las hostias para la Misa, cosía casullas para la iglesia, rezaba los salmos cuando los monjes "et la su oración foradaba los cielos".

"Mas la bendita niña, del Criador amiga", tuvo grandes tentaciones del demonio. Domingo lo supo, se vino de Silos, la roció con agua bendita, dijo la Misa en el altar frontero, la confesó, le dio la Comunión y la bendita niña ya no tuvo más visitas de demonios, sino de ángeles y de Santos.

Después de tan austera reclusión Oria cayó enferma. La misma Señora de los cielos le avisó su muerte. (s. XI)

San Benito obispo de Milán (s. VIII)

San Constantino rey de Escocia, discípulo de san Columba y mártir (s. VI)

Santo Domingo Câm. En la ciudad de Hung Yên, en Tonquín, santo Domingo Câm, presbítero y mártir, que durante muchos años, a escondidas y con peligro de la vida, ejerció el ministerio, pero finalmente, abrazando la cruz del Señor que con firmeza había rechazado pisotear, fue degollado por mandato del emperador Tu Duc. (s. XIX)

San Oengo Cúldeo monje, que compuso el catálogo de los santos de Hibernia (Irlanda) (s. IX)

San Pionio presbítero y mártir en Esmirna, de quien narra la tradición que, por haber hecho una apología de la fe cristiana ante el pueblo, fue encarcelado, y allí, en prisión, con sus exhortaciones animó a muchos hermanos a soportar el martirio y, después de sufrir varios tormentos, por medio del fuego alcanzó la muerte por Cristo (s. III)

San Sofronio obispo de Jerusalén que tuvo como maestro y amigo a Juan Mosco, con quien visitó diversos lugares monásticos, siendo elegido a la muerte de Modesto para la sede de la Ciudad Santa, en la cual, cuando cayó en manos de los sarracenos, defendió valientemente la fe y la seguridad del pueblo. (s. VII)

San Vicente, abad del monasterio de San Claudio en Léon (s. VII)

San Vidiciano obispo de Cambrai y Arras, que, a raíz de la muerte de san Leodegario, invitó al rey Teodorico III a expiar su crimen con la penitencia (s. VIII)

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Santoral del 11 de marzo de 2024. Aúrea, Benito, Constantino, Domingo, Oengo, Pionio, Sofronio, Vicente y Vidiciano.

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11 de marzo. Mes dedicado a san José. Lunes de la 4ª semana de Cuaresma.

Hoy debemos felicitar a los bautizados como: Aúrea (Orea u Oria), Benito, Constantino, Domingo, Oengo, Pionio, Sofronio, Vicente y Vidiciano.

Salmo: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Lectura del santo evangelio según san Juan (4,43-54):

EN aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado:
«Un profeta no es estimado en su propia patria».
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.
Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.
Jesús le dijo:
«Si no veis signos y prodigios, no creéis».
El funcionario insiste:
«Señor, baja antes de que se muera mi niño».
Jesús le contesta:
«Anda, tu hijo vive».
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:
«Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».
El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea
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Palabra del Señor

Santa Áurea (Orea u Oria) de San Millán. Nació en la Rioja, invadida por los moros, hija de santa Amunia. Se hizo monja y como eran tiempos de heroicidades. Había personas que no se contentaban con encerrarse en un monasterio. Querían todavía más rigidez. Se encerraban en celdas increíblemente pequeñas, donde a veces no cabían de pie, para no salir más. Sólo abrían un ventanillo que diera al altar. A veces acudían gentes a pedirles consejo. Pero normalmente su soledad era total, sólo interrumpida por la lucha con los demonios y por su trato con los ángeles. Las mujeres fueron las más generosas para esta prisión voluntaria. Se llamaba las emparedadas, y todavía queda el recuerdo de su heroísmo.

"Ovo grant alegría" cuando se le concedió, dice la copla. No se asustó Oria del estrecho emparedamiento. Todavía se contempla hoy y no sin cierto escalofrío. Los días y las noches se le pasaban rezando, leyendo las Sagradas Escrituras y vidas de Santos. Aconsejaba a los que acudían a ella. Hacía las hostias para la Misa, cosía casullas para la iglesia, rezaba los salmos cuando los monjes "et la su oración foradaba los cielos".

"Mas la bendita niña, del Criador amiga", tuvo grandes tentaciones del demonio. Domingo lo supo, se vino de Silos, la roció con agua bendita, dijo la Misa en el altar frontero, la confesó, le dio la Comunión y la bendita niña ya no tuvo más visitas de demonios, sino de ángeles y de Santos.

Después de tan austera reclusión Oria cayó enferma. La misma Señora de los cielos le avisó su muerte. (s. XI)

San Benito obispo de Milán (s. VIII)

San Constantino rey de Escocia, discípulo de san Columba y mártir (s. VI)

Santo Domingo Câm. En la ciudad de Hung Yên, en Tonquín, santo Domingo Câm, presbítero y mártir, que durante muchos años, a escondidas y con peligro de la vida, ejerció el ministerio, pero finalmente, abrazando la cruz del Señor que con firmeza había rechazado pisotear, fue degollado por mandato del emperador Tu Duc. (s. XIX)

San Oengo Cúldeo monje, que compuso el catálogo de los santos de Hibernia (Irlanda) (s. IX)

San Pionio presbítero y mártir en Esmirna, de quien narra la tradición que, por haber hecho una apología de la fe cristiana ante el pueblo, fue encarcelado, y allí, en prisión, con sus exhortaciones animó a muchos hermanos a soportar el martirio y, después de sufrir varios tormentos, por medio del fuego alcanzó la muerte por Cristo (s. III)

San Sofronio obispo de Jerusalén que tuvo como maestro y amigo a Juan Mosco, con quien visitó diversos lugares monásticos, siendo elegido a la muerte de Modesto para la sede de la Ciudad Santa, en la cual, cuando cayó en manos de los sarracenos, defendió valientemente la fe y la seguridad del pueblo. (s. VII)

San Vicente, abad del monasterio de San Claudio en Léon (s. VII)

San Vidiciano obispo de Cambrai y Arras, que, a raíz de la muerte de san Leodegario, invitó al rey Teodorico III a expiar su crimen con la penitencia (s. VIII)

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