16 de agosto. Mes dedicado a la devoción al Inmaculado Corazón de María. Sábado de la XIX Semana del Tiempo Ordinario.
Felicidades a los que se llaman Roque, Armagilo, Beatriz, Esteban, Frambaldo, Rosa, Serena y Teodoro.
Salmo
Tú, Señor, eres el lote de mi heredad
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (19,13-15):
En aquel tiempo, le acercaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos los regañaban. Jesús dijo: «Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos.» Les impuso las manos y se marchó de allí.
Palabra del Señor
San Roque. En la Lombardía, san Roque, que, nacido en Montpellier, del Languedoc, en la actual Francia, adquirió fama de santidad peregrinando piadosamente y curando por toda Italia a los afectados de peste (s. XIV). En este momento este santo nos vendría bien ya que se pide su intercesión en casos de epidemias.
San Armagilo eremita en la Bretaña menor. (s. VI).
San Arsacio de Nicomedia, que, en tiempo del emperador Licinio, dio testimonio de su fe en Cristo y, apartándose del ejército, llevó vida solitaria en Nicomedia. Finalmente, vaticinando la futura destrucción de la ciudad, entregó su espíritu a Dios mientras oraba (s. IV).
Santa Beatriz da Silva Meneses, virgen, que fue dama noble de corte de la reina Isabel, pero, después, prefiriendo una vida de mayor perfección, se retiró a las religiosas de la Orden de Santo Domingo durante muchos años y fundó, finalmente, una nueva Orden con el título de Orden de la Concepción de la Bienaventurada Virgen María. (s. XV).
San Esteban rey de Hungría, que, regenerado por el bautismo y habiendo recibido la corona real de manos del papa Silvestre II, veló por la propagación de la fe de Cristo entre los húngaros y puso en orden la Iglesia en su reino, dotándola de bienes y monasterios. Justo y pacífico en el gobierno de sus súbditos, murió en Alba Real (Székesfehérvár), en Hungría, el día de la Asunción, entrando su alma en el cielo. (s. XI).
San Frambaldo de Le Mans, monje, que pasó su vida ya en la soledad, ya viviendo en monasterios (s. VII).
Santa Rosa Fan Hui, virgen y mártir en China, que, durante la persecución desencadenada por los seguidores de la secta «Yihetuan», fue arrojada a un río recubierta de heridas, todavía con vida. (s. XX).
Santa Serena de Roma, emperatriz, mujer del emperador Diocleciano. Convertida y bautizada por San Ciriaco, practicó la religión católica en el palacio del emperador y salvó las vidas de muchos cristianos, interponiendo su valimiento ante aquel monstruo de crueldad. (s. IV).
San Teodoro de Sión, primer obispo de aquella ciudad, que, siguiendo el ejemplo de san Ambrosio, defendió la fe católica contra los arrianos y veneró con magnificencia las reliquias de los mártires de Agauno (s. IV).




