12 de abril. II Domingo de Pascua o de la Divina MisericordiaSábado de la V Semana de Cuaresma.
El Domingo de la Divina Misericordia es una celebración de la Iglesia católica que se realiza el segundo domingo de Pascua. Fue instituida oficialmente por el papa Juan Pablo II en el año 2000.
Su origen está en las revelaciones privadas que recibió la monja polaca Faustina Kowalska en la década de 1930. En ellas, se enfatiza la misericordia infinita de Dios y la invitación a confiar en Él.
Según el Diario de Faustina Kowalska, las promesas atribuidas a Cristo para quienes vivan correctamente el Domingo de la Divina Misericordia son muy concretas y teológicamente profundas.
Jesús prometió que en este día quien:
- se confiese (con arrepentimiento sincero),
- reciba la Comunión,
- y confíe en su misericordia,
obtiene una gracia excepcional:
“El alma que se confiese y reciba la Sagrada Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas.”
Esto se entiende como una gracia similar a un bautismo espiritual renovado, es decir:
- perdón completo de los pecados (culpas),
- y remisión de las penas temporales.
Sobre la Coronilla de la Divina Misericordia
Respecto a la Coronilla, también transmitida a Faustina Kowalska, se asocian otras promesas:
- Quien la rece recibirá gran misericordia, especialmente a la hora de la muerte.
- Jesús promete asistir con su gracia a quienes confían en Él.
- También se afirma que puede obtenerse misericordia para otras personas (intercesión).
Condición clave (muy importante)
No es algo “automático”. La Iglesia subraya que debe haber:
- confesión válida (con arrepentimiento real),
- estado de gracia al comulgar,
- confianza sincera en Dios,
- y voluntad de practicar la misericordia con los demás.
Hoy celebran su onomástica los que tienen por nombre: Julio, Alferio, Basilio, Damián, David, Erkembodone, José, Sabas, Sofía, Visia y Zenón.
Salmo
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-31):
AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en
medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Palabra del Señor
San Julio I papa, quien, frente a los ataques de los arrianos, custodió valientemente la fe del Concilio de Nicea, defendió a san Atanasio, perseguido y exiliado, y reunió el Concilio de Sardica.
San Alferio fundador y primer abad del monasterio de Cava, en la Campania, quien, después de ser consejero de Guaimario, duque de Salerno, se hizo discípulo de san Odilón en Cluny y se distinguió en la observancia de la vida monástica. (s. XI)
San Basilio de Pario obispo, que, por defender el culto de las sagradas imágenes, padeció azotes, cadenas y exilio. (s. VIII)
San Constantino obispo, cerca de Gap, en la Galia.
San Damián de Pavía obispo, cuya carta sobre la recta fe, referente a la voluntad y al obrar de Cristo, fue leída en el Tercer Concilio de Constantinopla. (s. VII)
San David Uribe presbítero y mártir. En la aldea de San José, del territorio Chilpancingo, en México, en la revolución Cristera. (s. XX)
San Erkembodone abad de Sithiu y, a la vez, obispo de Thérouanne. (s. VIII)
San José Moscati médico napolitano, entregado totalmente a la cotidiana e incansable asistencia a los enfermos sin reclamar a los pobres paga alguna, y, atendiendo a los cuerpos, curaba a la vez las almas con gran amor. (s. XX)
San Sabas Godo, mártir, que durante la persecución contra los cristianos bajo Atanarico, rey de los godos, por haber rechazado tres días después de la celebración de la Pascua los alimentos inmolados a los ídolos, tras crueles tormentos fue arrojado a un río. (s. IV)
Santas Visia y Sofía de Fermo, vírgenes y mártires.
San Zenón de Verona obispo, que con su trabajo y predicación llevó a la ciudad hasta el bautismo de Cristo (s. IV)




























