15 de julio. Mes dedicado a la devoción a la Preciosísima Sangre de Cristo. Martes de la XV Semana del Tiempo Ordinario
Felicidades a los que se llaman Buenaventura, Abudemio, Andrés, Ansuero, Atanasio, Catulino, David, Felipe, Félix, Gumberto, Jacobo, José, Pedro, Plequelmo, Pompilio y Vladimiro.
Salmo
Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,20-24):
En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.»
Palabra del Señor
San Buenaventura, obispo de Albano y doctor de la Iglesia, celebérrimo por su doctrina, por la santidad de su vida y por las preclaras obras que realizó en favor de la Iglesia. Como ministro general rigió con gran prudencia la Orden de los Hermanos Menores, siendo siempre fiel al espíritu de san Francisco y en sus numerosos escritos unió suma erudición y piedad ardiente. Cuando estaba prestando un gran servicio al II Concilio Ecuménico de Lyon, mereció pasar a la visión beatífica de Dios. (s. XIII).
San Abudemio de Ténedo, mártir (s. IV)
San Andrés Nguyên Kim Thông Nam, mártir en Cochinchina (sudeste asiático), el cual, en tiempo del emperador Tu Duc, por ser catequista fue primero encarcelado y después desterrado, obligándole a caminar hacia el destierro encadenado y cargado con un madero, por lo que murió en el camino como auténtico mártir. (s. XIX).
San Ansuero y compañeros, abad y mártir, lapidado con otros veintiocho monjes por los paganos de Wendes, sublevados contra quienes predicaban el Evangelio. (s. XI).
San Atanasio de Nápoles, obispo, a quien las insidias de su impío sobrino Sergio hicieron sufrir mucho, hasta verse incluso expulsado de su sede episcopal. Sumido en la miseria, voló al cielo en Véroli, país de los hérnicos. (s. IX).
San Catulino y compañeros, diácono y mártir, alabado por san Agustín en un sermón al pueblo, y demás santos mártires que descansan en la basílica de Fausto. (s. IV).
San David de Suecia, obispo, que, originario de Inglaterra, abrazada la vida monástica como monje cluniacense fue a predicar la fe cristiana a los suecos, y descansó piadosamente, ya anciano, en el monasterio que él mismo había fundado (s. XI).
San Felipe de Alejandría y diez niños mártires. (s. IV).
San Félix, obispo de Tibiuca y mártir, que a la orden del procurador Magniliano para que arrojase al fuego los libros de la Sagrada Escritura, respondió que prefería ser abrasado él antes que quemarlos, por lo que el procurador Anulino mandó que le atravesaran con una espada. (s. IV).
San Gumberto de Ansbach, abad, que fundó este monasterio en una casa de campo de su propiedad (s. VIII).
San Jacobo de Nísibe, primer obispo de esta ciudad, que intervino en el Concilio de Nicea y dirigió su rebaño en paz, alimentándolo espiritualmente y defendiéndolo con energía de los enemigos de la fe. (s. IV).
San José de Tesalónica, hermano de san Teodoro Estudita, que durante su vida de monje compuso muchos himnos y, promovido al episcopado, tuvo que sufrir pronto muchos y crueles tormentos, pues se vio precisado a defender la disciplina eclesiástica y las sagradas imágenes. Relegado a Tesalia, murió de hambre. (s. IX).
San Pedro Nguyên Bá Tuân, presbítero y mártir, que, encarcelado por ser cristiano en tiempo del emperador Minh Mang, murió de hambre en prisión. (s. XIX).
San Plequelmo de Roermond, obispo, oriundo de Nortumbria, que dedicó su vida a dar a conocer a muchos las riquezas de la fe en Cristo (s. VIII).
San Pompilio Maria Pirrotti, sacerdote, religioso de la Orden de Clérigos Regulares de las Escuelas Pías, predicador popular. (s. XVIII).
San Vladimiro Basilio, príncipe, bautizado con el nombre de Basilio, que se preocupó de propagar la fe ortodoxa en los pueblos que gobernaba. (s. XI).



























